Renta básica y encuestas: ¿mucho ruido y pocas nueces?

En el actual debate sobre la reforma de los estados de Bienestar, una de las propuestas que resuena con más frecuencia es la Renta Básica Universal (RB), que ya he tenido ocasión de analizar en otros posts en Agenda Pública. Más allá de su discutida viabilidad económica, la asignatura pendiente de sus partidarios sigue siendo articular una mayoría suficiente en términos sociales y políticos que la pueda llevar a la práctica.

La naturaleza algo contra-intuitiva e innovadora de la idea de la RB ha generado siempre dudas, tanto entre sus defensores como entre sus detractores, sobre el nivel de apoyo y aceptación que será capaz de alcanzar entre la opinión pública. Ahora bien ¿cómo es posible medir y detectar dicho apoyo? Una manera de aproximarse a la respuesta es mediante encuestas de opinión a muestras representativas de la población objeto. Obviamente, también lo es la celebración de consultas o referendos en un determinado país o región. Hasta la fecha, el único llevado a cabo al respecto ha sido de Suiza en junio de 2016, con un 76,9% de rechazo a la posible medida.

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Existen ya varias encuestas actitudinales, tanto internacionales como nacionales en diversos países, que preguntan sobre el apoyo potencial a una RB. Sin embargo, los resultados de diferentes encuestas, incluso en el mismo territorio, no suelen coincidir demasiado. Ello resulta esperable por diversos motivos que conllevan un cierto escepticismo:

  • La RB no existe. Por tanto, y a diferencia de otros programas del Estado de Bienestar como la sanidad o las pensiones, sobre los que los ciudadanos tienen opiniones fundadas en su experiencia directa y en multitud de informaciones cotidianas, lo que pueden expresar sobre la RB es altamente hipotético y contra-fáctico.
  • La formulación o enmarcado de las preguntas sobre la RB, la descripción de la propuesta (más rica o más esquemática, más precisa o más vaga, más partisana o más neutra, etc.) y las opciones de respuesta pueden afectar decisivamente a los niveles de apoyo o rechazo expresados en una encuesta.
  • La expresión Renta Básica puede generar malentendidos, dado que no es la única que se utiliza a la hora de referirse a la propuesta; y a la inversa, se ha utilizado para referirse a propuestas bien distintas. A ello se une, en el caso de encuestas realizadas en varios países, que en cada uno de ellos puede existir un término diferente para referirse a la idea de una RB universal, incondicional e individual (asignación universal en Francia, renta de ciudadanía en el Reino Unido o Italia, renta de existencia en Suiza, etc.), con lo que a veces es difícil garantizar que los sujetos se estén refiriendo exactamente a lo mismo cuando contestan la pregunta. Un problema habitual en este sentido es que los encuestados confunden la RB con las rentas mínimas condicionadas u otro tipo de programas similares de asistencia social. Por ejemplo, Borja Barragué y César Martínez documentan el caso de una encuesta interna a la militancia de Podemos en el año 2015, contestada por más de 7.800 personas, en la que se preguntaba por el apoyo a la RB, obteniendo una abrumadora mayoría a favor. Seguidamente se inquiría sobre quiénes debían recibirla; la opción la totalidad de la población (correcta) sólo fue elegida por el 28,8% de los encuestados, mientras que el 31,1% escogieron quienes se encuentran por debajo del umbral de la pobreza, y otro 31,3% optó por aquellos que no disponen de ningún tipo de ingreso, ambas opciones incorrectas si se había entendido bien la propuesta de la RB. En el fondo, por tanto, la mayoría parecía entender que se trataba de una prestación no universal únicamente para la población con nivel de renta insuficiente.
  • La diferencia entre el apoyo en abstracto a la propuesta y el expresado cuando se conocen sus costes fiscales puede ser considerable. Dos ejemplos claros en los que mencionarlos es suficiente para operar un vuelco desde una mayoría favorable a una desfavorable son la encuesta IPSOS-MORI realizada por la Universidad de Bath para el Reino Unido en 2017 y la llevada a cabo por Kela (la Seguridad Social finesa) para ese país en 2015, como parte de los estudios preparatorios del experimento piloto (descrito aquí por Jurgen De Wispelaere). En el primer caso, el apoyo en abstracto a una RB alcanzaba el 48% (frente a un 44% de rechazo); sin embargo, ese apoyo bajaba al 29% cuando se mencionaba la posibilidad de que la RB implicase subir los impuestos (sin concretar cuánto), al 37% si tenía la consecuencia de recortar las actuales prestaciones, y al 22% si conllevaba ambas cosas. En el caso finlandés, el apoyo en abstracto se elevaba al 69,3%, pero los encuestadores presentaban seguidamente a los sujetos varios escenarios (inspirados en rigurosas simulaciones reales) de cuantías de RB acompañadas del tipo impositivo sobre la renta necesario para financiarlas: en todos los casos la mayoría se tornaba contraria a la propuesta, alcanzando desde el 59,7% hasta el 65% de rechazos en función de la generosidad de la RB.

La evidencia demoscópica sobre actitudes hacia la RB que a día de hoy ofrece una fiabilidad mayor, tanto por metodología como por muestra, es la que proviene de la Encuesta Social Europea (European Social Survey, ESS), que en su recientemente publicada 8ª edición (correspondiente al año 2016) contiene una elaborada y precisa pregunta sobre la propuesta. Concretamente, se trata de la pregunta E36, que informa correctamente de que la RB sería un pago mensual para toda la población que cubriría los costes de vida básicos, reemplazaría muchas otras prestaciones sociales mínimas, se recibiría tanto si se trabaja como si no, permitiría seguir recibiendo el dinero que se gane trabajando y se financiaría con impuestos.

En el Gráfico 1 puede observarse el grado de apoyo o rechazo que merece la RB, así descrita, en los países participantes en la ESS. Pocos muestran mayorías abrumadoramente favorables, y llama la atención el hecho de que muchos países con estados de Bienestar altamente desarrollados alberguen mayorías claramente contrarias a la RB. Algunos estudios han confirmado esta correlación, hallando además que el apoyo a la RB también se correlaciona negativamente con el gasto por persona en prestaciones sociales, especialmente si no son means-tested (sujetas a control de ingresos), y positivamente con la tasa de paro, las dificultades para llegar a fin de mes y la inseguridad económica.

Una pregunta interesante es la de si el apoyo a una propuesta como la RB no debiera considerarse en términos comparativos con el que se otorga a otro tipo de políticas de garantía de renta alternativas. En concreto, la citada edición de la ESS también pregunta por la propuesta del euroestipendio (formulada originalmente por Schmitter y Bauer en 2001), una especie de renta mínima europea condicionada a que la renta del hogar esté bajo el umbral de la pobreza, y de cuantía ajustada al coste de la vida en cada país.

Como puede observarse en el Gráfico 2, dicha propuesta obtiene un apoyo superior a la RB en todos los países excepto en Finlandia y (por muy poco margen) en el Reino Unido y Holanda. Debe hacerse notar que la pregunta por el euroestipendio incorporaba la información de que éste sería financiado con fondos europeos y que «los países ricos pagarían más que los pobres». Ésto puede hacer aumentar las opiniones contrarias en los primeros (y las favorables en los segundos) de un modo que estaba ausente en la pregunta sobre la RB.

Finalmente, otro motivo que aconseja contemplar con prudencia la evidencia demoscópica sobre la RB son los problemas de consistencia que a veces pueden detectarse en las opiniones de los entrevistados. Un ejemplo que puede observarse en los resultados de la ESS es cómo las personas que han manifestado una actitud favorable a la RB contestan a una cuestión diferente sobre si las prestaciones sociales deberían ser únicamente para las personas con rentas bajas: «¿Estaría usted a favor o en contra de que el Gobierno proporcione prestaciones y servicios sociales sólo a las personas con las rentas más bajas, mientras que las personas con rentas medias y altas se responsabilizan de sí mismas?».

En el Gráfico 3 puede observarse que, contra lo que sería esperable, en todos los países hay un alto (¡e incluso mayoritario!) porcentaje de los que se han mostrado partidarios de una RB universal que afirman ahora estar a favor de que las prestaciones se focalicen sólo hacia los más pobres. Estos resultados sugieren que o bien la idea de la RB no es bien comprendida por muchos entrevistados (incluso cuando se les expone con precisión y claridad, como lo hace la ESS), o bien el respaldo expresado a la misma es muy volátil y poco sólido.

En resumidas cuentas, no parece, de momento, que las encuestas que periódicamente se airean sobre el apoyo a una RB entre los ciudadanos nos vayan a ofrecer información muy fiable acerca de cuál sería su actitud al respecto a la hora de la verdad. Ello aconseja, tanto a partidarios como a detractores, elegir cuidadosamente sus marcos de discurso sobre el asunto.

Nota: algunas partes de este artículo se basan en un informe de próxima publicación que he elaborado para la Fundación Foessa. Asimismo, ‘El País’ publicó una versión reducida.

¿Es deseable la implantación de una renta básica en España? ¿Qué modelo o modelos volverían la propuesta más sostenible? En #AgendaExterior

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