¿Un nuevo experimento político en Austria?

En Austria, el partido conservador (ÖVP) y los verdes han alcanzado un acuerdo para formar un Gobierno de coalición. Ambas formaciones se vieron fortalecidas en las elecciones anticipadas celebradas en septiembre pasado. Los verdes obtuvieron el mejor resultado de su historia, obteniendo el 14% de los votos y 26 diputados.

Dado que los partidos verdes suelen representar posiciones ideológicamente progresistas, diametralmente opuestas a los postulados conservadores, este acuerdo ha captado el interés de la prensa internacional; especialmente porque, hasta hace unos meses, los conservadores austriacos gobernaban en coalición con la extrema derecha del FPÖ. El partido de Kurz es, además, uno de los partidos más escorados a la derecha dentro de la familia conservadora europea en cuestiones como la inmigración o la integración de las minorías.

El pacto entre estos dos partidos en Austria (incluye medidas tan diversas como un impuesto de 12 euros a los billetes de avión, el abaratamiento de las tarifas de tren o la prohibición del uso del velo islámico entre las niñas menores de 14 años) ha abierto el debate sobre la posibilidad de que en el futuro existan coaliciones que combinen posiciones anti-inmigración con otras favorables a la sostenibilidad del consumo y del medio ambiente. ¿Estamos ante un nuevo experimento político? ¿Existen precedentes de coaliciones o acuerdos de legislatura similares en Europa?

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Un recorrido por el continente nos permite apreciar que no es tan extraño que los verdes entren en gobiernos de coalición o colaboren con partidos liberales y conservadores. En el caso de Finlandia, por ejemplo, han compartido Gobierno en distintas ocasiones con partidos a su derecha, como es el caso actualmente. En Suecia, gobiernan con los socialdemócratas, pero gracias a un acuerdo de legislatura con los liberales y el Partido del Centro. En el caso de estos dos países, los verdes apenas han tenido que renunciar a sus principales políticas (el medioambiente o la cuestión migratoria) para entrar en el Ejecutivo porque la mayoría de los partidos en la coalición (o que apoyan al Gobierno desde fuera como en Suecia) coinciden en líneas generales en estas cuestiones.

Sin embargo, el caso de Austria (o potencialmente en Alemania, si los verdes entran en el poder con la CDU después de las elecciones de 2021) es algo distinto. En primer lugar, se trata de una coalición mayoritaria formada exclusivamente por dos partidos en la que el conservador tiene una política muy dura en la cuestión migratoria, que choca frontalmente con el carácter cosmopolita y abierto de los verdes. Como consecuencia de ello, la decisión de los verdes austriacos entraña importantes riesgos: las preocupaciones de sus votantes van mucho más allá del medioambiente, con posiciones muy distintas a las del votante conservador en multitud de cuestiones. El caso de Alemania podría ser similar al de Austria. Es probable que los verdes alemanes se vieran obligados a realizar importantes renuncias a su programa original en materia de defensa, política económica o inmigración.

No hay que olvidar, además, la diversidad que existe dentro de la familia verde, con partidos más moderados como los alemanes o finlandeses, por un lado, y otros más claramente emparentados con la tradición ideológica del espacio poscomunista, como en Dinamarca o Países Bajos (donde se conocen como partidos sandía: rojos por dentro y verdes por fuera). Como veremos a continuación, suelen ser precisamente los partidos verdes del primer tipo los más proclives a llegar a acuerdos con partidos a su derecha.

Los verdes (a veces) miran a su derecha

En Finlandia, los verdes han formado parte de gobiernos de coalición en cinco ocasiones distintas (1995-1999, 1999-2003, 2007-2011, 2011-2014 y actualmente). En las cinco ocasiones, la coalición ha incluido también a partidos liberales (Partido del Centro) o de centro-derecha (Partido de Coalición Nacional). En la actual legislatura, esta formación, que logró en 2019 su mejor resultado con el 11,5% de los votos, se encuentra dentro del Gobierno junto a socialdemócratas, liberales, la izquierda radical y un partido que representa la minoría lingüística sueca del país; los verdes dirigen los ministerios de Asuntos Exteriores, Interior y Medioambiente.

Si bien es cierto que los verdes finlandeses han sido siempre un partido minoritario, con alrededor del 8% de los votos, su fuerza actual es equiparable a la de los austriacos. Además, aunque en Finlandia exista una tradición mayor de gobiernos arcoíris (coaliciones ideológicamente heterogéneas), ambos son países donde los verdes se presentan a los comicios de forma totalmente independiente; es decir, sin acuerdos pre-electorales con otros partidos. No sucede así en otros países como Suecia, donde el partido verde suele acordar previamente con los socialdemócratas que gobernarán conjuntamente si los números lo permiten; o Dinamarca, donde existe también una clara política de bloques en virtud del posicionamiento ideológico de los partidos y los verdes se sitúan rotundamente en el de la izquierda.

Desde 2014, por primera vez en su historia, los verdes se encuentran en el poder también en Suecia. Su coalición con los socialdemócratas en 2014 puso fin a dos gobiernos consecutivos del bloque de la derecha (Partido Moderado, Liberales, Democristianos y Partido del Centro). Después de las elecciones de 2018, en las que los verdes descendieron en porcentaje de apoyos (del 6,8% al 4.4%), ni el bloque rojiverde de izquierdas (144 escaños) ni la alianza de derechas (143) lograron la mayoría parlamentaria de 175 diputados. En estas circunstancias, el primer ministro Stefan Löfven alcanzó un acuerdo con dos partidos pertenecientes tradicionalmente al bloque de la derecha (los liberales y Partido del Centro) para poder ser investido primer ministro y asegurarse la estabilidad de su Gobierno de coalición con los verdes.

El acuerdo con los liberales y centristas ha traído consigo, por ejemplo, la abolición del impuesto de austeridad, que afectaba a las rentas más altas y se había implementado después de la crisis financiera del país en los años 90, así como propuestas para la flexibilización del mercado laboral. En cambio, al no tratarse de cuestiones especialmente relevantes para el (pequeño) electorado verde, estas concesiones no han sido especialmente costosas.

Al mismo tiempo, el actual Gobierno sueco es particularmente ambicioso en relación a la cuestión medioambiental. El hecho de que el medioambiente y la inmigración hayan adquirido más importancia en el debate público, por encima de los asuntos tradicionales (económicos) del eje izquierda-derecha, habría facilitado el entendimiento entre la coalición rojiverde y los liberales y centristas, ya que se encuentran más cercanos ideológicamente en estos asuntos.

Próximamente: ¿Alemania y Holanda?

En el caso de Alemania, los verdes estuvieron en un Gobierno de coalición con los socialdemócratas en dos legislaturas consecutivas (1998-2002 y 2002-2005); pero parecen cada vez más dispuestos a colaborar con la CDU, con quienes gobiernan desde 2013 en la región de Hesse. Son ya la primera fuerza en algunas ciudades importantes, con especial atractivo entre los jóvenes y las clases medias educadas, y no es descabellado que puedan sustituir a los socialdemócratas (SPD) como principal partido del centro-izquierda.

Los verdes alemanes son una fuerza más transversal en términos de apoyos de lo que se podría pensar, atrayendo en algunos casos a un número de importante de antiguos votantes de la CDU. La posible entrada de los verdes en el Gobierno junto a este partido tendría quizás consecuencias para el futuro de la zona euro. Los verdes podrían ser más proclives a poner en marcha estímulos fiscales, tal y como se le viene reclamando desde distintas instancias, aunque ello dependerá también de cómo evolucione el mercado laboral alemán.

En los próximos años también podríamos ver la entrada de los verdes en gobiernos de países como Holanda, donde GroenLinks parece tener una trayectoria electoral ascendente y habrá elecciones generales en 2021. La recuperación del partido laborista holandés (PvdA) en los últimos meses parece haber frenado de momento la crecida verde en las encuestas. En un contexto tan fragmentado como el holandés, donde además no son frecuentes las coaliciones pre-electorales, es improbable que, si los verdes entran en un Gobierno, estén acompañados solamente de partidos de izquierdas. De hecho, a fecha de hoy gobiernan en Ámsterdam con los socio-liberales del D66 y los socialdemócratas (PvdA), y en Róterdam con liberales, democristianos y socialdemócratas.

En resumen, desde una perspectiva comparada, la realidad es que no es la primera vez que un partido verde entra en un Gobierno de coalición con un partido ideológicamente a su derecha. Sin embargo, cuando comparamos el caso austriaco con los de Finlandia o Suecia, encontramos importantes diferencias. En Austria se trata de una coalición mayoritaria en cohabitación con el principal partido del centro-derecha, que representa a un electorado muy distinto al de los verdes. Por otro lado, el hecho de que los conservadores acepten políticas más ambiciosas con respecto al medioambiente sugiere que esta cuestión es cada vez más transversal ideológicamente.

La paradoja para los verdes es que, conforme crezcan electoralmente, deberán posicionarse más claramente sobre un abanico más amplio de asuntos. En último término, una vez aumente su definición ideológica se incrementará también el coste de sus renuncias cuando se trate de pactar con los conservadores.

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