Reformar la Constitución: dos iniciativas

El PSOE ha llamado a algunos académicos para colaborar en las propuestas de reforma de la Constitución de 1978.Tengo la suerte de ser uno de ellos, y, para aclararme las ideas, aquí trato de ordenar algunas a título exclusivamente personal.

Tenemos un problema de legitimidad que afecta a la Constitución, aunque se refiera primordialmente al sistema político y a los partidos tradicionales que son sus principales actores. Las formaciones políticas emergentes surgen del rechazo de los partidos que fueron protagonistas directos, o herederos principales, del proceso constituyente nacido tras las elecciones de 1977. Esos partidos son percibidos como parte del problema, pero creo que sin ellos no se podrá solucionar: todavía representan a mucha gente, y podemos verlos de nuevo en el gobierno.

Hay un partido que no muestra deseos de cambiar la Constitución: el Partido Popular. Más hacia el centro, Ciudadanos y PSOE plantean el cambio constitucional sin poner en duda el respeto de los procedimientos preestablecidos. A su izquierda parece que hay sobre este punto una mayor ambigüedad, pero probablemente porque no se han consolidado estrategias claras mientras discuten el modo en que se presentan a las próximas elecciones.

En todo caso, los cambios constitucionales deberán iniciarse en unas condiciones muy distintas a las que tuvieron los constituyentes de 1978. Los políticos de entonces gozaban de mayor prestigio del que hoy tienen las personas elegidas en las diversas instituciones representativas. La sociedad de hoy está mejor educada, y tiene acceso a mucha más información de la que disponíamos entonces. Por ejemplo: cuando se afirma categóricamente que no existen competencias exclusivas en las federaciones contemporáneas, con un par de clics en el navegador cualquiera puede verificar que Canadá carece de un ministerio federal de educación, por la simple y buena razón de que tal materia es competencia de las provincias. Competencia exclusiva, por supuesto.

Tanto Ciudadanos como el PSOE se orientan hacia un modelo federal. Y la trayectoria de ambas formaciones suscita dudas. El PSOE, en el pasado desde el gobierno, ha tenido oportunidades para promover reformas constitucionales de signo inequívocamente federal, como la del Senado. No lo ha hecho, de modo que deberá ser muy persuasivo para superar ese problema de credibilidad. En cuanto a Ciudadanos, es una formación nacida de la oposición al nacionalismo catalán, y muy singularmente a la inmersión lingüística en el sistema educativo. Nada eso descalifica a Ciudadanos, siendo las posiciones mencionadas tan legítimas como aquellas a las que se oponen. Pero con su trayectoria parece apuntar a un modelo federal en el que las competencias educativas estarán más centralizadas de lo que ahora lo están. El PSOE da en ese aspecto una imagen algo menos hostil al reconocimiento y promoción de la diversidad, mientras que Ciudadanos se quiere inspirar en Alemania y no en Bélgica, Canadá o Suiza. Pero para los socialistas es difícil que pueda superar el crédito inicial de una formación emergente que, por serlo, no arrastra el desgaste de cualquier experiencia de gobierno.

La cuestión territorial es urgente porque no puede descartarse la hipótesis de que el resultado de las elecciones catalanas anunciadas pueda propiciar la secesión unilateral. Existe la tentación de ignorar el problema, como si en esta crisis la pasividad fuera signo prudencia. O la de corregir a la baja, antes de formularla, cualquier propuesta que puede costar votos fuera de Catalunya. Es cierto que la Constitución no tiene cláusulas de intangibilidad, pero en relación con el sistema de financiación, el PSOE se comporta a veces como si existieran. Ciudadanos no parece tan contenido, y se propone directamente eliminar los modelos navarro y vasco. Así se plantea un interesante tema de debate: si los modelos forales de financiación son compatibles con la solidaridad, ¿por qué no pueden ser una opción para otras comunidades autónomas?; si no lo son, ¿por qué mantenerlos?

Desde que entró en vigor la Constitución de 1978, sabemos por experiencia lo que significa vivir bajo un régimen constitucional. Muchos de los que peinamos canas podemos comparar ese sistema político con el de la dictadura de Franco, pero somos una minoría en el conjunto de la sociedad española, donde hoy la mayoría no pudo, por minoría de edad o por no haber nacido, votar la Constitución. Nadie debe esperar de su reforma un clima de ilusión como el que se generó en la Transición, pero es imprescindible esforzarse por dar a la juventud actual algunas de las esperanzas políticas que los jóvenes de entonces tuvimos. Corrijamos la degradación de la democracia, y esforcémonos por liberar de partidismo aquellas instituciones en las que no debe tener lugar. Aunque sea difícil concretarlo, intentemos que los derechos sociales en la Constitución tengan alguna garantía eficaz. La reforma constitucional debe ser mucho más que un retoque técnico.

 

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1 Comentario

  1. quim molins
    quim molins 07-21-2015

    Amigo Xavier
    Estoy bastante de acuerdo en la mayoría de reflexiones que haces, pero partes de una premisa que, en mi opinión, es un mantra existente en la Barcelona oficial pero que no es real: Que yo sepa, el Partido Popular parte de la base que para cambiar la constitución debe existir previamente un consenso básico sobre los puntos y sentido de la reforma; hasta ahora el PSOE solo lo menciona para diferenciarse del PP pero los contenidos están aún muy difusos.
    Espero que con tu participación en el grupo dentro de poco sepamos que objetivos propone el PSOE.
    También pido a Ciudadanos y al Partido Popular que hagan lo mismo
    Un abrazo

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