Tensiones y movilizaciones postelectorales en Bolivia

El proceso electoral boliviano del pasado 20 de octubre ha sido (y todavía es) el más largo de la historia democrática del país. Comenzó hace más de un año con la convocatoria a primarias en octubre de 2018, el registro de organizaciones políticas y candidatos en noviembre y la habilitación de éstos a principios de diciembre. Con ello, los candidatos ya iniciaban una carrera que se desarrollaría, entre la formalidad y la informalidad de la campaña, durante todo 2019 hasta el día de las elecciones.

Sin embargo, la extensión inusual de estos comicios no solamente se debe a su temprano inicio, sino también a su prolongada definición. Si bien los resultados finales del cómputo culminaron el 25 de octubre, la presión social y las protestas no han parado desde el lunes 21. Esto significa que hace más de dos semanas, en mayor o menor medida, la movilización social ha dominado la atención de los medios de comunicación y población en general.

Las movilizaciones han estado lejos de ser homogéneas no sólo a lo largo de la geografía del país, sino también en el tiempo. Es decir, que se pueden observar diferencias en la presión social entre los departamentos, así como en el transcurso de estas más de dos semanas. Reconociendo tales diferencias, este artículo se enfoca en una breve descripción de las movilizaciones en general a partir del marco teórico que la sociología política ha desarrollado para analizar la acción colectiva.

¿Qué forma de acción colectiva se desarrolla?

De manera básica, se diferencian los grupos sociales entre los que se orientan a alcanzar el poder y los que buscan influir en éste. Tradicionalmente, los primeros son identificados como partidos (o, como se denominan en Bolivia, organizaciones políticas), mientras que los segundos se subdividen en otras dos categorías: si estos grupos que buscan influir/incidir en el poder cuentan con una estructura sólida y formal o si se trata, más bien, de movilizaciones espontáneas.

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Clásicamente, se han denominado grupos/asociaciones de presión o de interés a las instancias sociales que cuentan, primero, con una ligazón material o espiritual entre sus miembros, así como con una estructura que los convoca. Por su parte, el segundo tipo se le llama movimiento social, el cual, en palabras de Sidney Tarrow, manifiesta su poder “cuando los ciudadanos corrientes unen sus fuerzas para enfrentarse a las elites, a las autoridades y a sus antagonistas sociales”; pero estos movimientos también tienen unas propiedades básicas, tales como el desafío colectivo, el objetivo común y la solidaridad.

Las movilizaciones desarrolladas en Bolivia desde el día después de las elecciones pueden entenderse, pues, como un movimiento social que, de manera variada entre un lugar y otro, así como entre un tiempo y otro, ha mostrado tales propiedades básicas. A partir de ahí, resulta necesario entender cómo nacieron tales movimientos, de qué formas intervienen en la política, cómo se han organizado y qué discurso(s) ha(n) manejado.

La estructura de oportunidades políticas

La premisa de la emergencia de los movimientos sociales es que la acción colectiva está siempre presente, y la gente simplemente espera que se dé una oportunidad para unirse a la movilización. Es lo que se denomina la estructura de oportunidades políticas. En otras palabras, se trata de las dimensiones del entorno que favorecen o desincentivan esa acción colectiva.

En este sentido, son distintas las que iniciaron, mantuvieron o modificaron la movilización social. En primer lugar, está la concreción de la desconfianza pre-electoral con la suspensión de la transmisión de resultados preliminares la noche de las elecciones. Esto provocó la indignación de varios sectores sociales, lo que derivó en olas de protestas que incluso desencadenaron hechos de violencia. Estas movilizaciones se vieron reforzadas cuando el sistema TREP se reanudó con una tendencia diferente que favorecía al candidato Evo Morales. Desde ese momento, la idea de fraude empezó a calar en la población y las movilizaciones continuaron.

En medio de una situación ya convulsionada, un segundo hecho volvió a marcar el escenario que incentivó la protesta social. Más allá de la idea abstracta de manipulación electoral, un grupo de ingenieros de sistemas hizo públicos análisis que desnudaban, cuando menos, la desprolijidad del proceso electoral. Estas denuncias públicas desencadenaron la indignación y el descontento y se materializaron en medidas de protesta más amplias en el territorio nacional; y más profundas, como el bloqueo de las principales ciudades.

Éstos y otros fenómenos (tales como la confrontación con parte de grupos sociales afines al oficialismo) no solamente determinaron el crecimiento de la movilización, sino también su mantenimiento, alargándose en el tiempo aunque con diferentes formas de intervención, discursos y organización.

El repertorio de acción colectiva

Tras las acciones que desarrolla cada movimiento se encuentra una serie de condicionamientos culturales sobre la forma de intervención. Esto quiere decir que la historia y memoria colectiva marca la forma en que una movilización actúa, comunica su mensaje, trata de convencer a más participantes de su causa y desafía a los adversarios.

El repertorio de acción colectiva de las protestas en Bolivia fue cambiando a medida que pasaba el tiempo, que más gente se incorporaba o desistía y que los actores movían sus fichas. Las primeras movilizaciones fueron una mezcla entre vigilias pacíficas hasta acciones violentas, dependiendo la ciudad. Después, creció la coordinación de la indignación en las calles, por lo que en un segundo momento la situación era un poco más homogénea entre los diferentes espacios geográficos. Aquí se desplegaron medidas como las marchas y los bloqueos segmentados, junto con el desarrollo de cabildos.

En un tercer momento, el repertorio se profundizó y amplió. Se desarrollaron bloqueos masivos, paralizando las principales ciudades del país, por lo que estas medidas pueden considerarse como el clímax de la movilización social. Tal situación provocó la reacción de grupos sociales afines al partido de Gobierno, acusados de gozar de privilegios clientelares. La combinación de reacciones, junto con el desgaste natural del tiempo, provocó que las acciones disminuyeran su intensidad, en especial en la sede del Gobierno.

Los relatos

Los discursos tienen el objetivo de definir las causas de la movilización, construir una identidad común y mantener a los participantes convencidos para continuar la protesta. Estos relatos se enmarcan en el contexto cultural de que se trate. Es por esta diferenciación cultural que las movilizaciones bolivianas de las últimas semanas, a pesar de tener un objetivo común, exhiben divergencias en el uso de guías simbólicas. Incluso así, los anteriores factores descritos fueron influyendo en el desarrollo de los relatos.

En primer lugar, los objetivos se fueron modificando a medida que se redefinía qué era injusto y, por ende, cuál el problema a resolver. En una primera etapa, tanto las movilizaciones como los líderes de opinión demandaban la celebración de una segunda vuelta electoral consistente con la tendencia de los resultados exhibidos la noche de las elecciones, antes de la caída del sistema TREP. Sin embargo, a medida que se desarrollaba el entorno de oportunidades (en especial, el de las denuncias de fraude), el relato fue mutando hacia posiciones más radicales que demandaban la anulación de las elecciones. Finalmente, en los últimos días se empezó a exigir una serie de renuncias: desde la del presidente del Estado, Evo Morales, hasta la de los vocales del organismo electoral.

La construcción de una identidad común fue uno de los elementos menos variantes. Desde el principio de la movilización, y profundizándose a medida que pasaba el tiempo, se desarrolló más la identidad de ellos; esto es, que las movilizaciones se diferenciaron de los simpatizantes y militantes del MAS (el que sostiene al Gobierno). Poco a poco, las protestas se desmarcaron también de la principal fuerza opositora en las elecciones, Comunidad Ciudadana (CC).

Estas identidades se vieron reforzadas a medida que las reacciones de parte de los simpatizantes oficialistas empezaron a cobrar más fuerza. Finalmente, cabe mencionar que los últimos hechos (cabildo en Santa Cruz, llegada del líder cívico cruceño a La Paz y medidas de presión para evitar su salida del aeropuerto) parecen haber profundizado identidades regionales que se exacerban entre bandos en disputa; es decir, entre los que están a favor y en contra de Morales.

A pesar de las inclemencias del tiempo y los cambios de intensidad naturales, las movilizaciones se han mantenido más de dos semanas y en algunos sectores la motivación sigue intacta. No obstante, el desenlace de la conflictividad sigue siendo dudoso, más aún teniendo en cuenta que (de manera irregular o no) el oficialismo cuenta con apoyo social que se expresa con su propio repertorio de acción colectiva. Esto quiere decir que no se trata de una situación habitual en la que se tiene a la ciudadanía en contra del Estado, sino que se trata de la población en contra de la población.

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