¿Por qué la socialdemocracia ha vuelto al poder en Dinamarca?

Una elección general ordinaria en un país pequeño como Dinamarca no suele atraer una atención significativa de los observadores foráneos. No sucedió lo mismo esta vez con las elecciones danesas del 5 de junio de pasado. Recordemos: unos comicios en los que el Partido Socialdemócrata volvió a quedar en primer lugar, aunque en esta ocasión, a diferencia de la legislatura anterior, esto sí le ha permitido recuperar el gobierno, al frente del cual se sitúa la nueva primera ministra, Mette Frederiksen. Recordemos también que el partido socialdemócrata es una de las dos principales fuerzas que ha protagonizado la política danesa desde la segunda guerra mundial, aunque solo ha podido gobernar, en gabinetes de coalición, 12 de los últimos 37 años, bajo el liderazgo de Poul Nyrup Rasmussen (1993-2001) y Helle Thorning-Schmidt (2011-2015), cuyo mandato transcurrió en paralelo al de la ficticia Birgitte Nyborg, la protagonista de la popular serie Borgen. Sin embargo, más allá de los resultados concretos, la atención internacional se ha centrado en las razones de la victoria de los socialdemócratas daneses. En particular, ha surgido un debate -sobre todo entre colegas y observadores internacionales- sobre en qué medida esta victoria se ha conseguido por haber copiado las políticas de inmigración del Partido Popular Danés (DF), una formación radical de derecha populista (que experimentó un fuerte retroceso, del 21 al 9 por ciento de los votos), y si esta es una estrategia aceptable para los socialdemócratas del resto de Europa.

¿Qué significa realmente para los socialdemócratas daneses haber ganado estas elecciones? Precisemos que el partido socialdemócrata ha perdido apoyo electoral respecto a 2015, aunque ello no le ha impedido aumentar un escaño, manteniendo la tendencia de un estancamiento a la baja en el sistema de partidos danés. En realidad, su victoria se ha beneficiado sobre todo del retroceso de los principales oponentes de la derecha, cuya suma en 2015 le impidió mantener la presidencia del gobierno, a pesar de que los socialdemócratas quedaron en primera posición también en aquellas elecciones. 

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En este contexto, para clarificar qué significa la victoria en un sistema fragmentado pluripartidista como el danés, podemos recurrir a una de las distinciones clásicas de la ciencia política entre políticas, cargos y votos. ¿Qué priorizan los partidos en sus planes y estrategias? Si bien se espera que los partidos, en última instancia, se orienten a impulsar políticas que hagan realidad su programa, los medios para lograrlo pueden variar. Tener cargos de poder en las instituciones es esencial para un partido de gobierno tradicional como los socialdemócratas. De acuerdo con su propia concepción de su papel en la política, las llaves de la oficina del primer ministro son un objetivo irrenunciable. Por eso, a pesar de que haber reducido su apoyo electoral, este fue suficiente para obtener la distancia que ha permitido articular una mayoría de gobierno, junto con los otros partidos que han apoyaron el nombramiento de la nueva primera ministra. Recuperar esa posición ha sido la verdadera victoria de los socialdemócratas, formando además un gobierno en minoría, en el que el resto de partidos que les apoyan han aceptado no entrar en el ejecutivo. La prioridad de los socialdemócratas era la mejora colectiva del bloque de izquierdas y, con ello, el retorno al poder. Aumentar el voto del propio partido era secundario.

¿Qué implicaciones tendrá esta victoria para la agenda de las políticas? Como la prensa internacional ha destacado, es cierto que, en el período de oposición 2015-2019, los socialdemócratas se han movido hacia la derecha en las políticas de inmigración. No han copiado por completo las políticas del xenófobo DF, pero sí han apoyado las políticas aplicadas por el anterior gobierno, liderado por los liberales, y que han estado fuertemente influenciadas por aquel. La inmigración ha sido un tema destacado en la mayoría de las elecciones danesas en las últimas dos décadas y, a los ojos de los socialdemócratas, la mayoría de los daneses apoya una política de inmigración restrictiva. Dicho de otro modo: es una condición para asumir el cargo. Si es o no una política socialdemócrata (clásica) no me corresponde a mí decidir. Son las políticas que actualmente adopta el partido socialdemócrata danés.

¿Han captado los socialdemócratas daneses votos del DF gracias a estas políticas de inmigración? A la espera de que haya evidencia sólida en forma de estudios electorales, tenemos que contentarnos con las encuestas de opinión disponibles. El sondeo Epinion muestra que los socialdemócratas sí atrajeron a votantes que en 2015 habían apoyado al DF, alrededor del 10 por ciento. La evidencia anecdótica, como las entrevistas con los votantes y la cobertura de los medios, sugiere la recuperación de voto socialdemócrata procedente del partido xenófobo no solo se debe a las políticas de inmigración más estrictas, sino también a su iniciativa de jubilación anticipada. Por otro lado, los socialdemócratas no fueron el único partido que recibió votantes del DF. Dos nuevas fuerza derechistas, muy antiinmigrantes, obtuvieron el 4,2 por ciento de los votos, de los cuales la mayoría provino del DF. Además, los liberales también tomaron una cuarta parte del electorado conseguido por el DF en 2015, aunque queda por ver si se trata simplemente de recuperar antiguos votantes liberales que se fueron a los xenófobos en aquella ocasión. En resumen, tras una legislatura influyendo en políticas anti-inmigración, los votos del DF se han visto debilitados, esparcidos entre partidos diversos, incluidos los socialdemócratas.

Más interesante aún es que los socialdemócratas pueden no estar interesados ​​en un declive tan fuerte del DF. Esto requiere una explicación un poco más larga. El sistema multipartidista de Dinamarca se compone por entre 8 y 11 partidos que tradicionalmente se han alineado en el eje izquierda-derecha. De ahí que los partidos se dividan en dos bloques, el bloque rojo de centro izquierda que respalda al líder del partido socialdemócrata como primer ministro, y el bloque azul de centro derecha que respalda al líder del partido liberal como primer ministro. Sin embargo, esta alineación de bloques ha sido cuestionada desde finales del siglo pasado. Para explicar esto, hay que remontarse a mediados de la década los 90s, donde la investigación electoral identificó la aparición de una nueva dimensión de competición entre los votantes daneses. Al margen de la tradicional división izquierda-derecha, basada en cuestiones económicas y redistributivas como la actitud hacia los impuestos, el tamaño del sector público y el bienestar social, surgió una nueva dimensión, denominada política de valores en Dinamarca, definida por la actitud hacia la inmigración, la ley y el orden, y la preocupación ambiental. La mayoría de partidos se han alineado básicamente en un orden similar de izquierda a derecha en ambas dimensiones, de forma más o menos equivalente. 

Sin embargo, dos partidos destacan por haber roto la equivalencia en estos dos ejes. Por un lado, el DF ni es ni ha sido nunca una fuerza genuinamente de derecha en la dimensión económica. Por lo tanto, clasificarla como «derecha radical» podría ser algo confuso. En el período de gobierno 2015-2019, donde han proporcionado la mayoría parlamentaria al gobierno liderado por los liberales, su oposición a los recortes de impuestos y su apuesta por un programa económico más moderado han sido más que evidentes. Por otro lado, los social-liberales están más a la derecha en la economía pero que se encuentran entre los partidos más izquierdistas en la dimensión de «valores», ya que son favorables a la inmigración, tiene una fuerte preocupación ambiental y son contrarios a una política de mano dura contra el crimen. Por eso, ambos partidos desafían la alineación concordante que mantienen el resto de partidos en los dos clivajes ideológicos.

Esto es relevante para interpretar el resultado de las elecciones de junio de 2019 y el nuevo escenario que abren para la socialdemocracia danesa. Con el giro a la derecha de los socialdemócratas sobre las políticas de inmigración y el giro a la izquierda del DF sobre el bienestar, estos dos partidos se han acercado entre sí. Los dos líderes del partido han hablado sobre la futura colaboración en temas de inmigración y bienestar. La opción de colaborar con el DF deja a los socialdemócratas mayor autonomía respecto a su propio bloque rojo, que es más izquierdista en los temas de inmigración, pero también en los otros temas en la dimensión de política de valores. Además, así se contiene el riesgo que los social-liberales representa para el flanco moderado del electorado socialdemócrata: aunque están más a la derecha en la dimensión económica y, en muchos sentidos, desean políticas económicas como las del bloque azul, al mismo tiempo mucho más a favor de la inmigración. Desde esa perspectiva estratégica, los socialdemócratas no están necesariamente a favor de demoler el DF.

El caso danés por sí solo no puede resolver el interrogante estratégico sobre la actitud que debe tener la socialdemocracia europea respecto a la política de inmigración y, en general, hacia los partidos populistas de derecha radical. Pero pone en evidencia una forma exitosa de resolver las contradicciones que el Partido Socialdemócrata danés ha tenido que afrontar en la última década y, por lo tanto, puede aporta matices a los estudios sobre el comportamiento de sus votantes, las políticas que les proponen sus representantes y la formación de coaliciones en partidos, países y momentos distintos.

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