Segunda vuelta o crisis institucional en Bolivia

Las elecciones generales del 20 de octubre de 2019 en Bolivia son los novenos comicios de este tipo celebrados desde que el país retornó a la democracia en 1982.  Pero este proceso electoral no puede considerarse como uno más.

Por primera vez, Bolivia llegó a este proceso electoral tras las primarias que debían profundizar la democracia en el interior de las organizaciones políticas. Sin embargo, su celebración se vio marcada por la falta de competencia intra-partidaria de las organizaciones políticas que participaron. Llegaron a registrarse y habilitarse nueve organizaciones políticas para este proceso, requisito obligatorio para su participación en las generales. Sin embargo (en un proceso similar al argentino), todas ellas presentaron solamente una opción, con lo que no hubo competencia.

Ambos factores provocaron una segunda particularidad, que es que la campaña, de manera informal, se inició un año antes de los comicios generales; muy larga. Las acciones de las organizaciones políticas habilitadas, y más las de los candidatos a la Presidencia y la Vicepresidencia, empezaron indirectamente a apelar al electorado. Ha quedado a la vista la desigual competencia entre candidatos, hecho que la Misión de Observación Electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA) ya formalizó, aunque la población ya la había percibido antes de la declaración oficial del organismo regional.

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La tercera particularidad del proceso estuvo relacionada con el avance normativo y las dificultades técnicas y procedimentales de la paridad en Bolivia. El Reglamento para las Elecciones Generales 2019 estableció un sistema que asegurara una presencia paritaria de mujeres en las listas, de forma que aumentase la probabilidad de elección de mujeres en, por lo menos, la mitad de los cargos. La campaña #Protagonistas, de la Coordinadora de la Mujer e IDEA Internacional en Bolivia, se encargó de promover y monitorear la participación política de las mujeres y las juventudes, y denunció que la paridad en las listas no se estaba cumpliendo en plenitud. Esto se denunció oportunamente para que la autoridad electoral pudiera resolverlo, pero la respuesta no fue suficiente y la mayoría de las organizaciones políticas no cumplió plenamente este avance normativo.

Por último, el cuarto hecho que ha transversalizado el desarrollo de todo el proceso es el rol del Tribunal Supremo Electoral. Su actuación estuvo marcada por la desconfianza popular, que para 2018 (un año antes del de las elecciones) alcanzó sus niveles más altos de acuerdo con el Latinobarómetro: un 37% de los encuestados manifestaron su nula confianza, otro 37% poca, y un 21% alguna; solamente el 5% de la población declaró tener mucha confianza en la autoridad electoral.

Resultados (preliminares) de la votación

Tras la celebración de los comicios, el Tribunal Supremo Electoral estrenó el sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP) para unos comicios de este tipo con la intención de brindar avances de recuento de manera rápida y segura en la misma jornada, extraídos con el 83,8% de actas verificadas por tal sistema.

A partir de una revisión de los porcentajes (de 339 municipios en 2014 y 2019) obtenidos por el partido oficialista y el conjunto de la oposición, se evidencia una caída sistemática de la preferencia electoral hacia el MAS (la formación de Evo Morales) proporcional al incremento de la de sus rivales. Este efecto ha sido más intenso en los departamentos occidentales (La Paz, Oruro, y Potosí), mientras que en Beni, Cochabamba y Pando habría sido menor. A pesar de ello, el MAS se mantuvo como primera fuerza en cinco departamentos: La Paz, Cochabamba, Oruro, Potosí, y Pando.

En un análisis para Agenda Pública, Andrés Santana establecía, entre otras cosas, que la intención de voto hacia Evo Morales era inversamente proporcional entre el área urbana y el área rural: mientras el apoyo era alto en las zonas rurales, en los centros urbanos decrecía. Tras la celebración de las elecciones y con resultados preliminares, esta grieta entre lo urbano y lo rural es más visible en la distribución de las diputaciones uninominales.

El sistema electoral boliviano es mixto, por lo que la mitad de las diputaciones de cada departamento se escogen en circunscripciones uninominales y mediante mayoría simple. En total, fueron 63 en todo el país para estos comicios, de las cuales 17 están exclusivamente dentro de ciudades capitales de departamento (que tienen mayor grado de urbanización) y otras ocho en ciudades capitales compartidas con otros municipios. Las otras 38 circunscripciones uninominales están repartidas por los restantes 330 municipios que no son capitales.

En este total de 25 circunscripciones capitalinas, la oposición estaría ganando en el 72% y el MAS el restante 28%; es decir, 18 para la oposición (distribuidas entre CC y 21F -Bolivia Dice No) y siete para el MAS. En cuanto a las otras 38 circunscripciones no capitalinas, el partido de Morales se estaría haciendo con el el 92% (35 de las 38 diputaciones) y la oposición solamente habría obtenido los otros tres escaños (8%), que serían de Beni y Santa Cruz. Esto indica que la división entre lo urbano y rural está nuevamente presente.

¿Habrá segunda vuelta?

Los bolivianos estamos viviendo uno de los momentos de mayor incertidumbre de la era democrática.

Si bien la incertidumbre electoral, en palabras de Shaheen Mozaffar y Andreas Schedler, es normal en todo proceso democrático (en el sentido de que el resultado no debiera tener un ganador anticipado al acto de votar), sí ha de haber certidumbre institucional; es decir, que el organismo electoral debe ser lo suficientemente fuerte y confiable como para llevar adelante el proceso.

Estas cuestiones adquieren mucha más relevancia en un contexto preelectoral como el boliviano, marcado por contradicciones políticas e institucionales de parte del partido oficialista (en especial, en relación con la reelección y los eventos que permitieron la presencia de Morales como candidato), la polarización social (a pesar de la cercanía programática de la mayoría de los partidos), y la competencia estrecha (que no se da por la cercanía entre los dos primeros candidatos, sino por el poco margen que define si hay segunda vuelta o no).

A pesar de que la inauguración del TREP en elecciones generales parecía exitosa, los resultados preliminares dejaron de actualizarse a las 19.40 horas del domingo y con el 83,8% de las actas verificadas. El proceso se reanudó cerca de 24 horas después, llegando al 95,6% pero con un cambio en la tendencia de los resultados. De esta forma, se pasó de una segunda vuelta la noche del domingo a una victoria oficialista en primera vuelta la noche del lunes.

Al momento de enviar este texto para publicación los datos son estos. Si hay segunda vuelta se abre una nueva etapa en Bolivia, con la posibilidad del cambio pero en cualquier caso con un reto a la hegemonía que el MAS ha tenido hasta hoy. Si el cómputo electoral da el triunfo a Morales en primera vuelta, sin duda los perdedores no lo aceptarán y la OEA ha mostrado sus reparos. Habrá una crisis institucional cuyas dimensiones deberemos observar y evaluar.

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