Polos tecnológicos, geopolítica en movimiento

Un antes y un después. El tsunami que ha generado la crisis sanitaria, con efectos a escala mundial, plantea la posibilidad de que se convierta en reto y en oportunidad. Sin duda, la paralización de la actividad económica supone uno de los mayores desafíos para la recuperación que tendrán que afrontar todos los países, sin excepción. Por otra parte, la oportunidad surge de los cambios que se generarán en las balanzas que equilibran el juego geopolítico mundial, pudiendo el tsunami sanitario provocar un movimiento acelerado que reconfigure las alianzas que hoy se disputan Estados Unidos, China y la Unión Europea como tres de los principales actores de la gobernanza global.

Al margen de otros factores, el papel relevante que ha desempeñado el ecosistema digital como respuesta a la crisis sanitaria resalta que la geopolítica de la tecnología es un valor en alza para generar diplomacia. Por primera vez en la historia, China será un nuevo actor en la construcción de la Cuarta Revolución Industrial, participando en la generación de los nuevos procesos que sustentarán el crecimiento económico mundial en las próximas décadas. Con el ascenso de las redes 5G como garantes de esta nueva generación de transformación económica, aquellos países que más rápidamente incorporen las futuras innovaciones a los procesos productivos y a las aplicaciones del mercado de consumo, mayor influencia generarán en las cadenas de valor globales, y mayor será su propio crecimiento económico.

Con la actividad productiva casi recuperada fuera del epicentro de la pandemia, China restablece su inversión en el despliegue de redes 5G el mismo día que anuncia que el levantamiento de la cuarentena en el país, reforzando la relevancia de una infraestructura que ha hecho posible incorporar los beneficios que aportan las nuevas tecnologías. Los sistemas de gobierno no han marcado la diferencia en la adopción de soluciones tecnológicas que pudieran reducir el impacto de la pandemia, y tanto el modelo comunista de China como las democracias de Corea del Sur, Taiwán y Singapur han sido referentes gracias al ecosistema digital de que disponen.

[Recibe diariamente los análisis de más actualidad en tu correo electrónico o en tu teléfono a través de nuestro canal de Telegram]

Después de un año de servicio comercial 5G, Corea del Sur es ejemplo del uso de la inteligencia artificial y el análisis ‘big data’ para hacer seguimiento de la cadena de transmisión del virus; un esquema similar al seguido por Taiwán que, a pesar de la cercanía y el flujo de intercambios con China continental, apenas supera los 200 casos confirmados en una población de 23,5 millones de personas. En este caso, la solución incorpora datos agregados de usuario con los disponibles de la red de salud pública, información del control fronterizo y del censo de hogares. Los datos se conocen a escala de vecindad, incluso de individuo, producto de una política que no contempla restricciones de privacidad a los datos de usuario.

La herencia confuciana que comparten los países asiáticos, que antepone el bienestar de la comunidad frente al del individuo, favorece la aplicación de este tipo de políticas, donde se aprecia el contraste cultural del colectivismo de Oriente frente al individualismo imperante en Occidente. Y, sin duda, el impacto en la región de brotes virales anteriores, como el Sars en 2003 y el H1N1 en 2009, ha favorecido también la rápida aplicación de medidas para preservar la comunidad, y que son el resultado del desarrollo del ecosistema tecnológico en los países asiáticos para contener este tipo de crisis sanitarias.

El Plan Marshall de apoyo económico promovido por Estados Unidos para ayudar a la reconstrucción de Europa después la Segunda Guerra Mundial puede resurgir ahora reconvertido en versión tecnológica, siendo en este caso China quien lidere la esfera de influencia mundial. La potencialidad de las infraestructuras tecnológicas que conforman el ecosistema digital chino, y que tan buen resultado han dado en la contención del virus, son reflejo de cómo los países que han adoptado una transformación digital temprana obtienen un beneficio mayor. La disputa por la hegemonía tecnológica puede haber superado una prueba casi concluyente por la que, si bien Estados Unidos sigue liderando el esquema mundial, el ritmo de avance de China en los últimos años le ha permitido disponer de un sistema tecnológicamente vanguardista en el que están implementadas las innovaciones que solamente las nuevas tecnologías pueden ofrecer.

[Escuche el Podcast de Agenda Pública: ¿El regreso del keynesianismo?]

La narrativa de la pandemia ha otorgado a los países asiáticos el liderazgo tecnológico que se le había pronosticado para dentro de una década. Sin embargo, los estudios muestran otra realidad. En cuestión de inteligencia artificial (IA), la aportación al Producto Interior Bruto (PIB) chino se sitúa en un 26,1%, mientras que el beneficio para Estados Unidos de incorporar esta tecnología a sus procesos productivos tendría un impacto del 14,5% del PIB en 2030; precisamente la fecha en la que China aspira a convertirse en líder global en este terreno. Un esquema en el que Europa registrará un beneficio menor, quedando lejos de posicionarse en la carrera por el liderazgo.

Ante una Europa dividida por el 5G, es previsible una reafirmación por parte de los países europeos que han valorado la tecnología Huawei a pesar de las amenazas de ciberseguridad sobre las que advierte Washington. Y puede crecer el apoyo que reciba el proveedor chino de aquellos países europeos que todavía no han tomado una decisión sobre la estrategia de despliegue de redes 5G. Ante la crisis sanitaria, muchos estados, no solamente europeos, pueden considerar a China líder en lo tecnológico, generando, asimismo, influencia geopolítica.

Se impone una reflexión sobre los objetivos del Programa Europa Digital, que resulta ahora más que nunca demasiado lejana. Mientras tanto, el tablero de juego en el que se ha convertido el Viejo Continente en la lucha por la hegemonía tecnológica, entre el lobby norteamericano y la diplomacia china, puede resultar ser la pieza decisiva para que el gigante asiático reivindique el discurso del designed in China como ecosistema tecnológico en la expansión de la Ruta de la Seda Digital. La IA y el big data han demostrado en Asia ser claves para frenar la pandemia, mientras. Europa comienza a considerarlos para analizar la propagación. Sin embargo, entre los países asiáticos, ninguno como China dispone de una iniciativa global capaz de generar influencia en Europa, América Latina y África. A falta de un ecosistema digital como el que disfrutan las sociedades asiáticas, China, y su geopolítica de la tecnología, pueden terminar convirtiéndose en el verdadero game-changer de la gobernanza mundial.

**

Contra la pandemia, información y análisis de calidad
Colabora con una aportación económica

Autoría

Deja un comentario

X

Uso de cookies

Esta página utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle información relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.