¿Qué ‘mochila’ iría bien para España?

Dentro de la Agenda del Cambio, el Gobierno acaba de proponer la introducción “gradual” en 2020 de la llamada mochila austriaca. Falta conocer más detalles, pero es una buena idea, aunque no original.  Sin ir más lejos, ya aparecía (de la mano de Luis Garicano) en los distintos acuerdos de Ciudadanos con el PSOE (febrero 2016) y el PP (agosto 2016).  Es decir, que podría tener un amplio respaldo parlamentario… en tiempos parlamentarios normales. Pero los nuestros son tiempos de WhatsApp, en los que el 2020 aparece lejano. Esperemos que no lo sea para nuestra mochila y que ésta acabe teniendo el tamaño adecuado.

¿Qué es la mochila austriaca? ¿Qué efectos tendría su introducción en la economía española? ¿Por qué es una buena idea? La respuesta a la primera pregunta es fácil y bastante conocida; la respuesta a las otras dos no es trivial: depende de qué tipo de mochila se trate y de cómo se analice.

De hecho, como en cualquier ciencia aplicada, un buen análisis es la mejor forma de encontrar un buen diseño. Y esto es la investigación en la que estamos trabajando junto con João Brogueira de Sousa (Universidad Católica de Lisboa) y Julián Díaz-Saavedra (Universidad de Granada). Los resultados son muy interesantes y se resumen en: “Si los trabajadores españoles dispusiesen de una mochila austriaca“, prácticamente todos los grupos sociales “se beneficiarían y la economía española sería una economía más capitalizada y avanzada”. Además, a diferencia de como se hizo en Austria en el 2003, su introducción no tiene por qué ser una moneda de cambio y, de hecho, una mochila mayor es un diseño mejor para nuestra economía.

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La mochila austriaca no es más que un fondo de empleo que se va acumulando con una tasa sobre el salario bruto pero que, a diferencia de los fondos de pensiones individuales, también se puede liquidar en caso de despido, posibilitando que el trabajador lo transfiera a otra empresa cuando encuentra otro trabajo y, al final de su vida laboral, lo utilice como fondo de pensiones. Es decir, que puede complementar, o en parte sustituir, tanto a las pensiones como al subsidio de paro

El hecho de que se pueda liquidar en caso de despido también hace que se haya planteado como una alternativa a la indemnización por este concepto. Ésta fue la motivación cuando, en 2003, se introdujo en Austria a cambio de eliminar las indemnizaciones. El coste de éstas determinó el tamaño de la mochila: pequeña (una tasa del 1,53% sobre el salario bruto). 

Ha habido bastante discusión sobre este mecanismo, pero muy poco análisis riguroso. Además, casi todo se ha centrado en su papel como alternativa a las indemnizaciones por despido. Con este acercamiento, el Gobierno de Zapatero la descartó en 2010.

Desgraciadamente, es con este mismo enfoque con el que ahora reaparece, con lo que puede correr la misma suerte y, en el mejor de los casos, desperdiciará la posibilidad de diseñar una ‘mochila’ más adaptada a nuestra economía. Eso sí, la reforma en Austria tuvo un efecto positivo sobre el empleo y ya sería un buen paso. Pero hace falta analizar de entrada la mochila-fondo por sí misma. 

Esto es lo que hacemos, utilizando los métodos actuales de la macroeconomía cuantitativa –en particular, los trabajos sobre pensiones de Javier Díaz-Giménez y Julián Díaz-Saavedra– para recrear (calibrar) la economía española (en 2014) con bastante detalle: demográfico (esperanza de vida, dependiendo de la edad, etc.), social (diferentes niveles de formación), institucional (sistema de pensiones y seguro de desempleo) y microeconómico (los agentes toman decisiones de empleo, ahorro, etc.).

Como en la vida misma, las leyes, el azar y las decisiones de los agentes determinan su vida profesional y personal, pero al final, en equilibrio, los agregados (distribución del empleo, consumo agregado, relación entre capital y producto, etc.) deben ser lo más parecidos posible a los de la economía española en 2014. Como un cuadro, en el que los rasgos no son una reproducción fotográfica, pero que en su conjunto podamos reconocer nuestra economía. No es una tarea fácil, pero sólo así podemos dar crédito a nuestros experimentos.

¿Qué efectos tiene la introducción de la mochila austriaca en (nuestra) economía española? Si la introducimos como complemento a los sistemas actuales de pensiones y de seguros de paro, prácticamente todos los grupos sociales (empleados, parados e inactivos, y, en su conjunto, con diferentes niveles de educación) salen ganando con la reforma.

¿Cómo puede ser si la mochila se financia con un impuesto adicional sobre el trabajo y nuestros empleados podrían ahorrar lo mismo por su cuenta? Ciertamente, los costes laborales aumentan y, en nuestro caso, se reflejan en la diferencia entre el salario bruto y el neto; pero, además de complementar el seguro de paro y las pensiones, la mochila tiene dos ventajas que compensan, y sobrepasan, estos costes.

En primer lugar, si (como es de esperar) el ahorro a través de la ‘mochila’ no está sujeto al Impuesto sobre la Renta, sí que hay diferencia entre el ahorro privado y el ahorro a través de este instrumento, aunque ambos estén gestionados por fondos privados con las mismas oportunidades de inversión. En segundo lugar, al tratarse de ahorros forzados, hay efectos de equilibrio general nada despreciables: la economía está más capitalizada (una carencia de la española) y, por lo tanto, los salarios son más altos. La importancia de este último efecto depende de hasta qué punto modelamos la economía española como cerrada o abierta, siendo mayor en el primer caso; lo que nos lleva a la última pregunta.

¿Cuán grande debe ser la mochila? En nuestra economía, el bienestar social se maximiza con una mucho mayor que la austriaca. Según nuestros cálculos actuales, la tasa sobre el salario bruto debería ser de alrededor de un 10% si consideramos la economía española como abierta al 100% y más del doble si la consideramos cerrada (¡con el 29% se cubren pensiones y seguro de paro!). Es decir, la mochila puede tener mucho recorrido.

Además, hay una tercera ventaja que no valoramos: como toda mochila, favorece la movilidad y, como ya han sugerido Tito Boeri y Juan Francisco Jimeno, ¡sería una gran idea establecerla en toda la Unión Europea!

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