Primeros pasos hacia una recuperación sostenible

España levanta la mirada después de un tiempo sombrío. Con la máxima cautela, hoy podemos decir que estamos dejando atrás una circunstancia excepcional marcada por la distancia social y la consecuente parálisis económica. Un atisbo de recuperación empieza a notarse en las calles con signos de la antigua normalidad: reencuentros, reaperturas y reinicios.

Esta progresiva recuperación de la actividad también viene acreditada por uno de los principales indicadores de la economía: la demanda de electricidad. Durante los peores momentos del confinamiento, la curva que mide el consumo en nuestro país rozó una caída cercana al 20%. El pasado mes de mayo, la demanda inició una paulatina recuperación, y esta semana aunque seguimos observando un nuevo crecimiento, aún estamos entre un 5 y un 10% por debajo al nivel de demanda de fechas equivalentes de años anteriores. La recuperación es real pero su ritmo viene marcado por la prudencia. 

[Recibe diariamente los análisis de más actualidad en tu correo electrónico o en tu teléfono a través de nuestro canal de Telegram]

Volver a la senda previa a la pandemia no será fácil y necesitará del empuje y la colaboración de todos. Este es el mensaje en el que coincidimos las principales compañías del país y así lo expresamos recientemente en la oportuna y necesaria convocatoria realizada por la CEOE. Tenemos orígenes y perfiles diferentes, pero nos une una misión poderosa:  contribuir con nuestras mejores capacidades a la reconstrucción de la economía y de la sociedad, y salir reforzados de la crisis más virulenta que ha sufrido España en décadas.  

El consenso ha sido inédito: la recuperación pasa por consolidar un modelo económico que asiente un crecimiento y un desarrollo sostenibles. La fórmula para hacerlo es la coordinación y el compromiso de todos los agentes económicos y sociales en colaboración con las administraciones públicas. La trascendencia del momento así lo exige.

La hoja de ruta está trazada y, por suerte, España no parte de cero. Antes de la pandemia, el país ya avanzaba con determinación en este modelo cuyo eje transversal es la transición energética y que ahora ofrece una oportunidad histórica para salir de esta crisis. No en vano, las inversiones necesarias para materializarla movilizarán a su vez otros recursos económicos generando un círculo virtuoso con gran capacidad de creación de empleo y modernización del sistema productivo en su conjunto. 

Ahora es el momento de acelerar este proceso y contamos con las herramientas necesarias para hacerlo. Por un lado, disponemos un marco normativo sólido encabezado por el European Green Deal y concretado en España en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) que establece ambiciosas metas en términos de descarbonización de la economía, integración de las energías renovables, eficiencia energética y nuevas formas de movilidad, sin dejar atrás la protección del medioambiente y la apuesta por una transición justa e inclusiva. La actividad que debemos desplegar para cumplir con sus objetivos será un potente motor que dinamizará nuestra economía: el plan estima una movilización de 241.000 millones de euros entre 2021 y 2030. Por otro lado, el sector energético ya ha demostrado que está preparado para afrontarla, cuenta con capacidad financiera y un gran interés inversor.

Para que España camine con paso firme por esta senda será preciso continuar con el ritmo de inversión en la instalación de nuevos generadores renovables, pero también en el desarrollo de una red de transporte inteligente, robusta y flexible, que resulta imprescindible para integrar los puntos de generación distribuida, híbrida y el autoconsumo. Asimismo, será necesario invertir para optimizar la operación del sistema, cada vez más compleja; implementar medidas de gestión de la demanda y desarrollar sistemas de almacenamiento, especialmente críticos en los territorios no peninsulares. No debemos olvidar que sin redes no hay transición energética posible.

El PNIEC prevé una inversión en redes y electrificación superior a 50.000 millones de euros, pero es preciso recordar que los tiempos de maduración de los proyectos de infraestructuras eléctricas son prolongados, en buena medida por la tramitación ambiental y administrativa. Por eso sería deseable alcanzar un compromiso para identificar aquellos proyectos que sean clave por su contribución directa a los objetivos del Plan y calificarlos como “proyectos de interés general”, para que gocen de una tramitación preferente, sin que esto merme su necesario y riguroso procedimiento administrativo y ambiental. 

Esto será un acelerador no solo para lograr que los nuevos recursos renovables se puedan conectar a la red al ritmo que marca el PNIEC, sino para dinamizar la economía española y la creación de empleo. 

El desafío que se abre ante nosotros es grande, pero las oportunidades también. Y las principales empresas del país no podemos eludir nuestra responsabilidad de contribuir a esta respuesta global. España puede contar con el impulso y el compromiso de Red Eléctrica que, como operador y transportista del sistema eléctrico español, estará en el centro de esta transformación. Tenemos la convicción de que, con nuestro trabajo y el empuje del resto de los españoles, podremos avanzar hacia una sociedad más sostenible y, por tanto, más próspera, justa y resiliente.

Autoría

Deja un comentario

X

Uso de cookies

Esta página utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle información relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.