No dejas de ser pobre si ganas más de 1,90 dólares al día

736 millones de personas en el mundo viven bajo el umbral de la pobreza extrema. Ésta era la cifra estimada de pobreza global declarada oficialmente en 2015 por el Banco Mundial. Sin embargo, el 20 de septiembre, Naciones Unidas y la Universidad de Oxford subieron la cifra de pobreza, en este caso multidimensional,  a 1.300 millones. El pasado día 17 de octubre, con motivo del Día Internacional de la Erradicación de la Pobreza, el Banco Mundial publicaba que 2.100 millones de personas eran pobres en relación a sus respectivas sociedades y 3.400 millones tienen dificultades para satisfacer sus necesidades básicas. ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Cómo están cambiando las mediciones de la pobreza a nivel global? ¿Para qué sirve una medición u otra?

En 1990, un grupo de investigadores en el Banco Mundial liderados por Martin Ravallion establecieron una línea de ingreso que permitía clasificar a aquellas personas con un ingreso menor como extremadamente pobres. En ese momento se fijó en aproximadamente un dólar diario por persona. De cara a hacerla internacionalmente comparable, se consideró siempre la paridad del poder adquisitivo (es decir, lo que ese dólar puede comprar en precios locales). Dicha línea de pobreza internacional ha sido revisada diversas veces hasta que, en 2011, se ajustó a 1,9 dólares diarios.

[Recibe diariamente los análisis de más actualidad en tu correo electrónico o en tu teléfono a través de nuestro canal de Telegram]

Según este baremo, la reducción de la pobreza fue uno de los grandes éxitos aclamados en los Objetivos de Desarrollo del Milenio. La pobreza extrema se había reducido del 36% al 10% de la población, desde 1990 hasta 2015, a pesar de que en los últimos tres años la tasa de reducción se había desacelerado considerablemente, llegando a concluir que el número de personas viviendo por debajo de los 1,90 dólares diarios era de 736 millones en 2015. De esa cifra, más del 85% de la población por debajo del umbral de pobreza absoluta vive en el África subsahariana y Asia Meridional.

Fuente: Banco Mundial, PovcalNet. Nota: Ajustado en términos de paridad de poder adquisitivo

Aunque la línea internacional de pobreza ha ido actualizándose en consonancia con la inflación, ésta representa únicamente el estándar necesario para cubrir las necesidades básicas en países de ingresos bajos. Es por ello que el Banco Mundial, en su último informe bianual de pobreza y prosperidad recién presentado, actualiza las mediciones. Por un lado, la línea de pobreza social, la cual se adapta a los países en términos de su desarrollo, combinando el valor fijo de la pobreza extrema con una dimensión relativa del bienestar que difiere de un país a otro dependiendo del nivel medio de consumo. Por ejemplo, para acceder al mercado de trabajo u otras necesidades básicas, una persona necesita mayores recursos económicos en unos países que en otros. Según este modelo, 2.100 millones de personas son pobres en relación a sus sociedades. Por otro lado, se ajustan las mediciones según el ingreso de los países. Además de los 1,9 dólares diarios para países con bajos ingresos, el Banco Mundial establece un mínimo de 3,2 dólares para países de ingreso mediano-bajo y de 5,5 dólares para países de ingreso mediano-alto. De ahí sale que 3.400 millones de personas, casi la mitad de la población mundial, viven por debajo de esas cantidades y, por tanto, tienen grandes dificultades para satisfacer sus necesidades básicas.

Fuente: ‘La pobreza y la prosperidad compartida 2018: Armando el rompecabezas de la pobreza’, Banco Mundial

Conocer la distribución del ingreso, bien sea a nivel global o en cualquier territorio, es un aspecto fundamental. Primero, para determinar el grado de cohesión social y, segundo, para poder concentrar los esfuerzos en aquellas personas extremadamente pobres. También a nivel político es muy importante, ya que la lucha contra la pobreza debiera ser uno de los objetivos de cualquier Gobierno.

Uno de los problemas del establecimiento de estos umbrales es que el ligero cambio de unos céntimos de euro o centavos de dólar puede permitir que grandes poblaciones entren o salgan de la pobreza sin que su situación haya cambiado fundamentalmente. En México en 2015, un cambio en la medición oficial de ingresos supuso que 10 millones de personas dejaran de ser oficialmente pobres. En España, y según el informe Arope 2017, en el año 2009 se consideraba pobre a todas aquellas personas que vivían en hogares cuyos ingresos eran inferiores a 739,7 euros por unidad de consumo, mientras que en 2017 sólo se tomaron en consideración aquellos con ingresos inferiores a 684 euros. Por tanto, todas aquellas personas cuyos ingresos estaban entre 684 y 739 euros mensuales dejaron técnicamente de ser pobres sin haber experimentado mejora alguna en sus condiciones de renta.

Otro de los retos de esta determinación de la pobreza es la unidimensionalidad de la misma, al considerar únicamente el ingreso (o costo de comprar una canasta de bienes y servicios) que permite a las personas satisfacer sus necesidades básicas. Para muchas personas y organizaciones, la pobreza depende de varias dimensiones. Amayrta Sen, Nobel de Economía en 1998, fue uno de los primeros en argumentar que el desarrollo de las personas dependía de la ampliación de sus “capacidades”, de modo que cada individuo, dependiendo de sus características y circunstancias personales, pueda disponer de la “libertad y capacidad” suficientes para satisfacer sus necesidades básicas, como pueden ser la educación, la salud, la justicia, el acceso al mercado de trabajo o la participación democrática. De esta manera, el ingreso deja de ser el fin en sí mismo y pasa a ser un instrumento para aumentar dichas capacidades. Siguiendo esta idea, en 1990 el programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo publicó el Índice de Desarrollo Humano que incluía, además del ingreso, indicadores para medir otras dimensiones fundamentales del desarrollo humano, como tener una vida larga y saludable y poder adquirir conocimientos para tener una vida digna.

El pasado 20 de septiembre, Naciones Unidas dio un paso más en esta dirección y adoptó el Índice de la Pobreza Multidimensional (MPI) creado por la iniciativa para el desarrollo humano y contra la pobreza (OPHI) de la Universidad de Oxford. El MPI calcula la pobreza considerando 10 indicadores que miden las carencias que pueden sufrir las personas valorando tres dimensiones clave: la salud, la educación y los estándares de vida (agua potable, saneamiento, nutrición…). Para los 104 países estudiados, 1.300 millones de personas son ‘multidimensionalmente‘ pobres. El 83% de estas personas se concentra en África subsahariana y en el sur de Asia. Se desvelan datos muy preocupantes, como que la mitad de los niños que habitan en los países estudiados son multidimensionalmente pobres (en Níger o Sudán del Sur, llega al 90%).

Fuente: Iniciativa para el desarrollo humano y contra la pobreza (OPHI) de la Universidad de Oxford.

Para Naciones Unidas y otras organizaciones, aunque la metodología añade cierta complejidad al entendimiento de la pobreza, esta desagregación es fundamental para analizar las diferentes carencias y conseguir que ningún niño se quede atrás. El Banco Mundial también ha comenzado a incluir el acceso a la educación y los servicios públicos (electricidad, agua y saneamiento) en su último informe de medición de la pobreza ha desarrollado el Human Capital Project, enfocado en medir el capital humano y las inversiones en salud y educación con objeto, además, de mejorar la productividad.

Fuente: ‘La pobreza y la prosperidad compartida 2018: Armando el rompecabezas de la pobreza’, Banco Mundial.

Este desarrollo más completo de las mediciones de la pobreza responde también a la demanda de los Objetivos del Desarrollo Sostenible, cuyo primer objetivo enfatiza la importancia de un enfoque multidimensional que permita acabar con la pobreza en todas sus formas. Sin embargo, se corre el riesgo de que las diferentes cifras originadas por cada una de las mediciones generen confusión y, como consecuencia, desconfianza en los datos. Es por ello fundamental que la sociedad y la opinión pública entiendan correctamente cada uno de los índices, de cara a comprender la urgencia y la gravedad que conllevan la alta tasa de pobreza infantil a nivel global, la concentración de la pobreza extrema en el África subsahariana o la conexión de factores entre la pobreza y la desigualdad.

 

Autoría

Patrocinado por:

Dejar un comentario

X

Uso de cookies

Esta página utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle información relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.