Transición energética en el Día Mundial del Agua

Este viernes, Día Mundial del Agua, procede echar otra mirada hacia la transición energética también desde este ángulo.

La transición energética es vital para el agua. Puede mitigar los efectos nocivos del cambio climático sobre los ecosistemas acuáticos y sus usos, sea en forma de sequías prolongadas, calentamiento, inundaciones o un mayor arrastre de sedimentos y contaminantes. 

Abre también muchas oportunidades para ahorrar agua a través del fomento de la eficiencia energética (gastando menos agua caliente) y reduciendo bombeos y pérdidas en redes de abastecimiento urbano. O para implantar centrales reversibles de ciclo cerrado para producir energía en horas punta. Algunas ciudades europeas ya han emprendido el camino para transformar sus viejas y costosas depuradoras en generadoras no sólo de agua para reutilizar, sino también de energía y de otros recursos recuperados para la economía circular. Incluso hay iniciativas piloto para recuperar energía por transmisión de calor en las redes de saneamiento. Son oportunidades para resolver problemas complejos, más allá de la simplificación.

[En colaboración con Red Eléctrica de España]

Pero el llamado ‘nexus’ entre agua y energía también tiene facetas más negativas, como ocurre con la promoción de biocombustibles a base de cultivos de regadío en un país con el agua más escasa que la energía; o por las subvenciones que se han dedicado durante décadas a transformar los regadíos en más agua-eficientes, sin contar con que las tecnologías empleadas requieren cada vez más energía.

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El mayor reto pendiente en España es cómo convertir la producción hidroeléctrica en sostenible. Aunque generalmente se las considera como verdes, las presas y su gestión han degradado masivamente a los ríos. A pesar de ello, el desarrollo hidroeléctrico sigue en auge, posiblemente porque se trata de un sistema muy opaco de concesiones administrativas que se reparten lejos de las zonas afectadas. 

Por ello, ha resultado muy sorprendente y esperanzador que el Tribunal Supremo haya dado esta semana la razón a varias plataformas ciudadanas en su demanda contra la todopoderosa Administración para dejar fluir más agua por el río Tajo; los llamados caudales ecológicos. No podemos olvidar que los ríos no son canales, sino que albergan biodiversidad que nos provee de servicios eco-sistémicos como agua limpia… cuando los conservamos en buen estado. 

En un debate a blanco y negro, parece que todo el agua que se pierde en el río no genera energía. Pero la vida real es mucho más compleja, y podemos utilizar tecnologías más modernas para encontrar soluciones. Y acordar como sociedad – siguiendo un reciente acuerdo de los austríacos – cuánta energía estamos dispuestos a ahorrar para poder conservar y restaurar los ríos. ¡A ver si el próximo Gobierno se atreve con este desafío!

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