Mujeres y niñas ante las migraciones climáticas

En noviembre se publicó un artículo en el que más de 11.000 científicas y científicos de todo el planeta declararon, clara e inequívocamente, que nos estamos enfrentando a una emergencia climática. Sus impactos son perceptibles en todos los rincones del planeta, pero no todas las personas los sufrimos de igual manera. El cambio climático, que actúa como multiplicador de las desigualdades, tiene peores repercusiones para las personas en mayor situación de vulnerabilidad.

Una de sus consecuencias, cada vez más reconocida, está relacionada con la movilidad humana. Tanto los fenómenos de degradación lenta (la elevación del nivel del mar y las sequías) como los de rápida aparición (los huracanes o las inundaciones) hacen que muchas personas tengan que abandonar sus hogares. Las migraciones climáticas son un fenómeno complejo y heterogéneo: pueden ser internas (en su mayoría) o internacionales, circulares, temporales o permanentes e individuales o colectivas. Hay ejemplos en todos los continentes, desde Alaska (Shishmareff, Newtok, Kivalina) hasta los pequeños estados insulares de escasa elevación (Tuvalu, Kiribati, Fiji).

En este sentido, la percepción de los riesgos, la decisión de migrar o no ante condiciones climáticas cambiantes, incluso el destino, son diferentes dependiendo del género. Las mujeres y las niñas, que vienen sufriendo distintas formas de discriminación a lo largo de la historia, en la mayoría de las sociedades y durante todas las etapas de la vida, reciben también los impactos climáticos y viven las migraciones de manera diferente. Es lo que se analiza en el informe recientemente publicado por Ecodes titulado ‘Perspectiva de género en las migraciones climáticas’. Ante un campo de estudio escasamente explorado hasta el momento, su objetivo es profundizar en los desafíos específicos que suponen las migraciones climáticas para las mujeres y las niñas, por encontrarse especialmente afectadas.

[En colaboración con Red Eléctrica de España]

En línea con lo anterior, los roles tradicionales asignados a las mujeres y niñas, en gran parte relacionados con los cuidados, hacen que los impactos del cambio climático sean distintos para ellas. Por ejemplo, en ciertas regiones del planeta algunas actividades esenciales para sobrevivir a ciertos desastres, como nadar y trepar a los árboles, sólo están bien vistas, por lo general, entre los niños. Asimismo, el trabajo doméstico se suele incrementar después de un desastre, lo que supone una mayor carga para las mujeres.

Si bien algunas consecuencias de las sequías, por ejemplo, son claras, como que las mujeres y las niñas tienen que recorrer mayores distancias para recoger agua, hay otras mucho más invisibilizadas. Siguiendo con este ejemplo, hemos de tener en cuenta que el hecho de dedicar más tiempo a recoger agua trae consigo otros efectos, como un reducido acceso a la educación, afectaciones físicas y psicológicas y una limitación para poder conseguir otras fuentes de ingresos. Además, el menor acceso a la información, la exclusión en los procesos en toma de decisiones, un reducido acceso a las ayudas y créditos post-desastres y las limitaciones en la titularidad de la tierra son dificultades a las que se enfrentan las mujeres a la hora de intentar hacer frente a los impactos del cambio climático.

A todo esto se suman las diferentes violencias machistas, a menudo exarcerbadas en contextos de crisis. Se han documentado varios casos en los que se ha percibido un incremento de la violencia física y psicológica contra las mujeres y niñas, el aumento del matrimonio infantil e incluso de la mutilación genital femenina como respuesta indirecta a unas condiciones climáticas cada vez más inhóspitas.

Las migrantes climáticas han de hacer frente a todas estas limitaciones, en las que se entrecruzan discriminaciones por ser mujeres, a menudo en situación de pobreza, racializadas y, finalmente, por ser migrantes. Cuando las mujeres migran, el trabajo que ellas realizaban a menudo lo llevan a cabo otras mujeres de la familia, mientras que si son ellos los que se trasladan, las mujeres se enfrentan a una mayor carga de trabajo, que afecta a su salud y a su bienestar. La Organización Internacional para las Migraciones recoge en su último informe (en el capítulo dedicado a las migraciones y el cambio ambiental) que las mujeres son más vulnerables que los hombres en todas las fases de los traslados y que pueden sufrir consecuencias en los ámbitos de la seguridad, las necesidades psicológicas y el acceso a los servicios y a los derechos de propiedad.

Asimismo, cuando un huracán hace que una población tenga que refugiarse en un campo provisional, las mujeres con frecuencia se encuentran en lugares en los que no se suele tener en cuenta el derecho a la privacidad o la importancia de contar con baños accesibles o productos sanitarios, así como las necesidades específicas durante el embarazo, el periodo de lactancia o durante los ciclos menstruales. También se enfrentan a daños psicológicos y a un grave riesgo de violaciones y agresiones sexuales. Las migrantes climáticas son asiduamente víctimas de la trata y del tráfico de personas y, durante el proceso migratorio, sufren lamentables situaciones de precariedad laboral, racismo y xenofobia.

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En definitiva, como se recoge en el informe de Ecodes, “las mujeres y niñas sufren de manera diferenciada los impactos del cambio climático en general y de las migraciones climáticas en específico. Las lógicas de género con frecuencia las relegan a un segundo plano a la hora de tomar decisiones y de recibir beneficios, pero les otorgan un papel protagonista como responsables de los cuidados y receptoras de las cargas y de las peores consecuencias. Ésta es una triste realidad que se ha de continuar visibilizando”.

A pesar de todo lo anterior, es importante no concebir a las mujeres y a las niñas como vulnerables por naturaleza o como sujetos sin capacidad de resiliencia o decisión. Su papel como lideresas y activistas en contextos de crisis, defendiendo la tierra y en las estrategias de adaptación al cambio climático es esencial.

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