¿Revolución de verano en Puerto Rico?

El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, acaba de oficializar su intención de renunciar como jefe de Gobierno luego de dos semanas de protestas multitudinarias por todo del país. Centenares de miles de personas en el archipiélago caribeño se han manifestado con las consignas “¡Somos más y no tenemos miedo!» y «¡Ricky, renuncia y llévate a la Junta!”. Se estima que alrededor de un millón de personas asistieron a la marcha del paro nacional decretado el pasado 22 de julio de 2019, lo que significa que alrededor del 30% de los residentes en Puerto Rico estuvo presentes en el 11º día consecutivo de protestas.

El gobernador anunció que la renuncia se oficializará el próximo 2 de agosto a las 17.00 (hora de Puerto Rico). Según las leyes y la Constitución de Puerto Rico, la próxima gobernadora sería la ministra de Justicia debido a que el de Relaciones Exteriores conocido en Puerto Rico como el Secretarsio de Estado– renunció a su cargo. Sin embargo, hasta que se oficialice la renuncia del gobernador, éste podría nombrar un secretario de Estado que asuma el cargo de jefe de Gobierno tras su renuncia y hasta que termine su mandato el 2 de enero de 2021. Las próximas elecciones se celebrarán en noviembre de 2020.

Dos eventos transformaron la impotencia y rabia acumulada en acción colectiva. Sin embargo, el descontento generalizado es la suma de siglos de colonialismo, políticas de austeridad acordadas entre el actual Gobierno y la Junta de Control Fiscal impuesta por Estados Unidos y la inadecuada gestión para afrontar los recientes desastres (no tan) naturales –los huracanes Irma y Maria, en 2017.

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Durante las dos semanas pasadas, el Negociado Federal de Investigaciones, mejor conocido como el FBI, arrestó a la ex ministra de Educación de Puerto Rico y a la ex directora ejecutiva de la Administración de Seguros de Salud, junto a otros funcionarios del Gobierno por un esquema de corrupción relacionado con la asignación de contratos con el Gobierno y el lavado de dinero.

El segundo evento detonante fue la publicación de 889 páginas de un chat de Telegram entre el gobernador Ricardo Rosselló y miembros de su equipo de trabajo, contratistas y cabilderos. La filtración fue divulgada por el prestigioso Centro de Periodismo Investigativo. Mediante el uso de lenguaje homofóbico y misógino, los participantes del chat planificaban la narrativa política sobre el Gobierno en redes sociales y medios de comunicación. El gobernador y sus denominados brothers conspiraban para manufacturar un consenso mediante el control sobre la opinión pública y la propaganda.

Según el congresista del partido minoritario Denis Márquez, el chat demuestra violaciones del Código Penal y de la Ley de Ética Gubernamental. Por este motivo, la semana pasada Márquez sometió la Resolución de la Cámara 1465 con un pliego acusatorio de 18 delitos y el reclamo para comenzar un proceso de residenciamiento (impeachment). Las dos cámaras del Poder Legislativo en Puerto Rico están controladas por el partido del gobernador Ricardo Roselló, y no fue hasta horas antes del comunicado de renuncia del jefe de Gobierno que el presidente de la Cámara de Representantes confirmó el inicio del proceso. Un grupo de tres juristas convocados por el presidente de la Cámara de Representantes determinó que existe causa para iniciar su residenciamiento por cinco violaciones de carácter grave.

Ante la falta acción por parte de los representantes electos, la población se ha estado manifestando regularmente desde sus hogares a las 20.00 horas al son de cacerolazos, como bien dicta la tradición latinoamericana. Jóvenes (y no tan jóvenes) denominados como la generación del ‘Yo no me dejo’ en la canción de protesta ‘Afilando Cuchillos’ de Bad Bunny, Residente e Ilé, culminan los días de protesta concentrados frente a la residencia del primer mandatario en la isleta de San Juan.

Esta isleta fue el centro neurálgico de la colonia española de San Juan Bautista, hoy en día Puerto Rico. Asimismo, fue el punto escogido por Estados Unidos para realizar un bombardeo en 1898 y comenzar la ocupación colonial que ya supera el siglo. Unidos bajo la bandera mono-estrellada, la movilización ciudadana ha vuelto a escoger este punto para exigir la renuncia al gobernador y recordarnos que democracia es más que ir a votar cada cuatro años.

Movimientos sociales, artistas y las redes sociales

Artistas y deportistas de prestigio internacional se han unido a las movilizaciones. Además de los ya mencionados Bad Bunny, Residente, e Ilé, podemos destacar a Ricky Martin, Daddy Yankee, Kanny Garcia, Olga Tañon, Ednita Nazario y Benicio del Toro, entre tantos otros. Por medio de las redes sociales, estos influencers han servido de altavoces trasladando las convocatorias de movilizaciones ciudadanas y los reclamos a sus seguidores. Las redes sociales desempeñan un rol central en crear nuevos espacios para el activismo y para disentir, independientes de los controles de los medios de comunicación públicos y privados tradicionales. No sólo han facilitado la distribución del mensaje, sino que han permitido a los ciudadanos convertirse en agentes activos en la construcción de la agenda social. Una agenda social que parece continuará hasta lograr mas que el objetivo inicial de renuncia del gobernador. Este reclamo se convirtió en tendencia en Twitter: #RickyRenuncia.

La diáspora puertorriqueña residente en el Estado español se ha movilizado en apoyo a los residentes en Puerto Rico. El Centro Social La Ingobernable, en Madrid, acogió la manifestación el 22 de julio. Las redes sociales han servido también para convocar concentraciones y muestras de apoyo en ciudades como Madrid, Barcelona, Granada, Pamplona, Toledo, Zaragoza y Burgos. El pasado 16 de julio, un centenar de manifestantes se concentró en el Parque del Retiro. Acompañados de pancartas e instrumentos musicales como panderos, güiros y maracas, entonaron el siguiente estribillo a ritmo de plena puertorriqueña: «Boricuas en Madrid nos unimos al reclamo/ Ricardo Rosselló tu tiempo se ha acabado«. El mismo día se llevó a cabo una concentración en Barcelona exigiendo la renuncia del gobernador.

¿Revolución de verano?

En las redes sociales y medios de comunicación de Puerto Rico algunas personas ya dan por hecho el carácter revolucionario de las movilizaciones recientes y las han catalogado como la ‘revolución de verano’. Pero, ¿cuáles son los requisitos necesarios para que una protesta y movilización ciudadana pueda ser considerada como una revolución?

Según la teoría de sistemas, la revolución se origina ante la ausencia de una sincronía entre los valores dominantes y nuevos valores que nacen de una crisis de legitimidad dentro de los sistemas políticos. La crisis de legitimidad del Gobierno puertorriqueño por la corrupción y las políticas impopulares de los últimos años se puede ver en los carteles en las protestas y en mensajes en las redes sociales.

Ricardo Rosselló ha afirmado recientemente que comenzará a implementar cambios para corregir esta crisis de legitimidad. Si las reformas (las que ponga en marcha en la semana que le queda de gobierno o las de su sucesor) consiguen re-sintonizar los nuevos valores que han surgido en las movilizaciones con los valores dominantes, el sistema político se mantendría inalterado. De lo contrario, si las demandas de justicia para los más de 4.000 muertos del huracán ‘María’, de transparencia ante la corrupción, de reformas ante la creciente ola de violencia de género, de auditoria de la deuda que supera los 70.000 millones de dólares, entre otras, se mueven de la agenda social a la agenda política, y cambian el viejo orden por uno nuevo, entonces sí podríamos hablar de revolución.

Un orden nuevo transformaría necesariamente las estructuras sociales, económicas y políticas actuales. Si bien la violencia ha tenido un rol importante en las pasadas revoluciones a nivel global, es posible romper con el viejo orden a través de una protesta social multitudinaria. Pérez-Lizasuain toma prestado el concepto de estado-de-rebelión de Dussell para explicar cómo la ciudadanía, como garante del poder constituyente, puede destituir al jefe de Gobierno –como sucedió con Fernando de la Rúa en Argentina–, interrumpiendo así el orden normativo hegemónico. ¿El enfrentamiento con el Estado dará lugar a un nuevo sistema político, o simplemente se sustituirá un jefe de Gobierno por otro? ¿Será capaz la movilización ciudadana de mantener el momentum y transformar las demandas colectivas de cambio en un cambio del sistema político actual?

Si la movilización multitudinaria es capaz de implementar cambios en el sistema, pero sin sustituir el anterior, hablaríamos de reformas y no de revolución. Se transforma el viejo orden, pero no se construye uno nuevo.

Sólo el tiempo nos dirá si esta movilización ciudadana (1) se complace y desvanece con la remoción del jefe de Gobierno, (2) si se complace y desvanece luego de reformas estéticas, o (3) si da a lugar a una transformación de la sociedad puertorriqueña y su sistema político y económico. Cualquiera de las tres opciones sería una victoria para el pueblo, pero sólo en el último caso podríamos hablar de una revolución de verano; porque permitiría romper con el colonialismo, el capitalismo del desastre, y repensar qué sistema político sería el más beneficioso para el colectivo.

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