¿Qué va a ocurrir el curso que viene?

Debido a la pandemia de Covid-19, el 14 de marzo de 2020 el Gobierno de España aprobaba en sesión extraordinaria el estado de alarma en el país, medida que se hizo efectiva el domingo 15 de marzo a las 00.00 horas. Como consecuencia directa, la educación pasó un viernes de ser presencial y de desarrollarse con absoluta normalidada totalmente en línea el lunes siguiente.

Durante el tiempo que ha durado el confinamiento, el profesorado ha ejercido su labor de forma notable ante una situación sin precedentes en la historia reciente y a la que ha tenido que adaptarse de forma rápida e imprevisible, suponiendo un cambio radical respecto al escenario en el que estaba acostumbrado a realizar su labor.

Por ello, si durante la pandemia se ha hablado de crisis sanitaria, parece lógico pensar que también la ha habido educativa. Nos parecía una oportunidad única para abordar una investigación, liderada por el profesor Fernando Trujillo, de la Universidad de Granada, y financiada por Educación Conectada, Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) y BBVA y que se titula Panorama de la educación en España tras la pandemia de Covid-19: la opinión de la comunidad educativa, que nos permitiera recoger todas las preocupaciones, inquietudes y necesidades que el profesorado se plantea una vez finalizado el confinamiento. La pregunta, que se ha convertido en una espada de Damocles para estos profesionales, familias y alumnado es qué va a ocurrir el curso que viene.

Los investigadores e investigadoras que abordamos este proyecto creemos necesario recoger la voz de los principales implicados en esta compleja situación para ponerla al servicio de una toma de decisiones más ajustada a la realidad y las necesidades de todos ellos.

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La investigación, en la que han participado más de 5.000 docentes, así como familias y alumnado, ha ahondado sobre sus preocupaciones, necesidades y propuestas para el curso escolar 2020-2021.

Los hallazgos que hemos encontrado ofrecen una doble perspectiva muy compleja: por un lado, generan un motivo de esperanza sobre los escenarios que pueden darse el curso que viene y, por otro, plantean algunas dudas sobre la viabilidad de una educación de calidad.

Parece existir un consenso en todos los sectores sobre las necesidades básicas respecto a cuestiones como la disponibilidad de dispositivos, las medidas sanitarias… Así, por ejemplo, a casi siete de cada 10 docentes les preocupa la falta de dispositivos entre el alumnado para la enseñanza a distancia (el 78,8% reclama guías de actuación y protocolos de seguridad), las familias destacan la necesidad de atender a la brecha tecnológica y el alumnado reclama la existencia de recursos tecnológicos a su disposición.

Pero más allá de estos datos, hemos realizado algunos análisis que nos permiten examinar más en profundidad esta opinión del profesorado ante el curso que viene y que son motivo de esperanza.

En primer lugar, podemos afirmar que esta situación sobrevenida de enseñanza ‘online’ por el confinamiento ha supuesto un auténtico conflicto para el profesorado entre muchas de sus prácticas habituales y la ‘nueva realidad’. Esto lejos de ser negativo, podría resultar muy provechoso para el curso que viene.

Así, hemos encontrado que el profesorado se preocupa notablemente por la motivación de su alumnado para el curso que viene (76%). Han cobrado importancia las competencias hasta ahora más relegadas por otras más académicas, como la gestión emocional (61%) o que sus estudiantes puedan ser autónomos, autogestionar su aprendizaje (60%).

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De igual modo, hemos podido ver en los análisis cualitativos cómo muchos de ellos y ellas empiezan a reclamar más información sobre cómo está el alumnado gestionando su situación personal y académica. Se aproxima a lo que Álvarez Méndez (2001) planteaba cuando hablaba de evaluación formativa. Por otro lado, destaca la vuelta a una idea del centro educativo como una red de trabajo en la que puedan sentirse apoyados y con un equipo directivo que ejerza un liderazgo pedagógico, más allá del meramente administrativo. En este sentido, resulta también interesante que se reclame que el contexto social más cercano apoye la educación, ya sea con espacios o mediante la consideración al trabajo que realiza el profesorado.

Igualmente, resulta muy interesante la importancia que el profesorado atribuye a la formación; relativa a cuestiones instrumentales o tecnológicas, pero también más allá: sobre metodologías y pedagogía y didáctica. Parece que la formación de calidad tiene sentido para el profesorado ahora que está conectada con necesidades prácticas reales.

Por otro lado, hemos encontrado algunas cuestiones preocupantes para el correcto desempeño del curso que viene.

Entre las preocupaciones del profesorado se encuentra el asunto de las ratios y el aumento de plantilla, que deberían materializarse de forma casi obligada para el curso que viene si es que se quieren respetar las medidas sanitarias. Muy relacionado con esto está el asunto de las infraestructuras: los centros no disponen de las suficientes para cumplir con el distanciamiento social y el profesorado se muestra, como es lógico, preocupado por la incertidumbre que genera la ausencia de medidas concretas ante estos problemas, que difícilmente pueden resolverse de forma efectiva sin una inversión importante por parte de las administraciones educativas.

En este sentido, es importante destacar que, en los análisis realizados, hemos encontrado numerosas evidencias de un amplio desgaste, de un estado general de desilusión y desesperanza del profesorado ante los escenarios que esperan para el curso 2020/2021.

Entendemos que este desgaste radica en que se encuentran sobrepasados por la labor realizada durante el confinamiento; labor ejemplar, sin apenas recursos y sacando tiempo de donde no lo tenían para cumplir con sus obligaciones docentes para con todo su alumnado. Esto es fundamental, porque los docentes demuestran con sus respuestas ser muy conscientes de su responsabilidad como garantes de la igualdad de oportunidades de sus alumnos. Pero, al mismo tiempo, admiten que no la pueden llevar a cabo sin el apoyo y los recursos necesarios por parte de la Administración.

Todos estos problemas de inversión como la ratio o las infraestructuras, junto al aumento de la burocracia (otraa de las críticas casi unánimes del sector) y la percepción de los docentes de que la Administración se escuda, muchas veces, en la autonomía de los centros como forma subliminal de evitar su responsabilidad normativa y de inversión económica parecen haber generado un punto de ruptura entre Administración y profesorado; frente al cual se encuentran cada vez más reactivos.

Por ello, es importante concluir que la investigación realizada pone sobre el tapete algunas cuestiones generales de vital importancia si queremos afrontar la educación para el próximo curso con calidad:

  • La inversión, en una situación como la que se anticipa para el curso 2020-2021. Ofrecer una educación de calidad es imposible a coste cero. Se requiere inversión.
  • La comunidad educativa reclama instrucciones claras por parte de la Administració. Instrucciones que respeten la autonomía de los centros, pero ofrezcan directrices generales y claras para todos ellos.
  • Si bien en la situación en la que nos encontramos la enseñanza en línea parece casi obligada, el profesorado aboga por mantener en la medida de lo posible espacios de docencia presencial, ya que ésta es insustituible para el aprendizaje del alumnado.
  • La educación no es un reto exclusivo del profesorado, es un reto social. Por eso, hace falta un compromiso social y político para llevarla a buen puerto.

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