Por qué están aumentando los daños por las inundaciones

Cada vez que se producen inundaciones, surgen voces que culpan a la falta de limpieza de los ríos y reclaman más infraestructuras. Sin embargo, el problema no es que los ríos estén sucios, ni que falten diques más altos. Ante una misma precipitación, el riesgo no es el mismo si hay mucha población y edificaciones en zonas inundables o si tales zonas se mantienen libres. El clima mediterráneo presenta grandes sequías y lluvias torrenciales (aunque con el cambio climático se espera que aumenten), pero por ahora el incremento en la torrencialidad de las lluvias es poco significativo, pese a lo cual los daños por inundaciones se están disparando. ¿Por qué ocurre esto? Señalemos seis causas principales.

1.- La ocupación de zonas inundables por viviendas e infraestructuras, que incrementa la exposición de la población y los bienes y, por tanto, el riesgo de inundaciones. Existe un incumplimiento generalizado de la abundante normativa por parte de las administraciones competentes en ordenación territorial y urbanismo: comunidades autónomas y ayuntamientos.

[Con la colaboración de Red Eléctrica de España]

2.- Espacios agrarios cada vez más intensivos y sin prácticas de conservación: la agricultura industrial y la expansión de regadíos intensivos están incrementando la escorrentía y el arrastre de sedimentos, al perderse la protección de la cubierta vegetal por roturación y transfomación en regadío, por intensificación de los espacios agrarios y por ausencia de prácticas de conservación. Se incrementan los daños aguas abajo porque llega más agua, en menos tiempo y con más sedimentos.

3.- La imparable impermeabilización del suelo por expansión urbanística y proliferación de infraestructuras, lo que a igualdad de precipitaciones incrementa drásticamente la escorrentía y, por tanto, los daños.

4.- Nuevas infraestructuras que desorganizan el drenaje natural (autovías, carreteras, rotondas, taludes), que cortan la red de drenaje y crean barreras, reconduciendo los flujos de agua hacia zonas hasta entonces libres de inundaciones.

5.- Obras de defensa frente a inundaciones que agravan los daños: dragados, motas, diques, cortes de meandros y encauzamientos crean una falsa seguridad que favorece una mayor ocupación de las zonas inundables, aumentando la exposición al riesgo. Además, estas infraestructuras aumentan la velocidad del agua y su capacidad de destrucción aguas abajo. Por ejemplo, la rotura de motas, como las ocurridas en el Segura durante estas inundaciones, constituye el mayor peligro real para las vidas humanas durante estos episodios. Finalmente, los dragados son ineficaces porque en poco tiempo (meses) los sedimentos vuelven a su lugar.

6.- Los ríos se han quedado sin su espacio: construcciones urbanas e infraestructuras han estrechado hasta límites inverosímiles el espacio asignado al río, olvidando que éste no tiene un solo cauce, sino varios para distintos caudales, incluyendo las crecidas; y que todos ellos son parte del río.

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¿Qué podemos hacer para reducir los daños por inundaciones? Aquí van seis propuestas.

1.- Respetar las zonas inundables: comunidades autónomas y ayuntamientos deben cumplir de forma estricta la normativa que prohíbe construir en zonas inundables. Igualmente, los Planes de Gestión del Riesgo de Inundaciones de las cuencas deben establecer la obligatoria adaptación de los planes urbanos municipales a la Cartografía de Zonas inundables.

2.- Devolver espacio al río: gestionar el territorio fluvial aguas arriba de zonas urbanas: se trata de des-encauzar y eliminar motas aguas arriba de estas zonas, devolviendo a los ríos parte de sus espacios de desbordamiento. El territorio fluvial, constituido por el propio río y los espacios inundables adyacentes, actúa como zona de expansión de las crecidas, protegiendo las áreas urbanas aguas abajo. No puede haber mejor seguro para una población ribereña que sustituir un fenómeno adverso, la avenida, por otro menos dañino, el desbordamiento, en áreas adecuadas.

3.- Implantar Medidas Naturales de Retención de Agua en los espacios agrarios: éstas son actuaciones inspiradas en la naturaleza que aumentan la retención de agua y suelo y reducen el riesgo de inundaciones. Incluyen recuperar la vegetación natural en espacios agrarios, con setos, vegetación en linderos y pequeñas manchas de vegetación natural entre parcelas. También hay que recuperar la red de drenaje natural, eliminada o gravemente alterada por una agricultura intensiva que explota la máxima superficie posible.

4.- Implantar Sistemas de Drenaje Urbano Sostenible, que abarcan un amplio abanico de medidas para reducir y laminar los caudales de entrada en la red de saneamiento y minimizar los daños por inundación en zonas urbanas. Estas medidas reducen la impermeabilización del suelo urbano, incrementando las superficies vegetadas a través de zanjas filtrantes, pavimentos permeables, humedales artificiales y jardines de lluvia, entre otras actuaciones.

5.- Eliminar viviendas e infraestructuras en zonas de alto riesgo: urge realizar un censo de viviendas y equipamientos en zonas de riesgo elevado o de gran vulnerabilidad social (colegios, centros sanitarios, residencias de mayores, grupos poblacionales desfavorecidos). Estas situaciones deben estudiarse individualmente y, en muchos casos, la medida a aplicar será el traslado, contando con las ayudas necesarias.

6.- Impulsar una estrategia de comunicación social sobre la necesidad de una gestión adaptativa frente a las inundaciones: necesitamos educar en la incertidumbre y en la cultura del riesgo, contando con los habitantes ribereños y desarrollando programas de educación, comunicación social y de capacitación, que modifiquen la percepción pública sobre ríos, inundaciones y territorio, en la certeza de que sólo una sociedad bien informada apoyará una gestión adecuada de los territorios fluviales.

El sentimiento de solidaridad que despiertan los daños de las poblaciones afectadas debe ser encauzado con tino. Las reparaciones deben priorizarse con criterios sociales, atendiendo a las necesidades básicas de los más vulnerables. Pero también deben realizarse con una perspectiva que minimice los riesgos y reduzca la probabilidad de nuevos daños. Así, no se deberían otorgar ayudas a la reconstrucción de viviendas en zonas inundables, sino procurar su reubicación en zonas seguras, como se realizó por ejemplo con la población de Gavarda tras la rotura de la presa de Tous en 1982. El momento de la reconstrucción es también el de la oportunidad de hacer mejor las cosas, corrigiendo errores del pasado.

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