Reformas y desigualdad en España: el espejo griego

España, naturalmente, no es Grecia pero en ambos países han sucedido y suceden cosas parecidas.

El acuerdo del domingo pasado sobre el tercer rescate en Grecia probablemente será, una vez más, sólo un recurso para ganar tiempo. Las restricciones económicas, pero fundamentalmente las políticas, no permiten ir más allá. Aunque puede que esta vez sea diferente: el Financial Times publicó el lunes siguiente dos artículos con perspectivas muy distintas sobre el acuerdo pero coincidentes en lo poco sostenible de la situación. G. Rachman consideraba que Alemania había concedido el rescate a cambio de nada y había cedido ante las economías fiscalmente menos responsables de la UE (no solo Grecia). W. Munchau opinaba, por el contrario, que la forma de actuar de Alemania era impropia de un socio y que el proyecto de la UE empezará a deshacerse si se le extirpa el horizonte de una unión político-fiscal.

¿Por qué debería importarnos lo que sucede en Grecia? ¿Qué tienen en común Grecia y España? Los fundamentos económicos son bastante distintos y las instituciones españolas, a pesar de sus múltiples defectos, probablemente estén algo mejor que las griegas. Los dos países se parecen porque ambos han estado en el foco de la UE y del resto del mundo: Grecia desde el principio de la crisis y España en 2010 y en 2012. Con variaciones según cada caso y las circunstancias del momento, la opinión dominante ha considerado que en cualquiera de estos dos países podía ocurrir un “accidente” económico cuya onda expansiva podría llegar a afectar a la estabilidad del euro. Frente a esta opinión, la reacción ha sido condicionar el apoyo financiero a que estos países (y otros) redujeran su déficit público y adoptaran reformas estructurales. Pendientes de lo que suceda en Grecia en las próximas semanas, esta gestión de la crisis ha evitado la ruptura del euro y el desbarajuste consiguiente, pero empieza a ser hora de preguntarse a qué coste; cuál ha sido el impacto redistributivo de la consolidación fiscal y las reformas.

Se trata de una pregunta de calado cuya respuesta probablemente tiene mucho que ver con los últimos acontecimientos políticos y los del futuro más próximo. En un artículo reciente realizo un primer análisis, muy preliminar y básico, de la cuestión y llego a la conclusión de que España ha sufrido tres oleadas consecutivas que han hecho aumentar la desigualdad:

  1. Hoy sabemos que desde 1970 la desigualdad ha aumentado de forma continua en las economías avanzadas. Pero no ha aumentado en todos los países por igual.  En 2007, antes de la crisis, según la ratio 90/10 (la renta media del 10% más rico en relación a la renta media del 10% más pobre) los dos países más desiguales de la OCDE eran, precisamente, Grecia y España.
  2. Los efectos de la crisis tampoco no han sido los mismos en todos los países. En particular, España es el país de la OCDE donde la desigualdad en ingresos laborales (medida por el índice de Gini) ha crecido más entre 2007 y 2011. Esto se debe a dos factores: principalmente a los sueldos que se han perdido al perderse el puesto de trabajo y, en segundo lugar, al incremento en la desigualdad de los salarios de los que han seguido trabajando. En España, ambos efectos (el efecto “empleo” y el efecto “salario”) han incrementado la desigualdad pero en Alemania, Polonia y Holanda, por ejemplo, han actuado en sentido contrario durante el mismo periodo.
  3. Como la crisis no ha sido igual en todos los países, los “remedios” y sus consecuencias tampoco lo han sido.
    1. En cuanto a las reformas estructurales, la principal que se ha realizado en España recientemente ha sido la del mercado laboral. Es pronto para valorarla, pero por lo que sabemos hasta ahora parece que ha introducido más desigualdad (ver aquí)  y no ha reducido la dualidad (ver aquí). Muchos jóvenes, o los que se incorporan a un nuevo puesto de trabajo provenientes del paro, pueden estar cobrando un 20% menos (o incluso por debajo) que antes de la crisis.
    2. En materia de ajuste fiscal, un grupo de países de la UE se ha visto obligado a reducir sus gastos sociales, mientras que otros los han podido sostener o incluso aumentar. El gráfico muestra el gasto público total per capita en sanidad en seis países de la UE: tres que están tensionados fiscalmente y tres que no lo están. Como se puede apreciar, aunque los niveles de gasto público han sido diferentes en los dos grupos, las trayectorias eran crecientes en ambos grupos hasta 2009 (salvo en el Reino Unido entre 2007 y 2009) pero a partir de entonces han divergido.

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El gráfico también muestra cual es el espejo en el que España se refleja mejor desde 2009.

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