¿Qué Europa quieren los europartidos?

La política europea pivota alrededor de dos grandes ejes: el clásico derecha/izquierda, de tipo horizontal, centrado en asuntos económicos y sociales, y el vertical (más transversal) a propósito de si debe primar el inter-gubernamentalismo o la supra-nacionalidad. Una vez más, y probablemente con más intensidad que nunca, se van a confrontar estas dos dimensiones en las cruciales elecciones europeas de mayo de 2019: de un lado, una Europa neoliberal versus otra social, y de otro, una Europa de Estados ‘soberanos’ u otra en vías de (relativa) ‘federalización’ progresiva. Lo cierto es que, siendo los partidos nacionales bastante coherentes en el primer eje (dentro de lo esperable y siempre con excepciones y matices), lo son mucho menos en el segundo, que atraviesa la anterior dimensión ideológica (hay partidos de derechas integracionistas y soberanistas, algo que se reproduce casi tal cual en los de izquierdas).

Un cierto avance federalizante de la política europea ha sido la emergencia (siquiera embrionaria) de los europartidos que, de un lado, contribuyen a simplificar un tanto el panorama tan fragmentado del Parlamento Europeo (PE) y, de otro, van integrando poco a poco el espacio público europeo. No obstante, no puede ignorarse que los europartidos son esencialmente endebles plataformas instrumentales (para recibir financiación y tener más capacidad de iniciativa parlamentaria) e indirectas (son una mera emanación subordinada de los partidos nacionales). Son poco conocidos por las opiniones públicas nacionales, no articulan ni agregan intereses y no son capaces (aún) de generar dinámicas políticas estables de mayorías de apoyo y minorías de oposición. Con todo, sí tienen alguna influencia, en particular por sus orientaciones programáticas.

En este sentido, es de interés analizar someramente los contenidos de los manifiestos electorales que los principales europartidos han elaborado para las próximas elecciones europeas, a fin de ver qué preferencias expresan en los dos ejes. Por esta razón, es importante tomar en consideración tales textos, puesto que las políticas europeas que se desarrollarán se inspirarán en propuestas de las formaciones vencedoras.

De acuerdo con los resultados de 2014, se sigue aquí para su análisis el orden de los principales europartidos en función de su fuerza parlamentaria: PPE, PSE, CRE, Alde, PVE, ALE y PIE. Dado el más que previsible ascenso de la extrema derecha, aunque sus partidos nacionales no han configurado europartidos (están en contra) y en la legislatura que concluye han estado integrados en dos grupos parlamentarios (ELN y ELDD), procede analizar los programas de dos de sus formaciones más relevantes, la alemana AfD y la francesa RN (la Lega no ha publicado aún su programa europeo), puesto que hoy plantean el principal reto para el futuro de la UE.

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El PPE no parece ser del todo consciente de la necesidad de modificar a fondo el rumbo económico e institucional comunitario porque su programa es esencialmente continuista en las dimensiones señaladas (‘EPP Manifesto. Let’s open the next chapter for Europe together’). Reconoce algunos problemas (en particular, el auge del populismo, aunque es incapaz de erradicarlo en su seno al no haber expulsado -sólo suspendido– a un partido tan reaccionario como el Fidesz de Víktor Orbán), pero no anuncia novedades de relieve para encararlos. Sigue insistiendo en recetas fracasadas (la austeridad) y es tímido a la hora de proponer reformas institucionales (más allá de consolidar la fórmula del Spitzenkandidaten ensayada en 2014 y de preconizar que el Parlamento Europeo tenga derecho de iniciativa legislativa).

El PSE es bastante más ambicioso en sus propuestas reguladoras y redistributivas encaminadas a recuperar el «modelo social europeo», tan deteriorado desde 2008, pero su propuesta de «más Europa» es, asimismo, poco específica (‘Un Nuevo Contrato Social para europa. Manifiesto del PSE 2019′).

En el caso de CRE (no está claro todavía si pervivirá en su forma actual tras las elecciones europeas), las propuestas económicas son crecientemente proteccionistas y de claro repliegue nacionalista (‘Making  the EU work  better for you’). El objetivo central de esta opción es el de devolver competencias comunitarias a los estados y reforzar al máximo la soberanía de las naciones, y todo ello con un ideario muy tradicionalista.

Para los liberales de Alde, la prioridad es culminar el mercado único con des-regulaciones, privatizaciones y liberalizaciones, para combatir así a los populistas (‘Freedom, opportunity, prosperity. The Liberal vision for the future of Europe’). Por tanto, el objetivo central de este europartido es el de garantizar el libre mercado irrestricto; a la vez que, para asegurarlo, preconiza incrementar la supra-nacionalidad institucional de la UE.

Los Verdes del PVE se centran, como era previsible, en combatir el cambio climático como prioridad, además de preconizar más justicia social y reforzar la integración supranacional (‘Priorities for 2019: what European Greens Fight For’). Por razones distintas a las de los liberales, su manifiesto es uno de los más federalistas, precisamente para asegurar la redistribución social.

Como es sabido, los Verdes (que son cosmopolitas) comparten grupo parlamentario con algunos partidos nacionalistas sub-estatales de ALE, cuyas preocupaciones son diferentes: aun compartiendo una genérica aspiración a la equidad social, para ALE el objetivo central de su programa es el de conseguir la autodeterminación de los pueblos europeos, para dar paso a una verdadera unión libre de naciones (más bien confederal) frente a la actual Europa de los Estados (‘Building a Europe of all peoples. 2019 Manifesto European elections’).

Por su parte, el PIE (integrado en IUE/IVN) defiende volver al Estado del Bienestar de los «treinta gloriosos», con fuertes propuestas de regulación de los mercados y alta redistribución social. En materia de integración supranacional, no se opone al principio, pero sigue poniendo exigencias muy estrictas para ceder soberanía a «Bruselas» (‘Gauche  européenne. Manifeste’).

Los ultras están haciendo gestiones para formar un solo grupo parlamentario y su principal impulsor es Matteo Salvini, pero sus diferencias económicas (proteccionistas versus neoliberales) e incluso morales (tolerantes versus integristas) lo hace difícil, pese a su coincidencia fundamental: impedir a toda costa la federalización política de la UE. Para AfD (estuvo en CRE, pero fue expulsado en 2016), es fundamental reafirmar la soberanía nacional, frenar en seco la inmigración, rechazar la supra-nacionalidad, suprimir el euro e incluso abolir el Parlamento Europeo, reduciendo la UE a un mero mercado común intergubernamental (‘Europawahlprogramm. Programm  der Alternative für Deutschland  für die Wahl Zum 9. Europäinschen  Parlament 2019’).

Por su parte, el RN de Marine Le Pen se opone al «mundialismo» y al europeísmo «desnacionalizador». El proyecto federalista europeo sería una aberración puesto que, a su juicio, no existe el pueblo europeo. En suma, la derecha radical francesa acepta una simple cooperación económica intergubernamental, pero critica frontalmente la vocación política de la actual UE. Repliegue nacionalista, superación del euro, proteccionismo, estricto control de la inmigración y reducción de la Comisión a un mero secretariado administrativo (‘Pour  une Europe  des Nations. Manifeste  pour une nouvelle coopération  en Europe. ‘L’Alliance Européenne  des Nations’).

El balance sumario que se extrae de este panorama puede agruparse en tres gradaciones dentro de las dos dimensiones.: en el eje derecha/izquierda, los europartidos más favorables a recetas neoliberales son Alde y el PPE (éste, con matices paliativos); los más redistributivos son el PVE y el PIE, seguidos a cierta distancia por el PSE; mientras CRE y los ultras mantienen posiciones de proteccionismo económico y ‘welfare chauvinism’.

En el eje intergubernamentalismo/ supranacionalidad, los más ‘soberanistas’ son CRE, AfD y RN, y los más ‘federalizantes’ Alde, PVE y el PSE, ocupando una posición intermedia PPE, ALE y PIE.

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