Tecnocracia, sociedad civil y cambio climático

Existe la opinión extendida en ciertos sectores de que el cambio climático es un problema cuya solución es meramente técnica y que, a grandes rasgos, puede ser resuelta por la comunidad científica internacional a través de su seguimiento, diagnóstico y/o descubrimientos. Pese a que el papel de la Ciencia en esta lucha es un hecho incuestionable, no puede obviarse que la misma está sujeta a la política y, por lo tanto, a la propia sociedad.

Ésta es, de hecho, una de las críticas que se hacen a quienes se toman al pie de la letra el lema Unite behind science que suele usar Greta Thunberg y plataformas afines. De alguna manera, parecería que hay gente que cree firmemente que los investigadores van a conseguir generar un “cambio político-social a una velocidad sin precedentes” (tal y como establece el IPCC) por el mero hecho de tener “los datos” de su parte; sobre todo cuando sabemos quelos datos no bastan para convencer de algunas cuestiones científicas. Por no hablar de las condiciones de precariedad y resto de problemas, no sólo en España, a los que los profesionales de la investigación científica se ven sometidos; y que posiblemente mermen su capacidad de acción social.

La lucha contra el cambio climático, al igual que su formación, debe ser transversal. Y dicha transversalidad en la búsqueda de soluciones y medidas exige que no se resuelvan en una suerte de comité tecnocrático de sabios seleccionados en una inexistente, o cuanto menos ineficiente, meritocracia. Por otro lado, cabe no olvidar que esto no va sólo de Ciencia y de Política: las empresas y entidades financieras deben formar parte irrenunciable en esto; principalmente debido al poder, incluso superior al político, del que gozan algunas de ellas.

[Con la colaboración de Red Eléctrica de España]

Sin embargo, hay cierta tendencia a cerrar este grupo en estos tres actores, olvidando a colectivos y/o entidades de la sociedad civil como ONGs, movimientos ecologistas/ambientales (aunque ecología y ecologismo no sean lo mismo) o incluso sindicatos (por los impactos que la transición ecológica, si no es justa, puede tener sobre los mismos). Esta exclusión viene motivada por las tendencias acientíficas de algunos de esos colectivos en el pasado, muchas presentes aún hoy en día. Sin embargo, esto no debiera ser excusa para poner en entredicho su compromiso ambiental y con el cambio climático.

Es más, en un contexto internacional de auge de la extrema derecha populista, que enarbola rutinariamente el discurso ‘anti-élite’, transmitir a la sociedad que las soluciones al cambio climático se van seguramente a tomar a puerta cerrada entre empresas, políticos y científicos es dejarles el campo abonado para que sigan haciendo de la conspiranoia su mejor arma política. Sería bastante fácil que se asociase este tipo de toma de decisiones a argumentos del tipo pérdida de soberanía, sobre todo teniendo en cuenta de que dos de las tres partes implicadas no han sido elegidas ‘democráticamente’ para desempeñar dicha labor.

Es decir, abusar de la tecnocracia en un contexto político como el actual es posible que no sea la mejor estrategia en aras de conseguir el apoyo social necesario requerido para el imprescindible cambio, en las diferentes escalas administrativas, que debe producirse.

De todas maneras, si lo que queremos es escuchar a los científicos y canalizar esfuerzos basándonos en la evidencia, nos daremos cuenta de que, tanto a nivel nacional como internacional, estos profesionales han manifestado repetidamente que las voces de la sociedad civil, incluidas las del mundo ecologista o ambientalista, han de ser tenidas en cuenta. Concretamente, el IPCC así lo establece en su informe ‘Global Warming of 1.5°C’, en la sección Fortalecimiento de la respuesta mundial en el contexto del desarrollo sostenible y los esfuerzos para erradicar la pobreza, perteneciente al Summary for Policymakers (punto D7):

«El fortalecimiento de las competencias para la acción climática de las autoridades nacionales y sub-nacionales, la sociedad civil, el sector privado, los pueblos indígenas y las comunidades locales pueden apoyar la implementación de acciones ambiciosas dirigidas a limitar el calentamiento global a 1.5 ° C (alta confianza) (…) :

  • Las asociaciones que involucran a actores públicos y privados no estatales, inversores institucionales, el sistema bancario, la sociedad civil y las instituciones científicas facilitarían acciones y respuestas consistentes con limitar el calentamiento global a 1,5° C (muy alta confianza).

  • La cooperación en el fortalecimiento de la gobernanza multinivel responsable que incluya a actores no estatales como la industria, la sociedad civil y las instituciones científicas, políticas sectoriales e intersectoriales coordinadas en varios niveles de gobernanza, políticas de género, políticas que incluyan financiación innovadora y cooperación en el desarrollo y la transferencia de tecnología. Garantizar la participación, la transparencia, el desarrollo de capacidades y el aprendizaje entre los diferentes actores (alta confianza).

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En esta línea, desde el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico se ha anunciado la creación de la Asamblea Ciudadana del Cambio Climático. De momento, no sabemos cómo se va a articular, pues en otros países donde ya existen, como Francia o Reino Unido, su funcionamiento es similar pero no idéntico, sobre todo en aspectos como la selección de las personas. El éxito de esta iniciativa radicará, entre otras cosas, en su capacidad de convencer y hacer partícipe a la sociedad, siempre y cuando se cuente en el desarrollo de las mismas con profesionales expertos en la materia en aras del rigor del debate y las propuestas que de ella emerjan; así como de otros profesionales de los sectores público y privado.

Otro aspecto interesante a resolver sería el carácter vinculante o no de las decisiones que se tomen en dicha Asamblea, ya que podría acarrear ciertas frustración en los participantes si se establece como una mera entidad de debate o divulgación del conocimiento científico, pues podría percibirse como una herramienta ineficiente en cuanto a la transformación de sus propuestas en cambios políticos reales. La evidencia científica nos indica que hemos de escuchar no sólo a los profesionales científicos, invertir más en Ciencia e innovación, etcétera; sino también a la sociedad civil preocupada, colectivizada y activa en la búsqueda de soluciones.

Por otro lado, algunos creemos que también es necesario evitar a los ‘influencers’, opinadores profesionales y oportunistas, totalmente inexpertos en la ciencia del cambio climático, cuyos argumentos suelen estar cargados de proselitismo ideológico y evitan aquellas partes de los informes del IPCC que no les interesan. En conclusión, usemos la mejor Ciencia posible y todas las herramientas democráticas que están en nuestra mano para hacer la transición ecológica más justa posible. Y, sobre todo, para hacerla cuanto antes.

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