Por qué la UE debe liderar la cancelación de la deuda africana

Si la Unión Europea quiere cumplir con su compromiso de «asociación entre iguales» con África, debería entonces tomar la iniciativa y exhortar a la comunidad internacional que cancele una parte de la deuda bilateral, multilateral y privada de África, mientras se hace frente a la crisis por la Covid-19. Esto no sólo la ayudará a lidiar con la emergencia económica y sanitaria producida por la pandemia, sino que permitiría también compensar el desequilibrio histórico de poder entre los dos continentes

A mediados de marzo, la Unión Europea adoptó una nueva Estrategia UE-África, que ha definido una colaboración “más fuerte y ambiciosa” entre ambos continentes. Para el desarrollo de esta estrategia, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, y la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, han hecho un llamamiento para avanzar hacia una “asociación entre iguales” que deje atrás esa relación donante-receptor que ha caracterizado los vínculos entre la UE y África. En ese sentido, la Estrategia UE-África pretende allanar el terreno para lograr una verdadera cooperación entre pares, con la que se abandonen esas viejas perspectivas sobre el continente africano y los legados del pasado colonial.

Menos de dos semanas después de la adopción de esa nueva estrategia, África ya afrontaba una gran crisis económica como consecuencia de la pandemia, que incluso ya está superando la emergencia sanitaria continental. De hecho, la crisis por la Covid-19 ha producido una caída de los precios de los productos básicos y un aumento de los costes de las importaciones, al tiempo que han disminuido los ingresos por turismo, las remesas y las materias primas. Los países en desarrollo también están experimentando una gran fuga de capitales y una rápida retirada de las inversiones internacionales. De acuerdo con el Banco Mundial, la pandemia ya ha desencadenado la primera recesión de África subsahariana en 25 años.

¿Debería ser más firme y ambiciosa la respuesta global de la UE ante el coronavirus?

En línea con los compromisos adquiridos en la nueva Estrategia UE-África, el alto representante, Josep Borrell, anunció a finales de marzo que la Unión prestaría ayuda a sus socios de todo el mundo para hacer frente al virus, especialmente a África: “Queremos destacar que no olvidaremos a nuestro continente hermano en las soluciones a esta pandemia global”. Esta promesa se hizo más concreta cuando la UE presentó su paquete ‘Equipo de Europa’ (‘Team Europe’) para apoyar a los países socios en sus esfuerzos contra la Covid-19.

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Este programa destina a África 3,.250 millones de euros, provenientes de recursos existentes para ayuda exterior. Se trata de la mayor zona geográfica que forma parte de este paquete de 20.000 millones de euros. Pero el programa Team Europe no incluye el alivio de la deuda, aunque la UE (así como otros miembros del G-20) ha acordado ofrecer una moratoria a los países más pobres. Eso significa que los acreedores bilaterales oficiales suspenderán los cobros de la deuda para, entre otros, 38 países africanos que así lo soliciten. También se insta a los inversores privados a que hagan lo mismo. Mientras tanto, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha anunciado también un alivio de seis meses para las obligaciones que tienen 25 de los países más vulnerables del mundo con este organismo. De ese total, 14 se encuentran en África.

Pero esto no es suficiente. A finales de marzo, los ministros de Finanzas africanos pidieron un financiamiento de emergencia por 100.000 millones de dólares para hacer frente a la crisis de la ‘Covid-19’. De esta cantidad, aproximadamente 44.000 millones estarían dirigidos al alivio de la deuda con acreedores multilaterales, bilaterales y comerciales. Se calcula que la deuda externa total de África es de 417.000 millones de dólares. En 2018, el 36% de la deuda externa pública correspondía a organizaciones multilaterales como el Banco Mundial y el FMI, el 32% a acreedores bilaterales (incluyendo un 20% a China) y otro 32% a prestamistas privados. Si se considera que la recuperación económica mundial podría producirse en un plazo de dos a tres años, los ministros de Finanzas han exhortado a sus socios para el desarrollo que ofrezcan un plazo sustancial para el alivio de la deuda. Y han agregado que, para lograrlo, se necesita el apoyo del FMI, el Grupo del Banco Mundial y la UE. De esta forma, los gobiernos africanos tendrían suficiente margen fiscal para lidiar con la crisis.

La responsabilidad histórica de cancelar la deuda

Estas peticiones de los ministros africanos de Finanzas no son ninguna sorpresa. Incluso antes del brote del coronavirus, África ya afrontaba una inminente crisis de deuda: se consideraba que aproximadamente uno de cada tres países subsaharianos estaba en riesgo de sufrir graves problemas de endeudamiento. La cancelación de la deuda no es, en sí misma, una solución mágica, porque no resuelve de forma inmediata las causas internas (como la corrupción o la mala gobernanza) o externas (como la desigualdad en el orden mundial) de la acumulación de endeudamiento, pero sí permite que los países en desarrollo tengan más libertad para hacer inversiones en salud, educación y esfuerzos contra la pobreza. Todo esto es de gran importancia en este momento, pues muchos gobiernos africanos se verán en la tesitura de decidir si destinan los escasos recursos públicos a sus acreedores, para así evitar el impago, o a la atención de necesidades económicas y sanitarias de su población.

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De hecho, el pago de la deuda es una de las razones por las que el continente africano tiene grandes necesidades sanitarias: en 2019, más de 30 países de África gastaron más en pagos de deudas que en el sistema público de salud. Las reformas estructurales que condicionan los préstamos del FMI y del Banco Mundial, que todavía muchos gobiernos africanos deben reembolsar, han sido objeto de muchas críticas y han dejado a las instituciones sanitarias de África en una situación complicada. Tomemos como ejemplo los Programas de Ajuste Estructural (PAE) de los años 80 y 90. Se sabe con certeza que las condiciones de estos préstamos se tradujeron en una «década perdida» para África: los servicios públicos nacionales (como el de salud) se deterioraron, lo que, a su vez, fue un obstáculo para que los países construyeran el capital social y humano que se necesita para el desarrollo y el reembolso de las deudas. Aunque los Documentos de Estrategia para la Reducción de la Pobreza sustituyeron a los PAE desde 1999, han surgido con frecuencia las mismas críticas.

Los países europeos, junto a Estados Unidos y Japón, dominan la gobernanza y la agenda-setting en el FMI y el Banco Mundial; y, por lo tanto, deben asumir la responsabilidad por sus políticas fallidas. Éste es un argumento para que la UE y sus estados miembros tomen la iniciativa para la cancelación de la deuda de África durante la crisis por la Covid-19.

Pero la responsabilidad histórica de Europa va mucho más allá. De hecho, la crisis de deuda africana se puede remontar al periodo colonial, cuando los principales defectos del comercio exterior (como la alta dependencia de las exportaciones y la concentración en unos pocos productos básicos) se convirtieron en características de la economía africana. Estas deficiencias, que son un legado del colonialismo europeo, han sentado las bases de la crisis de deuda en este continente. Si la UE (cuya integración inicial se relaciona estrechamente con el proyecto colonial) y sus estados miembros tienen un interés genuino en fomentar una asociación más ambiciosa e igualitaria con África, deben aprovechar esta oportunidad para compensar algunas de sus propias deudas coloniales, tanto directas como indirectas, a través de una dispensa del endeudamiento.

El final del colonialismo asociado a la deuda

Para lograr esta cancelación, la UE y estados miembros como Francia, Alemania e Italia (todos ellos miembros del G-20) deben acordar este paso. Si tenemos en cuenta la falta de solidaridad interna, que ha quedado patente en los debates acalorados sobre los coronabonos, es de esperar que haya grandes obstáculos. Sin embargo, la UE y sus estados miembros deben prestar atención a los beneficios que les reportaría el apoyo a sus continentes vecinos: ésta es la única forma de lidiar con las causas de los flujos migratorios y conflictos futuros. Si África no cumple con sus deudas externas por la crisis del coronavirus y, por lo tanto, no es capaz de conseguir financiación internacional, las consecuencias humanas, socioeconómicas y de seguridad se harán sentir también en Europa, y serán terribles para un continente que ya concentra el 70% de la población pobre del mundo.

El siguiente reto para la UE es la coordinación de una respuesta internacional, en línea con su compromiso de ofrecer soluciones multilaterales. Las reuniones de primavera 2020 del FMI y del Banco Mundial fueron un punto de partida para lograr un nuevo mecanismo de cancelación de la deuda que permita mejorar proyectos anteriores como la Iniciativa para los Países Pobres Muy Endeudados. El objetivo de esta iniciativa, que surgió en 1996, era cancelar algunas de las deudas de los países más pobres, pero sus estrictas condiciones no han ayudado a los gobiernos africanos a alcanzar la sostenibilidad de la deuda con el tiempo. Además, no todos los acreedores, como los comerciales, participan en esta iniciativa.

Si se emprenden acciones ambiciosas y se coordina esta cancelación, al tiempo que se respetan las voces y la soberanía económica del continente, la UE puede posicionarse en el escenario mundial, especialmente frente a China, que ha sido acusada en los últimos años de nuevo colonialismo a través de la deuda de África. Es el momento ideal para que Europa restaure y fortalezca sus relaciones con los países africanos, y contrarreste la influencia china. Es otras palabras: si la Unión quiere cumplir sus objetivos geopolíticos con una Estrategia UE-África que sea ambiciosa y fiable, debe tomar la iniciativa y presionar para que se cancele la deuda en el continente africano.

(Este análisis se publicó originalmente en CEPS)

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