¿Saldrán fortalecidos de la pandemia los mercados emergentes?

Esta pandemia nos ha unido en el confinamiento al ir extendiéndose de un país al otro, y las medidas sobre cuándo y cómo salir se están replicando. Pero, al mismo tiempo, las diferencias están claras. Mientras que algunos países saldrán fortalecidos de la pandemia, otros serán perdedores. Entre los países emergentes, China y Corea salen victoriosos del primer embate y empiezan a recuperar su actividad económica, frente al resto de los países emergentes, que lucha por sobrevivir a un tsunami de retos infranqueables.

En abril, la previsión de crecimiento económico mundial (o falta de) del Fondo Monetario Internacional (FMI) fue del -3% para 2020, pero hay un abismo entre unos y otros. Dentro de los países emergentes se mantienen en positivo China, con un 1,2%, a pesar de la contracción del primer trimestre, que fue la primera en 40 años; India, con un 1,9%, e Indonesia, con un 0,5%. Al otro lado del Pacífico, Latinoamérica se contraería el 5,2%, así como sus tres mayores economías: Brasil, México y Argentina. Esto sucede después de cinco años con un crecimiento regional insuficiente, entre el 0% y 2%. Estas previsiones son el reflejo de retos económicos, financieros y sociales.

En la parte económica, la caída de los precios del petróleo representa una buena noticia para los emergentes importadores como China e India, y muy mala para los productores. Los esfuerzos recientes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep) han sido en vano, ya que el desplome se produce por el derrumbe de la demanda en un mundo donde, desde enero, las fronteras han estado cerradas o casi. El acuerdo de la reunión ampliada de la Opep del 12 de abril de reducir la producción en 9,7 millones de barriles diarios no sól no logró detener la caída, sino que, por primera vez en la historia el 20 de abril, el llamado lunes negro, el precio del barril fue negativo. Esta caída ha afectado a países productores como Brasil, Colombia, México, Ecuador y Venezuela en Latinoamérica o a Nigeria, Angola y Libia en África. En Nigeria, por ejemplo, el petróleo representa un 90% de las exportaciones y dos tercios de los ingresos del Gobierno, que en el caso de Irak éstos últimos ascienden al 90%, un 17% para México y entre un 8% y un 12% para Brasil, Colombia o Ecuador.

Para los grandes importadores de petróleo como China e India, esto son buenas noticias.

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Con la excepción de los productos agrícolas y el oro, la caída de los precios del ‘oro negro’ ha ido acompañada de la del resto de recursos naturales. Para varios países africanos en vías de desarrollo, representan entre el 20% y el 50% del Producto Interior Bruto. El cobre y la minería suponen un 10% de las economías chilena y peruana.

El colapso del turismo, la restauración o las líneas aéreas ha sido otra de las fuentes de la pérdida de empleo y de las caídas de las economías emergentes.

Por la parte financiera, la revalorización del dólar estadounidense ha provocado el hundimiento las monedas emergentes. Por ejemplo, en dos meses el peso mexicano ha perdido casi un 30% de su valor respecto al dólar, depreciación que ha sido del 23% para el real brasileño y el rand sudafricano. Aunque algunos economistas argumentan que esta situación favorece las exportaciones a corto plazo y da un respiro al país, esta vez, con las caídas globales del comercio y de la inversión, la consecuencia inmediata es que el valor de la deuda de estos países en dólares sube en moneda local.

Esta caída de las monedas ha sido paralela a una huida de más de 95.000 millones de dólares de los países emergentes, cuatro veces más que las salidas que se produjeron durante la crisis financiera global de 2008, con los consiguientes hundimientos de las bolsas de valores. Se huye del riesgo y la volatilidad para refugiarse en valores seguros en dólares, euros o yenes.

En cambio, la moneda y las bolsas de valores chinas perdieron solamente un 10%, mucho menos que el resto del mundo.

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Finalmente, las previsiones no son positivas en pobreza y desigualdad. El confinamiento ha conllevado el colapso de la llamada economía informal que, según el Banco Mundial, representa un tercio de las economías emergentes y hasta un 70% del empleo. Son los vendedores ambulantes, las ayudas a domicilio, los pequeños restaurantes que contribuyen a la supervivencia de sus familias y, en muchos casos, viven en asentamientos precarios. Además, el Banco Mundial, en un estudio reciente, pronostica que las remesas de los emigrantes caerán este año un 20%. Estas remesas representan una ayuda imprescindible para las familias de los más necesitados, con la que se cubren necesidades básicas de alimentación, educación y vivienda. En muchos casos, provienen de Estados Unidos o Europa, que están actualmente confinados. Como resultado, las previsiones son de que el número de pobres aumentará en 49 millones de personas.

¿De dónde llegará la solución? En primer lugar, los organismos multilaterales como el FMI y el Banco Mundial, a diferencia de otras crisis en las que cuando se les acusó de exacerbar los problemas, han creado líneas rápidas de financiación a las que han acudido 81 países. Siguiendo la recomendación del FMI, los países del G-20 han condonado deuda de los países menos desarrollados.

En segundo lugar, los propios países, además de imponer medidas para evitar el contagio, han lanzado, en la medida de sus posibilidades, estímulos fiscales de apoyo a sus economías tanto a nivel macro como social. Por ejemplo, el banco central de la India ha rebajado los tipos de interés a un 4,5% y el total de medidas de apoyo a la economía representa un 10% del PIB nacional. China, en cambio, en lugar de ayudas directas a los más pobres ha decidido enviar cupones para estimular el consumo y sus paquetes de rescate, entre la inyección de liquidez del banco central y los estímulos fiscales, representan un 12,7% del PIB, una tercera parte del 37,6% de Estados Unidos.

Mientras que estos sacrificios pretenden amortiguar el golpe, China se ha comprometido a reforzar sus inversiones en tecnología 5G, inteligencia artificial, pilas para coches eléctricos o electricidad de alto voltaje. La crisis se ve como una oportunidad para continuar su inversión en innovación. Latinoamérica o África deberían esforzarse en el mismo camino y poder salir así, como pretende China, reforzados de la crisis.

¿Y Europa y Estados Unidos? Mientras que en el Viejo Continente la solidaridad entre el norte y el sur se tambalea, Estados Unidos, con su política de América, primero, envía cuatro millones de dólares de ayuda a los países que lo solicitan, los aviones chinos con material sanitario están llegando a todo el mundo. La financiación del país asiático, que en la crisis de 2008 permitió a las economías emergentes salir mejor paradas que el mundo desarrollado, ¿tendrá ahora esa misma función? Esta crisis puede representar la oportunidad que China estaba esperando para mostrar su liderazgo mundial. El país está en ello.

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