Si la respuesta es Regeneración Urbana ¿cuál es la pregunta?

En estas últimas semanas nos estamos preguntando qué cambios deberían producirse en la Ciudad post-covid, qué nuevos enfoques y temas tendríamos que poner en práctica e incluir en la reflexión sobre el tema urbano para salir reforzados de la situación dura e inédita que estamos viviendo como sociedad.

Sin duda la Ciudad tiene mucha de estas respuestas, pero estas deben venir de una reflexión pausada y sólida. Necesitamos algo de tiempo y perspectiva para entender el alcance de lo que estamos viviendo y las posibilidades que se abren. En este escenario, todavía muy incierto, emerge, sin embargo, una certeza: gran parte de la innovación necesaria tiene que ver con conseguir dar los pasos hacia la sostenibilidad social y ambiental de las ciudades que no habíamos conseguido dar hasta ahora. Me refiero a que muchas de las soluciones que ahora vemos como pertinentes para afrontar la realidad derivada de esta crisis se venían proponiendo, e incluso probando, desde hace más de una década. En muchos ámbitos los expertos nos decían que las soluciones en términos de método y técnica ya se conocían pero faltaba la voluntad de ponerlas en práctica. Así pues, daremos un paso de gigante si finalmente esta crisis nos ayuda a eliminar las barreras que han impedido que esas soluciones se implementen. De nada servirá proponer de nuevo esas mismas ideas, e incluso imaginar algunas nuevas, si primero no se hace lo posible por superar los obstáculos que nos han imposibilitado avanzar en ellas. La buena noticia es que esos obstáculos y limitaciones están en su mayor parte identificados, la mala es que son difíciles de eliminar y tienden a reproducirse en las prácticas de gobierno y en el diseño de las políticas públicas.

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Es en relación a todo esto donde la regeneración urbana emerge como una respuesta pertinente y llena de posibilidades para hacer frente a la difícil realidad social y económica que nos dejará esta crisis. Se trata de un ámbito de política que pocos gobiernos autonómicos y locales han decidido abordar hasta ahora de manera consistente pero que aporta soluciones pertinentes a la realidad que afrontan las ciudades y los retos que la llamada “corana-crisis” nos plantea de manera urgente. Esto es porque, si con anterioridad era importante volver los ojos a los barrios más vulnerables, en la situación presente esta es una cuestión que no puede eludirse desde el diseño de las políticas públicas que afrontarán la salida de la crisis. Intento explicar por qué:

A nadie se le escapa que el momento que vivimos plantea un escenario de mayor dificultad para todos aquellos que habitan los barrios más vulnerables de las ciudades (grandes, medias y pequeñas). Los ciudadanos que viven en estos ámbitos se cuentan entre los que están sufriendo de manera más rápida los efectos negativos de esta crisis en el empleo y en la economía. Para ellos esos efectos se están traduciendo en tiempo real en situaciones sociales de gran dificultad agravadas por el confinamiento. La problemática que viven estos barrios está fuera de nuestro imaginario, no solemos poner el foco en ellos, sin embargo recientemente su situación fue visibilizada durante la visita que el relator especial de Naciones Unidas sobre la extrema pobreza y los derechos humanos Philip Alston hizo a finales de enero de este año a nuestro país. Después de visitar distintas ciudades, señaló la preocupante situación de pobreza que se concentra en muchos de los enclaves que recorrió y llamó la atención sobre dos cuestiones que quiero señalar: 1) que “los niveles de pobreza en España reflejan una decisión política hecha durante la última década”, y 2) la existencia de un conjunto de problemas acuciantes en relación a esta cuestión. Es interesante hacer notar que estos problemas están directamente relacionados con la casuística que se concentra en los barrios vulnerables, manteniéndolos atrapados en el denominado “ciclo de la pobreza”. Así, el relator señaló la existencia de: un alto nivel de pobreza y desempleo, “un sistema de protección social completamente inadecuado que arrastra deliberadamente a muchas personas a la pobreza, un sistema educativo segregado y cada vez más anacrónico”. Estos problemas, unidos a otros como la degradación física y ambiental, están siempre presentes en los análisis de los barrios que la literatura especializada denomina como “degradados” (pero que sería más justo denominar como desfavorecidos).

La situación que describen los diagnósticos de estos barrios es muy compleja y, por tanto, imposible de abordar desde prácticas sectoriales. Después de tres décadas de experiencia hoy sabemos que la regeneración urbana, una política pública que se define como integrada porque actúa de manera coordinada en la dimensión social, económica, física y climática de la degradación urbana, sobre la base de una fuerte implicación de la toda la comunidad local, es el camino más certero que conocemos para romper el ciclo de la pobreza al que me refería antes.

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La experiencia que se ha desarrollado en Europa muestra resultados de gran interés a este respecto. Algunos han sido justamente criticados, ya que la mejora de los barrios ha derivado en la gentrificación de los mismos. Pero la experiencia general nos aporta también lecciones positivas de gran interés: La primera es que se pueden dar pasos importantes para acabar con la segregación social y física de los barrios vulnerables, se puede mejorar la calidad de vida de sus habitantes a través de estrategias integradas de regeneración urbana diseñadas con sus habitantes y lideradas por los ayuntamientos. La segunda es que los procesos de gentrificación pueden evitarse. Para eso es clave no estigmatizar estos barrios y poner en valor su realidad: su ciudadanía y sus redes informales, su realidad física, su identidad, etc. La experiencia enseña que cuando se entiende la situación de estos enclaves emergen muchos elementos positivos que normalmente no tenemos en cuenta. Construir las estrategias de regeneración sobre los mismos, con la intención de mejorar los barrios, no de transformarlos en otra cosa, puede ser un camino que evite que lógicas neoliberales acaben desplazando a la población y beneficiándose en su lugar del esfuerzo hecho por el sector público. Una tercera lección es que en la regeneración urbana importa más el proceso que la meta (y esto choca con las prácticas administrativas y burocráticas tradicionales). Importa que estos barrios inicien un camino de transformación que consiga durar más allá del programa de regeneración.

Junto a estas lecciones emerge una oportunidad: la regeneración urbana se plantea en el presente como un ámbito para avanzar hacia la descarbonización de las ciudades a través de la mejora integral de la edificación, la electrificación y la incorporación de energías limpias. Estas cuestiones, junto con otras como la potenciación de las centralidades de barrio, la accesibilidad universal, la adaptación del espacio público al cambio climático, su renaturalización, o su adaptación a un nuevo modelo de movilidad, tienen una gran capacidad de dinamizar la economía, al tiempo que generan sinergias con medidas de carácter social, cultural y económico (como la potenciación del comercio local, la capacitación en nuevas habilidades ligadas a la economía verde los parados de larga duración, la potenciación de la innovación social en los barrios, etc.).

En el lado económico, como sabemos, la Unión Europea está ultimando su presupuesto post 2020. Además de la dotación que la Política de Cohesión dedicará al eje urbano (los Estados Miembros tendrán que asignar al mismo al menos un 6% de su asignación del Fondo Europeo de Desarrollo Regional –FEDER-), habrá que territorializar los fondos asignados al anunciado Green Deal, entendido por parte de la Comisión Europea como una especie de Plan Marshall para dinamizar la economía y generar empleo en la coyuntura presente. La regeneración urbana emerge también en relación a esta cuestión como un ámbito de política que permitiría emplear de manera eficiente y rápida estos fondos, allí donde pueden generar más valor social a medio y largo plazo.

Para concretar esta visión se necesita querer intentarlo desde instancias políticas y técnicas y demandarlo desde la sociedad civil para superar los obstáculos que hasta ahora la han limitado. Hay muchas ciudades y colectivos de toda índole que están dispuestos a ello y muchos barrios que se podrían beneficiar de esta visión. Saldremos reforzadas de esta crisis si conseguimos hacernos como sociedad preguntas que pongan por fin el foco en la situación de los barrios vulnerables de las ciudades con la voluntad de querer cambiarla. A la pregunta ¿cómo lo hacemos? La principal respuesta es “regeneración urbana”.

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