¿Subirán los impuestos a la electricidad cuándo se generalice el coche eléctrico?

Hay una teoría muy extendida que dice que, cuando se generalice el coche eléctrico, el Estado subirá fuertemente los impuestos a la electricidad para compensar la pérdida de ingresos por el impuesto especial sobre los combustibles, lo que hará que el vehículo eléctrico deje de ser interesante, pues recordemos que su coste variable por kilómetro recorrido es actualmente alrededor de la cuarta parte que sus contrapartes de combustión. 

Saber qué va a pasar en el futuro es muy complicado, pero creo que tenemos datos suficientes para pensar que, incluso teniendo lugar esa subida de la manera temida, ésta no afectaría especialmente al bajo coste variable del vehículo eléctrico. 

Comencemos por analizar la situación actual. El coste de recorrer 100 kilómetros con un vehículo de combustión actualmente oscila entre cinco y siete euros en función del tipo de motor y del consumo del vehículo. La electricidad necesaria para recorrer esa distancia con un coche eléctrico, unos 16 kWh, nos costaría con una tarifa de discriminación horaria alrededor de 1,15 euros si cargásemos ese vehículo durante alguna de las 14 horas baratas que tiene el día (a 7,25 cent/kWh, coste de 2018). Si a esto le añadimos el impuesto eléctrico y el IVA, el coste final queda alrededor de 1,5€/100 km. Hay tarifas y ofertas más baratas para la carga, pero por otro lado también podría haber usuarios que tuviesen que aumentar la potencia contratada de su casa para facilitar la carga del coche eléctrico, así que me parece prudente utilizar esa cifra.

[Con la colaboración de Red Eléctrica de España]

El coste, como dijimos al principio, es la cuarta parte del de un vehículo de combustión, algo que viene muy condicionado por una cuestión estrictamente técnica: un motor eléctrico es tres veces más eficiente que uno de combustión, es decir, consume la tercera parte de energía; de ahí lo reducido de sus costes variables. 

La electricidad está gravada en factura por el impuesto eléctrico y el IVA, que suman un 27% de imposición. Pero ocultos en los costes de la electricidad hay más impuestos, algunos menores como la tasa municipal (1,5%) y otros más importantes que soporta la generación y que ésta traslada a la demanda: entre ellos, un 7% de impuesto general a la generación eléctrica o el cargo por emitir CO2 que soportan las centrales térmicas, que en algunas de ellas puede suponer más del 30% de su coste. Vamos, que la electricidad no es un servicio con pocos impuestos, más bien al contrario. No es como el caso de los combustibles, donde más de la mitad del coste son impuestos, pero no le va muy a la zaga. 

En 2017, la Agencia Tributaria ingresó 10.800 millones de euros por impuestos a los carburantes. Para contextualizar bien la cifra: esto es el 1% del PIB del país y poco más del 2% de la recaudación, cifra importante pero no exagerada ni con potencialidad para crear un agujero enorme en las arcas públicas. De hecho, el déficit anual de la Seguridad Social son 15.000 millones de euros, bastante más que toda la recaudación del impuesto sobre carburantes. 

Si quisiésemos cargar toda esa imposición a la electricidad, obviamente ésta tendría que subir de precio. En España, la demanda eléctrica es actualmente de 255.000 millones de kWh, que aumentarían en 55.000 millones de kWh más si electrificásemos todo el parque de turismos. Aquí faltaría el consumo surgido de electrificar otros vehículos como autobuses o camiones, y también el posible aumento de demanda por otras causas, pero para ser prudentes vamos a usar esta estimación bastante conservadora de 310.000 millones de kWh de consumo futuro.

Pues bien, si queremos cargar los ingresos del impuesto sobre los carburantes sobre toda esta demanda eléctrica hablaríamos de un aumento de 3,5 cent/kWh. Con este aumento, nos iríamos a un coste para recorrer 100 km de alrededor de 2,2 euros, que seguiría siendo alrededor de la tercera parte de lo que cuesta hacerlo con un coche de combustión. Bien es verdad que habría un sobrecoste en la electricidad para todos los consumidores que no tuviesen vehículo eléctrico, lo que aplicaría a particulares y empresas.

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No nos asustemos, este cálculo no es más que una proyección estática sobre una realidad dinámica y, por tanto, es incorrecto. La realidad es que esta sustitución de carburantes por electricidad va a ser progresiva y se va a extender al menos dos o tres décadas, y en ese plazo las cosas van a cambiar mucho. Permitidme que haga una proyección a 15 o 20 años vista para que veamos la previsible evolución.

Hay, al menos, tres razones que apuntan a que el precio de la electricidad en España va a descender a medio plazo. La más evidente de todas es que, en nuestra tarifa eléctrica, pagamos dos costes regulados que van a desaparecer con el tiempo. El primero de ellos es el pago del déficit de tarifa que se generó durante toda la década anterior y la primera parte de ésta, que los consumidores eléctricos pagamos anualmente y que nos cuestan casi 3.000 millones de euros al año. El pago de esta deuda finalizará en el año 2028, por lo que los consumidores se lo ahorrarán a partir de ese momento.

El segundo coste regulado es el pago a las primas del régimen especial, esto es, las antiguas renovables primadas, las cogeneraciones industriales y los residuos. Su coste anual supera los 7.000 millones de euros y lo pagamos también en la tarifa. Estas primas irán venciendo conforme finalice la vida regulatoria de cada instalación. Su coste irá disminuyendo con los años, pero su práctica desaparición llegará en la década de 2030, cuando finalicen las primas para las instalaciones más costosas. Sólo con estos dos conceptos, cuya desaparición ahorrará a los consumidores eléctricos unos 10.000 millones de euros, se podría compensar prácticamente toda esa imposición a la electricidad sin que ésta subiese de precio. 

Fuente: Cincodias.

Pero hay más razones que nos indican que el precio de la electricidad puede bajar: la instalación masiva de energías renovables, que hoy por hoy ya producen electricidad a costes inferiores a los del mercado y en el futuro todavía lo harán a menor coste, lo abaratarán. Por otro lado, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia pretende recortar la retribución a las actividades de transporte y distribución eléctricos a partir de 2020. Es posible que esto se renegocie y que las compañías reclamen que deberán realizar inversiones extraordinarias en redes para poder adaptarlas a la transición energética, por lo que el recorte quizá quedará aminorado o neutralizado, pero en todo caso ahí entrarían muchos de los costes en redes necesarios para la adaptación al vehículo eléctrico, por lo que éstos tampoco supondrían un coste adicional relevante para los consumidores si lo comparamos con la situación actual.

En resumen, los miedos a una importante subida del coste de la electricidad cuando se generalice el coche eléctrico no se sostienen con los datos. Incluso si se quisiese cargar esta recaudación sobre los consumidores eléctricos (y no tendría por qué ser así, pueden existir otras muchas maneras de compensar esa recaudación), a medio plazo los ahorros en el sistema los compensarían de sobra. Es más, creo que la previsión hay que enfocarla exactamente al revés: la transición energética obliga a desincentivar el uso de energías contaminantes y la manera más habitual de hacerlo es cargarlas con impuestos pigouvianos. Antes subirá el diésel o el gas natural que la electricidad, y ya lo estamos viendo de distintas formas

Que nadie se engañe: poder movernos con vehículos que consuman la tercera parte de energía para recorrer la misma distancia o poder conseguir electricidad del viento o el sol a precios más baratos que las actuales formas de generación no puede ser negativo. Si tiene costes transitorios, y eso está por ver, éstos no serán más que una inversión para un futuro mucho mejor. 

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