No desperdiciemos esta enorme oportunidad

El momento actual está conectado con aquél en que el vicepresidente Frans Timmermans habló en la COP-25 en Madrid, en diciembre del 2019, del Pacto Verde de la Unión Europea. Pero a la vez es distinto. Entre hoy y aquel ayer se interpone la Covid-19, que todavía está con nosotros. Esta letal pandemia ha cambiado muchas cosas y ha hecho que el momento actual sea todavía más complejo.

Seguimos en la emergencia climática que inspiraba el Pacto Verde, pero ahora se ha añadido una muy grave crisis sanitaria, que no acaba nunca, una gravísima crisis económica mundial y, por tanto, una dificilísima crisis social. Estamos, pues, ante cuatro crisis que se suman y ante las cuales estamos obligados a dar una única salida convergente, que dé respuesta a la vez a estos desafíos.

Para responder a ellos, los jefes de Estado y de Gobierno de la UE acordaron la creación del fondo Next Generation como una respuesta convergente, conectada con el Pacto Verde pero respondiendo también a estas crisis sobrevenidas. ¿Cómo aprovechar este enorme, histórico e inaudito fondo con deuda mutualizada?

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Hay ocho grandes temas clave para aprovechar esta oportunidad:

  1. Tenemos que lograr multiplicarlo. Y lo digo en varios sentidos. Multiplicarlo porque atienda a las cuatro crisis a la vez y multiplicarlo porque logremos doblar la inversión pública, propiciando una inversión privada adicional. Nuestra fundación, por ejemplo, presentó una propuesta de rehabilitación 500.000 viviendas en España que posibilitaría la reducción de las emisiones en 742.000 toneladas de CO2, la generación de 300.000 empleos y, además, se lograría multiplicar por tres una aportación pública de 5.000 millones de euros.
  2. Tenemos que promover la mayor redistribución social posible. No es lo mismo instalar 8.600 megawatios en 350.000 tejados solares (en viviendas, empresas, edificios públicos…) que hacerlo en ocho grandes centrales fotovoltaicas. La repercusión social en el primer caso es mucho mayor.
  3. Tenemos que promover la mayor redistribución territorial posible. Debemos evitar que se profundice la brecha entre las grandes ciudades y la Europa rural. El Brexit, la movilización de los chalecos amarillos o la fractura territorial entre los electores de EE.UU. nos enseñan que hay muchas probabilidades de que esa brecha se agrande. El Fondo Next Generation debe servir para integrar territorios en un proyecto común.
  4. Tenemos que reforzar la industria europea. La escena de Europa mendigando mascarillas o respiradores, como vimos en las primeras semanas del confinamiento, no debe repetirse. Por esa razón, las inversiones que se realicen deber ser útiles en sí mismas, pero también benéficas para fomentar la industria europea, es decir, el empleo europeo.
  5. Tenemos que construir, desde ya, un ecosistema de ingresos financieros coherentes. Las deudas habrá que pagarlas, y una vez acabada esa inyección excepcional del Fondo de Recuperación, habrá que allegar ingresos para continuar. Instalar una tasa de carbono para las emisiones difusas, movilizar las finanzas sostenibles provenientes del sector privado y mejorar los mecanismos de una fiscalidad verde son algunas de las cosas que hay que hacer.
  6. Tenemos que mezclar lo digital y la recuperación verde. No sólo yuxtaponer ambas políticas, también cabe crear sinergias entre ellas.
  7. Tenemos que establecer una condicionalidad ambiental/social a las ayudas. Hay que establecer un trueque con el sector privado. Entre todos los contribuyentes ayudamos a las empresas, pero éstas ayudan a construir el programa común de la humanidad: los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y el Acuerdo de París.
  8. El Fondo Next Generation implica que las inversiones deben ayudar a la vida buena de la generación siguiente. Esa generación va a pagar una gran parte de la deuda que se genere. Por tanto, es de justicia que los programas que se implementen sean beneficiosos para ella.

[Escuche el ‘podcast’ de ‘Green Deal. La oportunidad de Europa’: El Green Deal, ese gran creador de empleos y negocios]

El plan de recuperación, transformación y resiliencia es un gran desafío para Europa. Es muy improbable que un plan de estas dimensiones se repita. De alguna manera, podríamos decir que sólo tenemos una oportunidad; enorme, pero sólo una. Por tanto, es muy importante que los actores institucionales, económicos y sociales clave se pongan en estado de alarma para dar lo mejor de sí mismos. No es fácil hacerlo rápido y hacerlo bien. Europa es la suma de muchos países, con diferencias notables entre ellos. Por eso, hay que tener claros cuáles son los factores de éxito, pero también hay que tener identificados los riesgos. En mi opinión, al menos, existen los siete siguientes:

  1. Falta de eficacia y eficiencia de las Administraciones Públicas (AA.PP.) por las que va a circular una cantidad ingente de recursos. Si los qués son los adecuados, pero los cómos no están bien resueltos, los fondos no se ejecutaran con la rapidez debida. No se da la misma situación en los distintos países, pero en no pocos de ellos, las AA.PP. están mermadas de recursos y son poco eficientes.
  2. Falta de mecanismos eficaces de coordinación entre los distintos niveles de la Administración. Hay varios niveles administrativos con distintas competencias. Si actúan de forma coordinada, todo irá bien, pero si lo hacen con criterios de resta y no de suma, se generarán muchas ineficiencias.
  3. Falta de consenso político básico. No soplan buenos vientos para la concordia política, el diálogo y la construcción de consensos. En todas las geografías prima el enfrentamiento y la crispación. Si la gestión de este fondo no se logra aislar de ese clima de crispación general, el mensaje que se lanzará a la población será de división.
  4. Falta de plataformas y alianzas público -privadas para la implementación de los programas de inversión. Éstos, y las reformas a ellos vinculados, exigen cambios legislativos, tecnológicos y culturales. Se necesita también mucha ciencia e innovación. Eso quiere decir que hay que implicar a las autoridades públicas, a las empresas, a las entidades sociales y a las instituciones científicas y educativas.
  5. Falta de evaluaciones de impacto antes y después de las intervenciones. Las cantidades a invertir son enormes y es necesario asegurar que se dedican, sobre todo, a crear una economía más robusta, neutra en carbono, más justa y responsable.
  6. Hay que evitar que, empujados por el cortoplacismo, las inversiones apuntalen la economía del ayer, la economía que se cae. Es necesario que las inversiones sean transformadoras, aceleren la transición a la economía del mañana y no sean una mera muleta de la economía del ayer para prolongar su agonía.
  7. Hay que resistir la inercia de interpretar que donde dice inversión, quiere decir más cemento. En ocasiones, nos hemos endeudado para pagar obras innecesarias. No debe volver a ocurrir.

El Fondo Next Generation es histórico y único. La cuatro crisis entrelazadas que estamos viviendo también lo son. Por eso, Europa debe conjurarse para no desaprovechar esta enorme oportunidad. Todos tenemos una cuota parte de responsabilidad. Es el momento.

(Este análisis forma parte del proyecto ‘Green Deal. La oportunidad de Europa’, producido por Funcas y Agenda Pública con el apoyo de ‘Hablamos de Europa’)

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