¿Regresa el voto de género?

Existe la idea, sustentada en datos, que el género no es una variable significativa a la hora de explicar el voto en elecciones generales en España. Hombres y mujeres votan, o votaban, más o menos de la misma manera. Esto posiblemente no tendría la menor importancia sino fuera porque, en realidad, mujeres y hombres pueden tener problemas diferentes. Y porque, además, los gobiernos de Zapatero impulsaron una decidida agenda de igualdad de género, en frentes tan diversos como la representación paritaria, los derechos civiles y las políticas publicas de igualdad. Como he comentado en artículos pasados, estas políticas no dieron los réditos políticos que el PSOE esperaba, fallando particularmente a la hora de fidelizar el voto femenino socialista en momentos de crisis política y económica. 

¿Cambiarán las cosas tras el 20D?

Los cambios, de existir, parece que no afectarán, al menos en el corto plazo, a las diferencias en actitudes políticas entre hombres y mujeres. La encuesta pre electoral del CIS (diciembre 2015) sigue registrando desafortunadas diferencias en relación con el interés por la política (un 30% de mujeres no sienten ningún interés por la política frente a un 24% de hombres). Más mujeres que hombres afirman desconocer a los líderes de los partidos políticos, con diferencias tan llamativas como en el caso de Alberto Garzón (desconocido para el 26% de los hombres y el 36% de las mujeres) o Albert Rivera (desconocido para el 9% de los hombres y el 16% de las mujeres). Quizás estas diferencias expliquen por qué las mujeres siguen siendo mucho más indecisas que los hombres en lo tocante al voto. (Gráfico 1).

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A pesar de estas continuidades, las encuestas llevan algún tiempo advirtiéndonos también sobre algunos cambios en los perfiles de género de los electorados, particularmente en relación con los partidos emergentes. Por lo general, y en términos de intención directa de voto tal y como los ofrece el CIS, los hombres exhiben en este momento una mayor disposición de votar al PP, seguido de cerca por PSOE, Podemos y Ciudadanos. Por su parte, las mujeres se debaten principalmente entre el PSOE y el PP (y, también, la indecisión, como acabamos de ver). No obstante, las diferencias de género en el voto a los partidos consolidados, particularmente en el caso del PP, no son notables; hombres y mujeres están convergiendo en una intención declarada similar de votar al PP, por ejemplo, en torno al 16% (Gráfico 2). Naturalmente los resultados cambiarán cuando los/las indecisos/as revelen su voto, aunque nada apunta a que la indecisión oculte una bolsa de votantes uniformes: si cruzamos la indecisión con el recuerdo de voto de las mujeres (para la encuesta pre-electoral de diciembre de 2015), nos encontramos con mujeres que a partes más o menos iguales recuerdan haber votado al PP y al PSOE. En relación con el PSOE, y tras varios meses de convergencia absoluta entre hombres y mujeres, se ha abierto una tímida brecha a favor de las mujeres (Gráfico 3). El PSOE es particularmente popular entre las mujeres de 25 y 45 años, quienes, curiosamente, son el grupo poblacional que peor valora la gestión del gobierno del PP en material de igualdad de género.

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Lo verdaderamente interesante lo encontraremos en el terreno de los partidos emergentes. Tanto Podemos como Ciudadanos exhiben perfiles de género en términos de intención directa de voto: en ambos casos son partidos más populares entre los hombres que entre las mujeres. Pero las tendencias están siendo diferentes. La brecha ha ido creciendo en el caso de Ciudadanos (Gráfico 4), coincidiendo con el aumento de su popularidad; en estos momentos, el 13% de los hombres está seguro que votará a Ciudadanos, frente a solamente el 8% de las mujeres. En sentido opuesto, la brecha de género en el caso de Podemos, muy notable en 2014, ha ido decreciendo precisamente cuando este partido parece haber perdido algo de fuelle (Gráfico 5). Es interesante señalar que, si en el caso de Podemos estas diferencias son constantes en todos los grupos de edad, en el caso de Ciudadanos no parecen serlo. Son de nuevo los votantes entre 25 y 45 años los que realmente discrepan en sus afectos; para datos de Octubre de 2015, por ejemplo, si únicamente el 11% de las mujeres entre 35 y 44 años votarían por Ciudadanos, casi el 19% de los hombres de estas edades afirmaban que lo harían.

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Para acabar, creo que es importante enmarcar los posibles perfiles de género en el electorado emergente en dos posibles explicaciones.  Está, por un lado, mi propia teoría, expuesta en artículos anteriores en este periódico, centrada en la oferta política. Creo que hay base para afirmar que los partidos políticos emergentes no resultan atractivos para las mujeres por culpa de sus discursos, narrativas y, sobre todo, sus líderes. La insistencia en preocupaciones alejadas de la igualdad, la débil presencia de mujeres en la dirección de estos partidos y, sobre todo, la preferencia por un perfil mediático combativo desmotiva a votantes que valoran las políticas de igualdad de género tal y como han sido concebidas hasta la fecha. No ayuda aquí, desde luego, un discurso abiertamente conservador por parte de Ciudadanos en asuntos como el aborto o la violencia de género. Pero tampoco podemos olvidar una interesante explicación alternativa, propuesta hace unos meses por el politólogo Lluis Orriols, y que invita a no tomar muy en serio estas diferencias; quizás lo que ocurre es que, simplemente, las mujeres son más prudentes que los hombres, prefiriendo siempre la malo conocido a lo bueno, o muy bueno, por conocer.

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