No, la UE no es «el Salvaje Oeste»

Juncker lo tiene claro. En su discurso del estado de la Unión de 2016 nos ha recordado que la UE es una economía social de mercado, no “el Salvaje Oeste”, y que está para preservar el modo de vida europeo. En esta comunidad hay valores, ha subrayado también. La solidaridad –incluso ha contado las veces que aparece esta palabra en los Tratados: 16- “es el elemento aglutinante que mantiene unida nuestra Unión”. Así es. Pero también que en la ´urbanización Europa´ los dueños de las fincas están dejando poco margen al presidente, quien este año ante la Asamblea no ha podido más que comprometer un aumento de la vigencia y la capacidad financiera de su Plan de Inversiones (de 315.000 millones a 500.000 hasta 2020) y la creación de un “Cuerpo Europeo de Solidaridad” para facilitar el voluntariado transnacional de los jóvenes.

Dos días más tarde, se han reunido en Bratislava los Jefes de Estado y de Gobierno, quienes nos han confirmado, por su parte, que la baja británica preocupa más bien poco, e indicado que agendemos la celebración del 60 aniversario de la UE en Roma el marzo próximo. Será en primavera, o al final del verano, tras los comicios en Alemania y Francia, cuando empiecen a hablar del futuro de Europa. Mientras tanto, en la comunidad se ocuparán de controlar mejor las fronteras exteriores y de temas de seguridad.

Finalmente, hemos observado los quebraderos de cabeza de los vecinos que han decidido marcharse, pero preferirían no tener que oír que no podrán seguir haciendo uso de las instalaciones comunes, perderán sus derechos, y aun así están obligados a cursar la solicitud de baja conforme a las normas de la comunidad que por ahora continúan primando también en su finca. Lo acaba de recordar su Cámara de Lores: no se puede salir de la Unión si no es invocando el art. 50 TUE, de conformidad con la Constitución del país, y este precepto pone en marcha un contador de dos años que deja al Reino Unido en una pésima posición negociadora. Para los Lores “sería constitucionalmente inapropiado que el Ejecutivo actuase en base a un referendo consultivo, particularmente uno con consecuencias tan significativas a largo plazo, sin la aprobación explícita del Parlamento”. De hecho, consideran imprescindible el consentimiento de las dos Cámaras para invocar el art. 50 TUE, su participación en el proceso de negociación que a continuación se abriría, y la aprobación parlamentaria de los términos finales del acuerdo de salida (si lo hubiese en el plazo de dos años). Recordemos que el Reino Unido no tiene Constitución escrita. Su máxima expresión formalizada son los Parliamentary Acts, acuerdos del Parlamento adoptados por mayoría y dotados de forma consuetudinaria de un rango normativo superior. La salida de la UE para los ciudadanos británicos significaría la pérdida de los derechos recogidos en la  European Communities Act de 1972 y la European Parliamentary Elections Act de 2002.

En resumen, se inicia el curso político en Bruselas y los ciudadanos también debemos hacer balance del estado de la Unión. Los del fondo de la urbanización, quienes pagaban cuota pero nunca tuvieron claro si su casa quedaba dentro o fuera, quieren desvincularse, aunque se resisten a admitir que dejarán de acceder a las piscinas. Las reformas necesarias en los espacios comunes se retrasan a después de las elecciones de primavera y verano en las fincas francesa y germana, con disgusto de algunos, por ejemplo, en villa Italia. El presidente de la comunidad cada vez se parece más a un abuelo Cebolleta y menos al guardián de los intereses comunes de la propiedad en la que tantos otros desearían vivir. La salida del Reino Unido será un proceso largo e incierto, con grandes consecuencias para toda una generación de británicos, y en nuestras manos está evitar que no sea el principio de algo más grave. 

Juncker ha confesado en el Parlamento Europeo que tiene la impresión de que muchos parecen haber olvidado qué significa ser europeo. No le falta razón, pero esa reflexión es propia de un café entre usted y yo, no del Presidente de la Comisión Europea ante su Asamblea en ausencia de asunción de responsabilidad alguna y una batería de medidas acorde a la entidad del problema. Los británicos son como son, pero el día 23 de junio sencillamente han reaccionado como demócratas a la falta de control sobre el proceso político provocada por el desplazamiento de su izquierda hacia posiciones económicas más liberales y el abandono de los valores tradicionales por parte de su derecha de toda la vida. La realidad es que, debido al comportamiento de los partidos mainstream en los Estados, las particularidades de la toma de decisiones a nivel europeo (supermayorías en el Consejo de la UE y el Parlamento Europeo) y el sesgo ideológico de algunas políticas macroeconómicas de la Unión, en general los ciudadanos europeos con preferencias distintas a las social-liberales han estado sub-representados. En septiembre de 2016, corregir esta situación debería ser la gran prioridad en la agenda de la UE, a escala supranacional y de forma explícita.

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