¿Qué hacer en 77 días de campaña electoral?

Las malas prácticas de los partidos tienden a intensificarse en los periodos electorales. En parte, es lógico porque en un período que siempre es demasiado corto, se junta la tensión ante la incertidumbre de los resultados, las luchas por los puestos en las listas y los intentos de cambiar esas malas prácticas por atajos que frecuentemente empeoran la situación. Así, con frecuencia, el trabajo político del período electoral acaba estando tan focalizado en la pura lucha comunicativa y electoral que apenas sirve para mejorar/no perder resultados. ¿Para qué sirven las campañas?

Con excepciones locales que funcionan como “casos desviados”, los partidos políticos se encuentran inmersos en un laberinto de malas prácticas, que se intensifican a medida que los partidos se ponen “en modo campaña”.

No forma parte de lo que se habla oficialmente en los partidos. Pero no es difícil percibir, si uno se acerca suficientemente a ellos, cuáles son estas malas prácticas, que por lo general producen pérdida de resultados. ¿A qué nos referimos?

  • A no conocer, o no querer conocer, cómo se ganan y se pierden votantes.
  • A enfatizar al Candidato como líder heroico o hiperlíder, sin prestar atención a la capacidad de otros miembros de la candidatura y de activistas/líderes políticos del partido.
  • A la venta de un gobierno actual y futuro como pauta puramente instrumental de comunicación política.
  • Al predominio de la comunicación unidireccional.
  • A diseñar y manejar programas electorales como si fueran tesis de un opositor concienzudo.
  • A plantear campañas electorales que no pueden ser eficaces en la dimensión temporal legal de una campaña (dos semanas), ni tan siquiera en tres meses.
  • A la ausencia de un componente competitivo a medio plazo, que actúa como recurso estratégico para el corto plazo.

El resultado suelen ser campañas encorsetadas, poco atractivas para un elector cada vez más exigente, donde los candidatos se olvidan de todo lo demás. Por ello, los candidatos, especialmente los nuevos aspirantes, y muy en particular, los de los nuevos partidos, deberían pensar más y mejor en cómo no perder el tiempo precioso que se le dedica a una campaña, y en emplear esa energía para empezar a experimentar aprendiendo buenas prácticas, las que producen resultados.

En lugar de ceder a la tentación de actuar sin reflexionar, como si las prácticas habituales dieran buen rendimiento, se propone utilizar la energía que se genera alrededor de unas elecciones para empezar a sacar mayor rendimiento a ese tiempo precioso.

Esto es más o menos fácil o difícil según se decida abandonar la ilusión del liderazgo heroico y su sustitución por liderazgos empoderadores capaces de suscitar las coaliciones necesarias de votantes con sus líderes, activistas/líderes políticos y candidaturas.

La potencia de esta capacidad de coalición vendrá incrementada si el liderazgo empoderador explota seriamente las experiencias de “buenos prácticos” que casi todas las organizaciones. Dotando a estos buenos prácticos de capacidad para reflexionar desde la acción, y aplicando esa reflexión a candidatos a activista se produce un aumento exponencial de la capacidad y la actualización de coaligarse.

Por encima de todo, los (nuevos) candidatos han de ser conscientes de que, en estos 100 días, se están jugando algo más que los votos de la jornada electoral: también está en juego el éxito o fracaso de lo que sucederá en el medio y largo plazo después de la elección.

Me gustaría mencionar tres prácticas que deberían recibir más atención en este período, pensando principalmente en aquellos candidatos que, desde la oposición, aspiran a llegar al gobierno:

1.- Conversar intensamente para coaligarse

Hay que comprender  que coaligarse requiere conversaciones cara a cara, lo que obliga a buscar una arquitectura social de partido que despliegue activistas/líderes políticos que se coaliguen con los líderes de los votantes de cada barrio. Los partidos deben encontrar quién sabe hacer esto entre los nuestros y entrenarlos para que entrenen a los que quieren/pueden ser activistas. No se trata solo de pensar en una coalición de gobierno forma, sino también en tejer relaciones con todos los oponentes. Pasada la jornada electoral, todos ellos pueden ser útiles antes o después.

 2.- Preparar el aterrizaje para controlar la institución y alinearla con las preferencias de los votantes

Como ha explicado ejemplarmente John P. Burke, aterrizajes incorrectos, con frecuencia, han provocado la pérdida de buena parte del poder institucional y social, conseguido en las elecciones. Un buen aterrizaje puede depender a que en la misma campaña electoral o antes de la toma de posesión, los cargos públicos potenciales aprendan su papel político en las instituciones y cómo coaligarse con la administración municipal, cómo constituir la coalición de gobierno de uno o varios partidos, cómo defenderse del autoritarismo y la corrupción con el dominio de la aplicación del derecho.

Asimismo, contribuirá al éxito del aterrizaje dotarse de dos instrumentos de gobierno, como un presupuesto funcional analítico y la determinación de aquellas cuestiones con un nivel de incógnitas y conflictos que requieren constituir grupos de proyecto estratégico.

3.- Asegurar llevar a las urnas los votos de los favorables y de lograr su implicación para que estos lleven a otros

No se trata solo de ‘hacer campaña’, sino de ‘movilizar’, lo que algunos han denominado la estrategia de ‘get-out-the-vote’, como nos la han explicado Green y Gerber. la campaña del último mes, adelantándose al voto por correo. En este sentido resultan fundamentales las conversaciones personales del último mes- visitas, llamadas, encuentros-, y los medios no personales- debates, anuncios, renovación de la publicidad exterior… sin olvidar la campaña negativa para desmovilizar a los no favorables.

Estas tres prácticas no garantizan el resultado perseguido. Más bien, cuando este se obtiene, permiten empezar con pie sólido la nueva etapa.

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