Sobre iniciativas parlamentarias, permisos parentales e igualdad  

Este pasado martes 18 de Octubre, el Pleno del Congreso aprobó una iniciativa promovida por Unidos Podemos que busca igualar los permisos de maternidad y paternidad. Se trata de una proposición no de ley para una reforma integral que iguale, con un calendario progresivo, ambos permisos en 16 semanas en casos de nacimiento, adopción o acogida. Una batalla que la Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción (PPiiNA) lleva tiempo peleando.

La justificación de esta propuesta es evidente: en España y prácticamente en el resto del mundo, los papás no disfrutan de ningún permiso de paternidad más allá de los escasos primeros días del nacimiento o la adopción. Además, aunque en teoría tanto madres como padres pueden prolongar su interrupción en el mercado laboral acogiéndose a permisos parentales, en la práctica son sólo las madres quienes lo hacen. Suecia es la gran excepción. Como muestra el gráfico, aunque sin igualar a las madres, los suecos llevan una gran ventaja respecto a todos los demás.

Duración del permiso parental por sexos, varios países (2010)

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¿El secreto? Una larga trayectoria en políticas de igualdad, el acierto de las daddy quotas y una sociedad preparada para el cambio. Es decir, una de esas raras situaciones felices en las que la combinación acertada de cambio social incipiente y política pública coherente abre una ventana de oportunidad que consigue cambiar pautas de comportamientos a pequeña escala primero y transformaciones sociales más profundas después.

Pero no hay fórmulas mágicas sino políticas de largo recorrido. Las cuotas reservadas exclusivamente para padres (sin posibilidad de cesión a la madre) se introdujeron en Suecia en 1995 y consistían en 30 días. La iniciativa funcionó bien y en 2002 pasaron a ser 60 días que se convirtieron en 90 desde enero de este año. Más de dos décadas impulsando y reforzando esta medida que se inserta en un paquete mucho más amplio de políticas de cuidado a la infancia, políticas de igualdad de género y políticas de organización del tiempo de trabajo que milagrosamente, nos podría parecer, sobrevive todas las elecciones y cambios de gobierno que acontezcan.

Pero dejemos el Norte y volvamos al Sur. En España se ha legislado mucho en igualdad gracias fundamentalmente al compromiso decidido de los gobiernos socialistas. En el caso de los permisos por maternidad, paternidad y parentales conviene desde mi punto de vista sopesar tres elementos para calibrar el posible éxito de esta nueva iniciativa.  En primer lugar, además de la más que evidente desigualdad entre mujeres y hombres, existen sesgos de clase muy significativos. Mujeres de distinto nivel educativo disfrutan de manera muy desigual tanto de permisos parentales, como de la reducción del tiempo de trabajo.

Duración del permiso parental según nivel educativo, mujeres, España (2010)

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Las mujeres con niveles educativos más altos (ISCED 5-6) tienen más probabilidades de hacer uso del permiso parental y durante más tiempo o de reducir el tiempo que le dedican al trabajo remunerado que las mujeres con niveles educativos inferiores (ISCED 0-2). No es arriesgado afirmar que su probable mayor nivel de renta familiar les permite con mayor facilidad sacrificar ingresos para ganar en tiempo de cuidado de sus hijos.  Tenemos ya muchas evidencias empíricas que indican verdaderos abismos entre las posibilidades de familias de distintos estratos sociales de conciliar tiempos de crianza y de trabajo. Por tanto, una ampliación del permiso por paternidad sin la remuneración del 100% del salario como contempla la iniciativa presentada, seguiría siendo un “lujo” al que una mayoría de familias no podría aspirar.

Segundo, desde que comenzó la crisis y según datos del Anuario de Estadística del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, el número de madres y padres que solicitan permisos ha caído en un 16,7% (periodo 2008-2014) interrumpiendo así la pauta anterior de crecimiento, lento pero sostenido, de la última década. Es decir, para muchas familias, es la falta de trabajo o su precariedad lo que les impide acceder a los permisos parentales y otras fórmulas de conciliación. El éxito de políticas sociales vinculadas de una u otra forma a la situación laboral no puede desligarse del funcionamiento de éste.  En tercer lugar, buenas y loables ideas no nos faltan pero hemos de garantizar su continuidad. La ley de igualdad del 2010 del gobierno de Zapatero ya incluía un permiso paterno intransferible con una ampliación progresiva hasta alcanzar el mismo periodo que el permiso por maternidad. La medida fue una de las primeras en caer en cuanto entró en juego la austeridad. El Partido Popular no ha votado en contra en esta votación pero se ha abstenido. Dado el panorama, no es una buena noticia.

Pero en realidad deberíamos de confiar en nuestras propias fuerzas. Desde que la maternidad primero y la paternidad después se reconocieran como contingencias de regulación propia a principios de los años noventa, el marco de protección laboral y de la Seguridad Social ha evolucionado inequívocamente hacia un sistema garantista, más igualitario e inclusivo. No es cierto que nos encontremos ante un “sistema obsoleto”. La inclusión de los padres a los permisos de lactancia, la equiparación de la filiación biológica y la adoptiva, el reconocimiento de la adopción y la acogida como situaciones causantes de derecho; la incorporación de problemáticas específicas como el permiso para el cuidado de hijos prematuros o de hijos con enfermedades graves, la protección específica a víctimas de violencia de género o la introducción de mecanismos contra la discriminación laboral por embarazo o maternidad, han sido incorporaciones que han ido tejiendo a lo largo de las últimas tres décadas un cuerpo legislativo que no alberga ya ningún eco de tiempos pasados.  Nada de todo esto cayó del cielo, no dejemos de tejer.

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