¿Por qué debemos prestar atención a las elecciones en Grecia?

Este domingo 7 de julio se celebran elecciones parlamentarias griegas. No voy a pronosticar el resultado de estas elecciones ya que no hay mucho que prever. La única incertidumbre es si el partido de centroderecha Nueva Democracia, liderado por Kiriakos Mitsotakis, conseguirá la mayoría absoluta. Casi todas las encuestas le dan una ventaja de un 10% de media por encima del partido en el poder, SYRIZA, así que no cabe la menor duda del ganador de estos comicios. Tras el anuncio de Fofi Gennimata, líder del Movimiento de Cambio (una coalición de partidos centroizquierda con PASOK en su eje principal), de que prestaría su apoyo a Nueva Democracia durante una votación de investidura, un gobierno de Mitsotakis parece casi inevitable.

Teniendo esto en cuenta, ¿por qué debemos prestar atención a las elecciones griegas a pesar de que su resultado sea fácil de pronosticar? Al principio de la crisis de la deuda griega, muchos comentaristas solían descartar la importancia de los acontecimientos políticos y económicos de este pequeño país del sureste de Europa como fenómenos eclécticos y endémicos de un sistema político hundido en la corrupción, la mala administración, la incompetencia y la falta de visión a largo plazo. No obstante, dados los hechos en una década muy tumultuosa en Europa, Grecia parece ser la veleta de las tendencias europeas, justo en el centro de una tormenta perfecta creada por las fuerzas de la globalización (la ola migratoria, el surgimiento del populismo, la crisis del capitalismo, la desintegración política). Tanto el segundo programa de rescate griego de 2012 como el de 2015 reflejaron el riesgo de contagio económico y político de Grecia a otros países europeos. Se trata de un país que, bajo el yugo de su deuda y las presiones de sus acreedores, ha sido finalmente forzado a elegir entre opciones ineluctables con respeto a su soberanía nacional, su carácter cultural y su integración económica, a la vez produciendo repercusiones que cruzan sus fronteras.

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La cuestión principal de estas elecciones es si la probable investidura de un partido centroderecha y además de un primer ministro representando el ala liberal, moderada y sobre todo pro-europea de su partido señala la vuelta a la normalidad en el sentido que habrá sido derrotado el populismo y se inaugurará una nueva etapa anti-populista. Según esta tesis, el país va a recuperar su estabilidad económica y política a la vez. Por lo visto, la caída súbita de los rendimientos de bonos del Estado griego al nivel más bajo desde el año 2009 y el repunte de acciones en la Bolsa de Atenas, que tuvieron lugar tras la gran derrota de SYRIZA en las elecciones europeas y la convocatoria de comicios anticipados por el primer ministro Alexis Tsipras, señalan un cambio de la psicología de los mercados hacia la economía griega. Con su discurso moderado y pragmático y su reticencia a prometer la luna y las estrellas a todos, Mitsotakis se muestra una figura bastante carismática y capaz de encauzar el país en un nuevo camino de crecimiento económico basado sobre todo en las inversiones extranjeras, las reformas estructurales, la baja de los impuestos y la racionalización de los gastos públicos. De hecho, su desafío principal será como renegociar los objetivos demasiado ambiciosos de superávit fiscal primario acordados al terminar el tercer acuerdo de rescate de tal modo que su programa económico sea compatible con los mismos.

Según este escenario del auge del anti-populismo, la década pasada con su polarización y fragmentación extremas y sobre todo el surgimiento del partido populista izquierda de SYRIZA hasta su acceso al poder en el año 2015 han sido una desviación de lo normal – todos esos causados digamos por una crisis económica anormalmente larga – y acabarán como un paréntesis aberrante en la época política moderna (Metapolitefsi) tras la caída de la dictadura en 1974. El sistema político griego volverá al statu quo de bipartidismo, es decir un sistema fundado al alrededor de dos ejes centroizquierda y centroderecha, basado en un consenso a favor del proyecto europeo, menos polarizado y menos fragmentado. Cierto es que hay indicios en ese sentido como la transformación gradual de SYRIZA en un partido progresista y centroizquierda luchando por el mismo grupo de votantes con el Movimiento de Cambio (PASOK), la caída notable del Amanecer Dorado (partido de la extrema derecha) en las encuestas y la consolidación del bloque nacionalista bajo el auspicio de Nueva Democracia. Además, tras la capitulación del gobierno de SYRIZA/ANEL en las negociaciones tumultuosas del verano de 2015, que casi llevaron el país al abismo de un Grexit y sacudieron a la Unión Europea, y la finalización del tercer programa de rescate aprobada por las instituciones europeas en agosto 2018, se ha calmado el gran debate sobre la política monetaria y se ha instaurado de nuevo un compromiso pro-europeo a pesar de que el nivel de autonomía de las políticas siga, más que nunca, restringido.

Por otro lado, la crisis de deuda y la inestabilidad política de los últimos años han sido verdaderamente traumáticos arrojando luz sobre divisiones profundas en la sociedad griega. Asimismo, los votantes de (ΝΑΙ) y No (ΟΧΙ) en el referéndum de julio 2015, que tuvo lugar justo antes de que el gobierno de Tsipras cambiara el rumbo y firmara un tercer acuerdo de rescate y austeridad, siguen perteneciendo a dos tribus políticas distintas con preferencias y expectativas diferentes. Por un lado, están los jubilados, propietarios, empresarios y trabajadores en sectores abiertos, cuyos intereses están vinculados a los mercados europeos y la estabilidad de la Eurozona. A éstos les aterraba la perspectiva de un No en el referéndum puesto que creían en las amenazas de los funcionarios europeos por las que un rechazo del programa de rescate precipitaría un Grexit, es decir la salida de Grecia de la Eurozona. Por vulnerables que fueran a los efectos de la austeridad, estaban dispuestos de aguantar cualquier medida fiscal necesaria para garantizar la estabilidad monetaria del país. Ese tipo de votante suele seguir aquella narrativa según la cual la crisis se creó por razones endémicas del país tal como la corrupción de la clase política, la mala administración del sector público y el consumo excesivo del sector privado, por lo que este tipo de votante aprecia las políticas responsables y da premio a la competencia de sus líderes. Por tanto, la subida de Mitsotakis en la escena política griega se debe a la consolidación del voto de esta tribu política, cuyo tamaño efectivamente es el pilar fundamental de apoyo del partido centroderecha.

En cambio, por otro lado, tenemos una mezcla de funcionarios y privilegiados del sector publico, empresarios y trabajadores de negocios locales, desempleados y muchos de éstos que se hallan en un estado laboral de precariedad, cuyos intereses no están necesariamente ligados a la supervivencia del euro. Convencidos por la retórica populista que la crisis fue creada por razones sistemáticas de austeridad excesiva impuesta de fuera y falta de procesos democráticos en la gestión de la Eurozona, aquellos votaron a favor del No (ΟΧΙ) con la expectativa de precipitar un acuerdo más favorable con menos austeridad, aunque una minoría de ellos deseaba incluso un Grexit. Por vulnerables que sean a los efectos de un cambio de moneda, sus ingresos y bienestar han sufrido tanto bajo el yugo de los recortes fiscales de los últimos años que han estado dispuestos de probar cualquier política alternativa por arriesgada que sea, dado que ante todo aprecian a los políticos que dan voz a sus intereses, su sentimiento de pertenencia y su forma de pensar.

Efectivamente fue este deseo de representación verdadera y políticas en contra de la austeridad que Tsipras trató de aprovechar con su retórica populista, su admisión de derrota por fuerzas exteriores inexorables y sus políticas fiscales agresivas y clasistas que consistían en un aumento enorme de impuestos y de ahí el empobrecimiento de la clase media. Finalmente, al haber dejado la economía griega atrofiarse mientras no conseguía relajar las medidas de austeridad, Tsipras ha logrado radicalizar a la tribu del Si y enajenar a la tribu del No a la vez. Además, con su apuesta en el asunto de Macedonia y el acuerdo recién firmado con el país vecino del Norte, ha instigado una enorme reacción nacionalista. Igual que aquellos gobiernos del Sur de Europa que involuntariamente gestionaron programas de consolidación fiscal y reformas estructurales impuestos por actores ajenos sin tratar de asumir su autoría, SYRIZA correrá la misma suerte pagando el precio electoral de sus políticas ambiguas y cortoplacistas.

Mientras en Grecia muchos se sienten desfavorecidos, perjudicados y privados de representación, la polarización ideológica y la diferencia entre políticas representativas y políticas responsables aún son destacables en el contexto político actual. A pesar de la estabilidad política de los últimos años y la finalización del tercer memorando de acuerdo, la mayoría de los ciudadanos sufren el estancamiento de sus ingresos y se sienten de hecho excluidos de un sistema democrático que carece de opciones reales, distintas y aplicables. Tras el hundimiento de partidos del centro progresista como To Potami y de la derecha nacionalista como ANEL y el cambio de rumbo de SYRIZA hacia la centroizquierda, a lo mejor surgirán otros ideólogos y oportunistas políticos para cumplir estos vacíos a lo largo del espectro ideológico, como por ejemplo el anterior ministro de la economía, el incansable e inefable Yanis Varoufakis, y su nuevo partido MeRA25, que intenta reavivar el frente anti-euro. Tendremos que ver si estas elecciones inaugurarán una nueva etapa de estabilidad política y crecimiento económico en Grecia o solamente consistirán en un nuevo episodio temporal en esta época volátil e impredecible. Es cierto que las heridas de esta crisis sin precedentes aún no han cicatrizado.

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