Permisos igualitarios en la agenda política feminista

El Real Decreto Ley 6/2019 establece un calendario para llegar a los permisos iguales, intransferibles y pagados al 100% en 2021, y toda la sociedad lo celebra. Lo que nos decían que era “pedir la luna” cuando desde la PPIINA empezamos a reivindicar este cambio en 2005, ahora nos parece lo normal. Más aún, se multiplican las quejas de los padres que, por unos días, se han quedado sin esa extensión del derecho a 8 semanas que sí disfrutarán los de las criaturas nacidas a partir del 1 de abril.

Es muy interesante, y muy reconfortante, comprobar que todos los partidos sin excepción aceptan este paso como necesario. Hasta el PP, que ha recurrido el RDL ante el Tribunal Constitucional, se ocupa de aclarar que está a favor del contenido y que sus objeciones son únicamente procedimentales. La acusación de electoralista, paradójicamente, es la que más honra a esta medida; es un rotundo reconocimiento de su popularidad y de su necesidad.


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De la noche a la mañana, se ha generalizado una constatación elemental: si queremos cuidar en igualdad, los padres tienen que poder quedarse al cargo de sus bebés durante el mismo tiempo que las madres. ¿Cómo podrían, si no, pasar de ayudantes a corresponsables?

Hemos asumido también que tenemos que mirar conjuntamente las dos caras de la moneda: si las madres se ausentan más de sus puestos de trabajo por maternidad; si luego se ven obligadas a prolongar su permiso con excedencias y reducciones de jornada (que les dejan sin ingresos suficientes y les perjudican seriamente sus carreras profesionales y de cotización), ¿cómo va a haber igualdad en el empleo y en las pensiones?

Esos supuestos derechos, que hasta ahora se nos presentaban como “derechos de las mujeres”, eran trampas. Y las exiguas compensaciones en las pensiones por hijos/as no compensan a una madre que se queda sin trabajo durante años. Sólo la igualdad total de derechos puede permitirnos realizar nuestras aspiraciones de vivir en igualdad.

Vistas desde ahora, estas constataciones parecen obviedades. Ese es el fascinante proceso por el que una reforma legal cataliza el cambio de mentalidades que existía previamente pero que aún no estaba formulado explícitamente en toda su amplitud.

En España hemos vivido ya esta experiencia anteriormente. El caso más parecido al de los permisos igualitarios es el del matrimonio igualitario, por varias razones. En primer lugar porque también se operó por la simple vía de extender un derecho existente (el matrimonio heterosexual). Adelantándonos a países de nuestro entorno que se suponían más avanzados, aquella reforma situó a España entre los menos homófobos del mundo. Porque, en segundo lugar, esa extensión no solo beneficiaría a las parejas del mismo sexo que desearan casarse sino a todas las demás personas que de repente dejaron de considerarse excepciones o, aún peor,  anormalidades. Igualmente, la equiparación de los permisos no es solo un asunto de mamás y papás.

En tercer lugar, hay una similitud entre estas dos historias de éxito que es muy importante para quienes trabajamos por el cambio social. En ambos casos se nos decía que teníamos que negociar; que no podíamos pretender conseguirlo todo; que no sabíamos cómo funciona la política; que si nos poníamos intransigentes nos quedaríamos sin nada; que la sociedad no estaba preparada, etc., etc.

Contestábamos: ¿qué hay que negociar y con quién? ¿Alguien nos puede explicar por qué su propuesta es superior a la nuestra, que simplemente consiste en la eliminación de una discriminación que tanto sufrimiento ocasiona?

Quienes tenían otros diseños se encontraban con una enorme dificultad: no negaban el axioma de la igualdad total, pues ese objetivo está socialmente asumido. En consecuencia, había una falla entre su premisa y su conclusión difícil de defender públicamente. Solo les quedaba apelar veladamente al apoyo de quienes se resisten a la extensión de derechos.

Hasta aquí las similitudes, pero hay también diferencias. A favor del triunfo de los permisos igualitarios está el hecho de que las necesidades materiales son un antídoto contra las resistencias ideológicas. También es verdad que en los últimos 24 años la sociedad ha avanzado considerablemente. Por último, este avance no se estaría dando sin el enorme empuje de la actual ola feminista.

En contra tenemos, en primer lugar, las resistencias no declaradas que siguen siempre esperando la ocasión para paralizar la implantación de la reforma y para introducir pequeños retoques que la desvirtúen. La historia reciente nos muestra que estas maniobras son continuas en todos los países. En el nuestro, recordemos que la ampliación del permiso de paternidad de 2 a 4 semanas se aprobó en 2009 para entrar en vigor en 2011, pero se fue aplazando cada año hasta 2017.

En segundo lugar, y más a corto plazo, quedan muchos hilos por atar. La PPIINA lo explica en esta guía y en este comunicado. Además de que se cumpla el calendario de extensión hasta alcanzar la equiparación de los permisos a 16 semanas en 2021, como demanda el manifiesto de las asociaciones feministas ante las elecciones, son necesarias otras tres condiciones que, curiosamente, se cumplen en este efímero periodo desde el 1 de abril, pero que también pueden esfumarse en breve si no lo impedimos.

Primera condición: derecho a turnarse para alargar el tiempo de cuidado en casa. Esta condición exige una reforma del RDL 6/2019, que obliga a simultanear 6 semanas a partir de 2021, aunque curiosamente esa restricción no rige durante el periodo transitorio. Bienvenido sea este inexplicable desvarío que, probablemente sin buscarlo, permitirá a las parejas experimentar las ventajas de poder turnarse, evidenciando la injusticia y el despilfarro que supondría arrebatarles ese derecho después.

El desvarío es el siguiente: el número de semanas simultaneas en caso de nacimiento, que hasta ahora eran 5, serán 2 en 2019, 4 en 2020 y 6 en 2021. Más absurdo aún: resulta que, en caso de adopción, ya desde el 1 de abril son 6 semanas. Sí, sí, hemos entendido bien, pero es que no tiene ni pies ni cabeza. Porque, si la simultaneidad era para cuidar a la madre mientras se recuperaba del parto, ¿Por qué no en 2019 en caso de nacimiento? ¿Por qué sí en caso de adopción? ¡Señorías, que estamos jugando con dinero público!

La pregunta que debemos reiterar es: después de haber permitido a las parejas turnarse, ¿se les menoscabará ese derecho, obligándoles ya en 2021 a simultanear 6 semanas?  ¿Por qué razón? Si, como prevemos, no se ofrece un argumento serio, la solución evidente es cambiar este aspecto del RDL, manteniendo la obligación de simultanear el permiso reducida a 2 semanas. Esa sería la forma de utilizar el dinero público (de la Seguridad Social) de la manera más eficiente a favor de las familias y de la igualdad.

Las otras dos condiciones solo exigen que el nuevo reglamento (a elaborar en el plazo de 6 meses) mantenga dos disposiciones del reglamento actual que, mientras tanto, sigue en vigor. Uno es el derecho a tomarse todo el permiso a tiempo completo sin necesidad de acuerdo con la empresa. La PPIINA intentó, pero no consiguió, que este derecho se blindara en la Ley en lugar de dejarlo al desarrollo reglamentario, porque es clave para que el permiso pueda utilizarse cuando y como la criatura lo necesita, y no en los ratitos en los que a la empresa le viene menos mal prescindir de los hombres. Esperemos que la sensatez prevalezca.

El otro es el derecho a un permiso íntegramente pagado al 100%, que exige mantener la actual incompatibilidad del permiso y la reducción de jornada. Si esa incompatibilidad no se mantuviese, las mujeres se verían presionadas a alargar su permiso a costa de reducir la remuneración. La PPIINA también intentó, y tampoco consiguió, blindar ese derecho en la Ley; ahora tendremos que vigilar que no desaparezca del Reglamento.

Lo enrevesado de la regulación de los permisos en el RD es otro hándicap. La simplicidad es una de las condiciones para una actividad legislativa democrática, y debemos denunciar que este no es el caso. ¿Por qué no se adoptó el diseño de la PPIINA, tan simple y claro que se explica en este video de 2 minutos? Hubiera sido más fácil de entender, y mucho más difícil de manipular.

Con todo, en la PPIINA seguimos celebrando este inicio de un gran paso en el camino a la igualdad. Para culminarlo es condición sine-qua-non saber que no todo está ganado. Mantener la atención y la movilización feminista es la clave fundamental del éxito.

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