Portugal: de una derrota relativa a una victoria relativa

El Partido Socialista (PS) ha sido el claro ganador de las elecciones en Portugal. Después de la derrota en las legislativas de 2015, que la habilidad de António Costa convirtió en victoria, el PS corre ahora el riesgo de que victoria relativa se convierta en derrota.

Hace cuatro años, la voluntad de impedir un nuevo Gobierno de Pedro Manuel Passos Coelho y revertir así algunas de las medidas del programa de ajuste fue el pegamento que unió a los partidos de izquierda, hasta entonces fuertemente enfrentados. La necesidad de demostrar la estabilidad política de la coalición (que fue conocida como la geringonça) requería un acuerdo político para la legislatura que asegurara a Costa y al PS las condiciones de gobernabilidad.

Paradójicamente, la victoria relativa de este domingo trae peores perspectivas para el PS (y para la estabilidad política) que su derrota también relativa en las elecciones anteriores. En primer lugar, porque las expectativas sobre las cuales será evaluado el nuevo Gobierno han cambiado sustancialmente. El país ya no está saliendo de un periodo de fuerte austeridad y el éxito o el fracaso ya no se medirán por el riesgo de quiebra adicional. Las expectativas serán más altas y más difíciles de cumplir.

En segundo lugar, el contexto externo será más complicado durante el próximo ciclo político. Y finalmente, el acuerdo será más difícil.

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La victoria del PS no ha sido una victoria para la geringonça ya que, sumando los votos de los tres partidos que la formaban, ha tenido menos votos que en 2015. El mal resultado del Partido Comunista (PC) parece haberse cobrado la primera pieza del artilugio. Ya la misma noche electoral, el PC anunció que estará disponible sólo para acuerdos específicos, que se decidirán caso por caso.

El Bloque de Izquierda (BE, por sus siglas en portugués) también obtuvo peores resultados que en 2015 y probablemente pedirá un peaje más alto para que el Gobierno sea viable: es probable que coloque a Costa en la disyuntiva de incorporarlos al Ejecutivo o dejarlos fuera y alcanzar acuerdos concretos, siendo esta segunda la más probable. La eventualidad de tener al BE, un partido claramente euroescéptico y radical, en el Gobierno asusta a Costa, al igual que asustó a Sánchez incorporar a Podemos.

Como con los otros partidos de izquierda -Partido Animalista (PAN) y The Free- no sumaría una mayoría, la otra alternativa para Costa sería pactar con el Partido Socialdemócrata (PSD). Pero después de que el socialista rompió la tradición política de permitir la alternancia entre socialistas y socialdemócratas al permitir gobiernos minoritarios, no puede esperar que el PSD haga ahora viable su Gobierno ahora, como tampoco sería bueno para la democracia portuguesa (convertiría al PS en el único partido gobernante en Portugal, alternando a izquierda y derecha del espectro político para materializar su permanencia en el poder).

Es muy probable que Portugal tenga un Gobierno minoritario sin una base estable de apoyo parlamentario, y que António Costa tenga que negociar caso por caso con PC y BE. Puede confiar en que otros partidos no querrán asumir los costes políticos de generar una crisis política durante la legislatura. Pero eso dependerá de la evolución de la economía.

Y no olvidemos que la solución ideada por Costa en 2015 terminará haciéndolo responsable de cualquier inestabilidad que pueda resultar. El socialista rompió una tradición en la práctica política de la democracia portuguesa en nombre de la bi-polarización del régimen. Será siempre responsable si deja de funcionar y trae inestabilidad.

El PSD ha perdido y cada vez está más claro, desde 2015, que sólo podrá ser una alternativa de gobierno cuando, en solitario o en coalición, gane una mayoría parlamentaria. Esto es importante para el funcionamiento de la democracia en Portugal. Sin embargo, para que los socialdemócratas desempeñen este papel deberán poder movilizar diferentes sensibilidades en el área no socialista, al tiempo que apelan al centro moderado. Y tienen que hacerlo mientras se diferencian claramente del Partido Socialista.

La únicas buenas noticias para el PSD son que, por un lado, aun siendo malo el resultado, no fue el desastre anticipado por muchos; y, por otro lado, ganó al PS entre las generaciones más jóvenes. El problema es que, por ahora, en esa franja de edad se vota menos. El PSD ha innovado al incluir a varios jóvenes en posiciones prominentes de las listas, pero será la capacidad que tenga de convertir esto en una agenda política movilizadora de la juventud lo que será decisivo para el futuro del partido.

Sin embargo, quizás la consecuencia más importante de estas elecciones es otra: la entrada de nuevos partidos en el Parlamento y la posible reconfiguración del sistema político. Tres nuevas formaciones han obtenido representación en el Parlamento: Livre un partido de izquierda con una política social y aduanera de extrema izquierda, pero al mismo tiempo claramente pro-europeo (en oposición al Bloque de Izquierda); la Iniciativa Liberal, el primer partido que cuenta con una agenda completamente liberal en la economía y los derechos (liberales y libertarios); y Chega, un partido populista de derecha en la línea de Vox en España.

La entrada de estos tres partidos se suma al crecimiento del PAN (un partido animalista que, mientras tanto, ha ampliado su agenda política a los temas ambientales), que ha pasado de uno a cuatro escaños. Es una pequeña gran revolución que demuestra que, al contrario de lo que mucha gente dijo, Portugal no es una excepción a nivel europeo. La insatisfacción con el sistema político y con los partidos tradicionales se manifiesta en el constante crecimiento de la abstención, pero también ahora en el éxito de estos estas formaciones y en la fragmentación política.

En este Parlamento, ninguno de ellos será decisivo para la coalición de Gobierno que se forme. Pero, como muestra el caso del PAN, su entrada ofrece visibilidad y recursos económicos que podrían tener consecuencias mucho más profundas en el futuro. Y las nuevas agendas que traerán necesariamente tendrán un impacto en las policies y el discurso político de los partidos tradicionales. En qué sentido, es lo que veremos.

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