Ucrania: dos pasos adelante, un paso atrás

Este domingo tendrá lugar la primera ronda de las elecciones presidenciales en Ucrania. Serán las segundas después de la Revolución del Maidán, un acontecimiento que debió su impulso a la lucha contra la corrupción y al desarrollo económico.

Por una parte, el Euromaidán (y, no en menor medida, la anexión rusa de Crimea y el posterior conflicto en el Donbás) reafirmó la orientación europea y occidental de Ucrania. Durante estos últimos cinco años, Kiev ha firmado los Acuerdos de Asociación y de libre comercio con la Unión Europea (iniciando así el tortuoso proceso de transposición de normativa europea que ello conlleva) y ha concluido el acuerdo de liberalización de visados, gracias al cual los ciudadanos ucranianos han podido cruzar sus fronteras con la UE sin tener que tramitar ningún visado. Incluso la Constitución ucraniana refleja ahora el objetivo estratégico de Kiev de convertirse en miembro de la UE y de la OTAN.

Grandes expectativas

La revolución dio paso a la reforma. El Euromaidán generó no sólo esperanza y optimismo, sino grandes expectativas, desde la garantía de adhesión a la UE hasta el fin de la corrupción en el país. En parte por demanda popular, en parte por presión de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional, Ucrania inició un proceso ambicioso y crítico de reformas, desde el desarrollo económico (que ha experimentado un tímido progreso) hasta la importantísima descentralización fiscal o la reforma del Poder Judicial. También se instauró una Oficina Nacional Anticorrupción, aunque con numerosas carencias, así como otras medidas que dotaron la Administración pública del país de una mayor transparencia.

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Sin embargo, cinco años después las expectativas están lejos de cumplirse y la población ucraniana está profundamente desilusionada. Algunas de las reformas llevadas a cabo han sido particularmente dolorosas, como la reciente subida de los precios del gas. Por otra parte, los ucranianos reprochan al presidente Poroshenko que haya sido incapaz de resolver el conflicto con Rusia: la situación en el Donbás continúa siendo crítica, y la misión especial de la OSCE en la región sigue denunciando violaciones del alto al fuego casi a diario. Por otra parte, los incidentes del pasado mes de noviembre en el estrecho de Kerch, en el mar de Azov, ha abierto un nuevo frente con Moscú.

Ni siquiera la percepción de los ciudadanos sobre la corrupción ha mejorado sustancialmente: Ucrania se sitúa en la posición número 120 de 180 en el Índice de Corrupción de Transparency International (en 2014, se encontraba en la posición 142ª). Incluso el propio equipo de Poroshenko se ha visto en los últimos meses involucrado en un escándalo de corrupción.

Nuevas y viejas caras

Por ello, la popularidad del actual presidente, que busca repetir mandato en estas elecciones presidenciales, ha caído en picado. Las encuestas de intención de voto ni siquiera garantizan que Poroshenko pase a la segunda ronda de las elecciones, que tendrá lugar el próximo 21 de abril. Compite con ni más ni menos que otros 38 candidatos (inicialmente, se presentaron hasta 44 candidaturas). Aun así, los sondeos indican que el ‘podio’ se repartirá entre el cómico Volodymyr Zelenskiy, la ex primera ministra Yulia Tymoshenko y el actual presidente, pero sólo dos de ellos (a no ser que se cuele algún otro nombre en el último minuto) pasarían a la segunda ronda.

Según las últimas encuestas, Zelenskiy sigue en cabeza, con aproximadamente un 25% de intención de voto. En la popular serie de televisión ucraniana Sirviente del Pueblo, Zelenskiy interpretaba a un profesor cuyo discurso contra la corrupción lo catapulta, casi de la noche a la mañana, en presidente de Ucrania. ¿Superará la realidad a la ficción? A favor suyo está su creciente popularidad y las ganas de una parte nada desdeñable del electorado ucraniano de deshacerse de la vieja clase política. Entre los puntos estrella de Zelenskiy, además, se incluye la introducción de la democracia directa en Ucrania. Sin embargo, no tiene experiencia alguna en política, y muchos le reprochan el hecho de que no tenga un programa político especialmente detallado.

Todo apunta a que la segunda posición se jugará entre Petro Poroshenko y Yulia Tymoshenko, prácticamente empatados en un 18% de intención de voto. La ex primera ministra y otrora princesa del gas no ha perdido ni un ápice de la retórica feroz y populista que la ha caracterizado: a pesar de mostrarse dispuesta a seguir adelante con las reformas emprendidas hasta ahora, tildó de «genocidio» la subida de los precios del gas; precisamente, una de las condiciones que estipula el préstamo del Fondo Monetario Internacional. Promete, además, hasta triplicar el gasto en pensiones, en un intento de conseguir el voto de la tercera edad. El populismo ha vuelto en Ucrania, si es que alguna vez se fue.

Eligiendo el mal menor

Huelga decir que entre Poroshenko y la ex primera ministra no reina precisamente la amistad. Y es que las elecciones a la Presidencia ucraniana son, también, un reflejo de batallas entre oligarcas y de viejas enemistades. Ni siquiera la candidatura de Zelenskiy tiene las manos del todo limpias: numerosos expertos apuntan a que detrás del cómico se esconde el multimillonario oligarca Ihor Kolomoisky, propietario del canal en el que se emite el show de Zelenskiy. Kolomoisky fue gobernador del óblast (una especie de región o provincia) de Dnipropetrovsk por un breve periodo tras el Euromaidán, pero Poroshenko le echó en 2015 y, pocos meses después, nacionalizó el banco PrivatBank, propiedad del mismo Kolomoisky.

Hay quien dice que elegir a Zelenskiy significará romper con el pasado. Pero ninguno de los principales candidatos está ni mucho menos desvinculado a la oligarquía del régimen anterior que la juventud del Euromaidán soñaba con romper. Es una incógnita saber qué pasará con las reformas emprendidas hasta ahora y con la vocación euro-atlántica del actual Gobierno si gana Zelenskiy.

Aun así, no todo se juega en los comicios presidenciales de esta semana: las elecciones a la Verkhovna Rada (el Parlamento ucraniano) tendrán lugar el próximo mes de octubre, y serán de vital importancia para ver qué coaliciones se forman y si obtienen mayoría las fuerzas que quieren seguir adelante con las reformas.

Es cierto que las elecciones de este domingo serán un termómetro para medir la paciencia de la población ucraniana por un cambio que no acaba de llegar. Pero sería completamente falso decir que Ucrania no ha progresado en los últimos cinco años. Como indicaba Samuel Huntington en Political Order in Changing Societies, emprender reformas es sustancialmente más laborioso y requiere mucho más tiempo, paciencia y planificación a largo plazo que iniciar una revolución. Ucrania avanza; a trompicones, pero avanza.

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