¿Presupuesto para la ‘eurozona’? Nein, danke

Los últimos dos años han sido determinantes en el desarrollo de la reforma de la gobernanza de la zona euro: desde la presentación, en diciembre de 2017, del paquete de propuesta de la Comisión, los estados han estado celebrando una serie de reuniones interminables en las que iban discutiendo cada detalle. Así, se ha avanzado en la puesta en marcha de la Unión Bancaria, con el mecanismo europeo de resolución y el Edis, o esquema europeo de seguro de depósitos, buscando de esta manera facilitar la gestión de las futuras crisis bancarias en la eurozona.

Pero si bien se ha avanzado en la consolidación de la llamada Unión Bancaria, la voluntad de los gobiernos a ‘mutualizar’ el riesgo fiscal ha sido mucho menos decidida. En un contexto de crisis asimétricas, en la que por ejemplo Alemania entre en recesión y no lo haga España, la Unión Europea apenas tiene instrumentos que permitan ejercer de un re-equilibrio. La política monetaria no lo es, pues el establecimiento de la misma afecta a toda la eurozona, y si se bajan los tipos de interés se bajan para Alemania y para España. En un contexto de ‘shocks’ asimétricos, es difícil que lo que es necesario para una economía sea bueno para otra. De hecho, una parte importante de la burbuja financiera de España se generó en los años en los que el Banco Central Europeo bajó los tipos de interés para hacer frente a la desaceleración alemana de 2002. España se inundó de dinero barato y el resto es ya historia económica reciente.

Del lado fiscal, la otra gran palanca de política económica, poco podemos esperar: el Pacto Fiscal explica muy bien qué debemos hacer para reducir el déficit público, cómo medirlo y cómo seguir a los países que lo cumplen o lo incumplen, pero apenas tiene herramientas para ofrecer márgenes de confianza y flexibilidad en caso de recesiones profundas. Así que el único instrumento que podría desempeñar ese papel de re-equilibrio es un Presupuesto conjunto. España hizo su propuesta de establecer un seguro europeo de desempleo, en el que los países aportaran y que se activara cuando un país tuviera dificultades. En este mismo espacio hemos hablado en repetidas ocasiones del mismo, señalando tanto sus virtudes como la dificultad de su puesta en marcha.

Mientras tanto, el presidente Francés, Emmanuel Macron, sugirió directamente la posibilidad de tener un Presupuesto específico para la ‘eurozona’. La Comisión, poco amiga de que se inter-gubernamentalice más la gobernanza económica del euro, sugirió una “función estabilizadora” dentro del propio Presupuesto comunitario; esto es, otorgar al mismo una función de re-equilibro, sin sobrepasar nunca los límites de las aportaciones aprobadas en el marco de las perspectivas financieras plurianuales.

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La lógica de intervención de estas funciones de estabilización es clara: en caso de un ‘shock’ asimétrico que afecte a algún país de la ‘eurozona’, el Presupuesto o el instrumento estabilizador invertiría en el mismo de manera específica, con la garantía o el apoyo del resto de los países de la ‘zona euro’. En otras palabras: se generaría un estímulo fiscal suficiente para atemperar la recesión, sin castigar las cuentas económicas de ese país. Esta función estabilizadora, ya sea a través de un seguro de desempleo o de un Presupuesto, es la pieza que falta para completar el puzle de la Unión Económica y Monetaria, permitiendo generar una solidaridad de hecho que va más allá de las garantías ofrecidas hasta el momento por el Mecanismo Europeo de Estabilidad, pensado para casos mucho más graves y donde los ajustes son mucho más drásticos.

La respuesta de los países del norte ante estas medidas ha sido muy escéptica: de acuerdo con su manera de entender la gestión de la ‘zona euro’, la responsabilidad de tener espacio fiscal suficiente para ofrecer estímulos responde a la propia política fiscal de cada Gobierno. En otras palabras: si España ahorrase durante los años de crecimiento, tendría espacio fiscal suficiente para poder inyectar un estímulo en caso de recesión. Si los países del sur no tienen espacio fiscal es porque no lo generan con sus políticas indisciplinadas y tendentes al déficit público estructural. De esta manera, cualquier apoyo a programas de inversión europea en los países del sur se ha vinculado siempre a los objetivos de competitividad y reformas estructurales, evitando expresamente utilizar la palabra estabilización.

Y esto es precisamente lo que ha ocurrido en la reunión del Eurogrupo del pasado día 13 de junio. Se ha anunciado un instrumento presupuestario para la eurozona, pero sus funciones estarán dirigidas no a apoyar a los países en situaciones de dificultad cíclica, sino a promover la competitividad y la convergencia. En otras palabras: no es el instrumento que se pretendía desde los países del sur, y sí el que se aceptaba desde los del norte.

El instrumento, que está todavía en fase muy preliminar, se destinará a promover inversiones vinculadas a las reformas estructurales, a demanda de los países miembros, que tienen que presentar un plan que sería aprobado por una gobernanza todavía no muy claramente especificada. El uso de los fondos estará sometido al set de condicionalidades específicas de los fondos europeos, como mantenerse dentro de los límites de Pacto de Estabilidad y Crecimiento, o ejecutar las recomendaciones establecidas en el marco del Semestre Europeo. La buena noticia es que el instrumento se integrará en el acervo comunitario y será la Comisión Europea la que desarrolle plenamente su arquitectura legislativa y operativa.

En definitiva, tendremos un Presupuesto de la ‘eurozona’, pero no servirá para lo que lo necesitábamos un Presupuesto de la ‘eurozona’. El Eurogrupo ha diseñado un instrumento cuyos principios de aplicación y sus objetivos complementan las iniciativas ya puestas en marcha, como el EUInvest o los fondos de la Política de Cohesión, pero que muy difícilmente podrá cumplir funciones de estabilización en caso de recesiones asimétricas.

Tendremos que esperar a ver cómo se desarrolla plenamente el modelo. Posiblemente, la función inversora de la Comisión en el período que ahora se abre será clave para garantizar el crecimiento a largo plazo, la cohesión y las reformas estructurales en la Unión Europea. Pero en materia de estabilización, tendremos que conformarnos con los instrumentos que tenemos, y confiar sobre todo en nuestras propias fuerzas. Porque el mejor mecanismo de apoyo de la Unión Europea es el que no se necesita.

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