¿Quién hace más por la igualdad de género en política?

2018 es el año de la mujer, como lo prueban la campaña internacional #MeToo y el éxito de la huelga feminista en España. Es un año crucial que marca un antes y un después en la visibilidad de las demandas de las mujeres. Es muy pertinente entonces recuperar un tema olvidado: ¿quién hace más por la igualdad de género en política, la izquierda o la derecha? ¿Hay diferencias entre ambas o no? ¿Son las eventuales diferencias sólo una cuestión de números o también de estilos? Esto es, la izquierda y la derecha ¿actúan de la misma manera? ¿afectan a los mismos grupos de mujeres?

En un trabajo recién publicado en la revista Politics & Gender, hemos tratado de responder a estas preguntas usando datos de todos los parlamentos autonómicos españoles y centrándonos en los dos partidos de ámbito estatal más importantes, PSOE y PP. Algunos de los resultados más importantes han sido recogidos en español en un artículo publicado en The Conversation. En esta ocasión, trasladamos el foco de atención, sin embargo, a todos los partidos de izquierda y derecha. Acometer esta tarea, que por otra parte parecería la típica sugerencia de un revisor anónimo de revista, requiere de una importante dosis de paciencia, dada la complejidad de encuadrar a todos los partidos en uno de los dos campos ideológicos.

En primer lugar, hemos unificado bajo una denominación única a los partidos y coaliciones que han competido bajo diversas siglas, sea en diferentes momentos (es el caso de PCE-Izquierda Unida o de Coalición Popular-Alianza Popular-Partido Popular entre otros) o en distintas comunidades autónomas (es el caso de PSOE-PSC-PSE, por ejemplo). En algunos casos, los cambios de nombre pueden haber respondido a estrategias legales más que políticas (éste sería el caso de Herri Batasuna, Euskal Herritarrok y otras formaciones que hemos recogido bajo la etiqueta abertzale, en la que incluimos también a algún diputado que en algunos años se presentó por alguna de ellas y en otros, como independiente). Para una discusión más elaborada de los retos planteados por la unificación de las siglas, se puede consultar este artículo.

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Incluso después de esta simplificación, estamos hablando de 46 partidos que han competido en 138 elecciones autonómicas (1980-2011). La siguiente tabla muestra los partidos que hemos incluido en cada uno de los dos bloques ideológicos, siendo conscientes de que algunos casos son más controvertidos que otros. Afortunadamente, es probable que cambios en la clasificación de partidos menores, que afecten a pocos diputados, tengan poco impacto en nuestros análisis, que en conjunto tienen en cuenta a más de 5.000 diputados diferentes a lo largo de más de 30 años.

Una vez clasificados los partidos, pasamos a responder a nuestra primera pregunta: ¿hay diferencia entre izquierda y derecha en la distribución por género en los parlamentos? Según una conocida tesis, los partidos de izquierda debieran feminizar más los parlamentos que los de derecha. ¿Sucede esto realmente? ¿Qué dicen nuestros datos? El gráfico siguiente muestra la diferencia entre partidos de izquierda y de derecha en la probabilidad de que un diputado/a sea mujer, descontando el efecto de otras variables que pudieran estar afectando a esa probabilidad, como el tamaño del parlamento, la competitividad de las elecciones, la existencia o no de cuotas de género y el año en el que las elecciones tuvieron lugar.

Valores positivos en el gráfico indican que la probabilidad de que un diputado/a sea mujer es mayor para los partidos de izquierdas y valores negativos, que es mayor para los de derechas. Como todos los valores del gráfico son positivos (la línea siempre está por encima de 0), la probabilidad de que un diputado/a sea mujer siempre es mayor para los partidos de izquierdas que para los de derechas. Este resultado es consistente con el que habíamos mostrado en las publicaciones arriba citadas para el PSOE y el PP, y lo extiende al conjunto de partidos de cada bloque ideológico.

Además de mostrar la mayor aplicabilidad de la relación observada, el gráfico presentado aquí permite investigar cómo evolucionan las diferencias entre los dos bloques ideológicos en términos de inclusión de diputadas: ¿permanecen constantes? ¿Suben o bajan? ¿Tienen una forma parabólica? ¿Qué nivel tienen? Al principio, la diferencia es muy pequeña, del 1% al 2%, porque el porcentaje de mujeres es bajo para todos los partidos. No obstante, esta diferencia crece de manera sostenida durante la mayor parte del período, reflejando el liderazgo de la izquierda en la feminización de los parlamentos. Cabría pensar que, una vez constatado que la presencia de representantes femeninas no menoscaba las perspectivas electorales de los partidos, la derecha imitaría a la izquierda en etapas posteriores. Sin embargo, esta expectativa no resulta respaldada por nuestro análisis: las diferencias entre los partidos de uno y otro campo ideológico han seguido ensanchándose y sólo se han estabilizado hacia el final del período, cuando la distancia entre los partidos de ambos bloques queda en torno a un 7%.

¿Qué hay de nuestra segunda pregunta?: ¿feminizan de igual manera y a los mismos grupos de mujeres los partidos de izquierdas y de derechas? Para comprobarlo, analizamos dos mecanismos mediante los que se puede favorecer un aumento del número de mujeres en los parlamentos. Por una parte, se les puede abrir las puertas por primera vez (gate-opening); por otra, se puede favorecer la permanencia en los mismos a las mujeres que ya son diputadas, esto es, se pueden promocionar sus carreras políticas (career-promoting). Hasta ahora, estos mecanismos no habían sido analizados por separado. Nuestros resultados para el PSOE y el PP corroboraban la tesis de la ideología para el primer mecanismo y la refutaban para el segundo: ¿se debe esto a características específicas de estos dos partidos o se trata de un patrón más general, de un comportamiento diferencial de la izquierda y la derecha en su conjunto?

Para estudiar el mecanismo de apertura de puertas, el segundo gráfico restringe los análisis a los diputados junior (es decir, aquéllos que acceden por primera vez al Legislativo). Su interpretación es análoga a la del primer gráfico: como la línea es positiva en todo el período, la izquierda es más eficaz que la derecha en incorporar mujeres ‘junior‘ a los parlamentos. Las diferencias son pequeñas (pero estadísticamente significativas) al principio y crecen durante los primeros 20 años, hasta estabilizarse cerca del 8%.

Hasta aquí, todos los resultados son consistentes con lo que cabía esperar según la tesis de la ideología y la feminización política. El tercer gráfico muestra que el resultado sorprendente que habíamos detectado para el PSOE y el PP no se limita a estos partidos. Cuando consideramos a todos los partidos de ambos bloques ideológicos, la derecha vuelve a mostrarse superior a la izquierda en la promoción de la permanencia de las mujeres. Al estar consistentemente por debajo de 0, el gráfico pone de relieve que la probabilidad de mantener a una parlamentaria siempre ha sido menor en los partidos de izquierdas que en los de derechas. En efecto, la línea es consistentemente negativa, y muestra que la izquierda ha tenido una desventaja de entre el 6,2% y 6,5%.

En resumidas cuentas, los resultados que habíamos puesto de manifiesto para el PSOE y el PP no se deben a una particularidad de estos dos partidos, sino que son aplicables a los dos bloques ideológicos en su conjunto y, por lo tanto, tienen, en principio, que ver con algo que hacen las izquierdas en tanto que tales que es diferente de lo que hacen las derechas. Sin embargo, aún nos queda mucho por saber: ¿es este patrón generalizable también a otros países? ¿existen diferencias importantes entre distintas familias dentro de cada bloque ideológico? Por ejemplo ¿las hay sistemáticas entre conservadores y liberales, o entre socialdemócratas e izquierda alternativa? O también: ¿se comportarán los pujantes partidos populistas de izquierdas y de derechas de forma parecida a la del resto de partidos de su bloque ideológico? Y, finalmente, ¿estamos ante una disyuntiva insalvable entre mejor nuevas caras y mejor las caras ya conocidas?

La base de datos que se utiliza en el trabajo se denomina Bapolau y se construyó con ayuda del proyecto La elite política autonómica en la España democrática (BSO2003-02596), liderado por el catedrático Xavier Coller (Universidad Pablo de Olavide, Sevilla).

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