Simulacro de elección con simulacro de derrota

¿Qué pasó y que no pasó ayer en Argentina? En el país del psicoanálisis (Argentina es uno de los países con mayor cantidad de psicólogos por habitante del mundo) habría que empezar por diferenciar entre lo simbólico, lo imaginario y lo real. Pero dejemos a Lacan tranquilo, que esto es mucho más sencillo. El domingo se realizó un costoso ensayo general que sugiere que, el 27 de octubre de este año, cuando la verdadera elección tenga lugar, triunfará la fórmula Alberto Fernádez – Cristina Fernández de Kirchner (Frente de Todos), que consiguió el 47 por ciento de votos, mientras la coalición encabezada por el actual presidente Mauricio Macri (Juntos por el Cambio) se quedó en el 32 porciento.

¿Qué no pasó? Además de que no ha habido elección presidencial el sistema de escrutinio no funcionó adecuadamente. El gobierno se había comprometido a publicar los primeros resultados oficiales a las 21h en lo que se esperaba fuera “el mejor escrutinio de la historia”. A las 22:10 Macri compareció, pese a que aún no había datos oficiales, y dijo: “todas las encuestas fallaron”, asumiendo su simulacro de derrota. Con un gesto cuando menos curioso mandó a todos “a dormir y a empezar a trabajar mañana desde la mañana«. Los resultados comenzaron a publicarse desde las 22:30.

Simulacro de elección y simulacro de derrota. Sí, porque en términos estrictos Macri no fue derrotado porque la elección aún no ha tenido lugar. Lo que tuvo lugar el domingo fueron las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), que desde la reforma política de 2009 establecen regulaciones especiales a la competencia partidaria. En las PASO los partidos definen si entran a la competencia (lo hacen si superan el 1,5% de votos) y eligen a sus candidatos y candidatas. En teoría nada más que eso. Ocurre así en países como Uruguay, donde las instituciones establecen el marco de lo esperado con mucha menor distancia entre la letra de la norma y sus prácticas. Pero en Argentina lo real funciona de formas tan complejas como en la teoría lacaniana. 

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En un tiempo de erosión de los partidos, las PASO fueron pensadas para incentivar la democracia interna y evitar que pululen organizaciones políticas con casi nula representación. Todo el electorado habilitado a sufragar debe participar en las primarias, con independencia de si está o no afiliado a un partido, y sólo puede hacerlo una vez. Los argumentos a favor y en contra ya fueron presentados en Agenda Pública hace algunas semanas. Lo cierto, aunque parezca absurdo, es que en las primarias del 11 de agosto ninguno de los seis partidos que se postularon a nivel nacional presentó más de una candidatura a presidente. Por eso, al ser la elección de carácter obligatorio (con multa de 50 pesos –menos de un euro– para quien no vote sin justificación válida) se convirtió en una encuesta a todo el electorado habilitado. Imposible mayor fiabilidad en el escenario actual.

Quince puntos separan al Frente de Todos (Fernández-Fernández de Kirchner) de Juntos por el Cambio (Macri- Miguel Pichetto). Si el resultado se repitiera en octubre no habría segunda vuelta porque el sistema electoral argentino establece que ésta no procede si el candidato o candidata obtiene más del 45 por ciento de los votos afirmativos o por lo menos el 40 por ciento de los votos y una diferencia porcentual mayor a diez puntos sobre el siguiente. Considerando que de los otros cuatro candidatos (todos varones), tres obtuvieron menos del tres por ciento y el cuarto llegó al ocho por ciento (Roberto Lavagna, de Consenso Federal) no cabe esperar sorpresas. En una elección donde todos eran más o menos peronistas (el mismo Macri propuso la vice presidencia a Pichetto, un peronista de derechas, senador por la provincia de Río Negro desde 2001) difícilmente el trasvase de votos favorezca al actual oficialismo.

Más allá de las razones que explican las preferencias electorales, es dramática la erosión de la esfera pública como un espacio de diálogo que se observa en Argentina en las últimas décadas. El gobierno de Macri mucho habló de defender las instituciones y superar la grieta. Pero deja serias dudas en ambos aspectos. En lo inmediato, fue muy cuestionada la contratación de la empresa Startmatic y el aval a la utilización de un software no testado suficientemente (y que mostró problemas) para una elección de esta envergadura. Incluso la directora de Transparencia Internacional, Delia Ferreira, lo cuestionó (aquí sus tweets de seguimiento de la jornada electoral). Otro tanto puede decirse de la intensificación de una campaña en que no hay argumentos sino amenazas: el «Si Cristina gana seremos Venezuela» versus la entrega total y definitiva del país al Fondo Monetario Internacional («Macri vendepatria»). Los apoyos externos recibidos por Macri, aunque es probable que no le hayan restado votos, tampoco son los que más atraen al electorado argentino: Donald Trump y Jair Bolsonaro. La población argentina es según una encuesta del PEW Research center una de las más críticas de la gestión de Trump.

Mientras la economía no repunta ni amaina la inflación, Cristina Kirchner fue hábil al dar un paso al costado para posicionarse, ampliando ese piso del 30 por ciento que muchos daban por techo. Alberto Fernández parece haber tenido éxito en mantener los apoyos kirchneristas pero diferenciándose suficientemente como para también atraer a quienes no ven con buenos ojos una “vuelta al pasado”. Las primeras palabras del candidato presidencial tras conocerse los resultados fueron “no venimos a restaurar un régimen, venimos a crear una nueva Argentina”. El haber sumado a distintos líderes que se habían abierto del Frente para la Victoria durante el gobierno de Cristina, como el ex intendente de Tigre, Sergio Massa, muestra esa capacidad de ampliar el espectro. A nivel subnacional, en las provincias en que hubo elecciones también arrasó el Frente de Todos, con la excepción de Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Córdoba, donde triunfó el oficialismo. La mayor sorpresa tuvo lugar en provincia de Buenos Aires, donde el ex ministro de economía de Cristina Kirchner, Axel Kicillof, obtuvo el 49 por ciento de votos mientras la actual gobernadora María Eugenia Vidal se quedaba en el 32 por ciento

Más allá de los resultados electorales, las PASO deberían dejar lugar a un debate sobre cómo se construyen instituciones y confianza. Tres apuntes para una agenda de reformas, no sólo institucionales: primero, las primarias no funcionan y deberían ser reformadas. Segundo, los sistemas de escrutinio deben ser fiables, testados, validados y aceptados. El resultado del 11 de agosto impide que se abra una crisis, pero podría haberla habido (sin que necesariamente esto se deba a un fraude) en otro escenario. Finalmente, algunos discursos del actual presidente son cuanto menos irresponsables y pueden tener consecuencias directas en la generación de inestabiliad y presión externa de los mercados. Como decía Diego Sánchez-Ancochea (becario de «la Caixa»), sin negar la influencia de la política, en América Latina el crecimiento económico de un año a otro tiene más que ver con factores externos que con la política del gobierno de turno. Por eso echar leña al fuego de los mercados con discursos del miedo, en contextos de creciente desigualdad, no puede salir bien. Y faltan más de dos meses hasta las elecciones.

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