Una legislatura para seguir politizando la Unión Europea

Las elecciones europeas celebradas en 28 países durante los últimos días nos sirven para divisar cuál puede ser la suerte de los distintos sistemas de partidos en Europa en los próximos años. El hecho de que el sistema electoral sea más proporcional que en la mayoría de las elecciones nacionales o que sean unas elecciones consideradas de segundo orden y se tienda a penalizar a los partidos tradicionales en el poder –los ciudadanos las perciben como menos importantes, la participación es baja y suelen votar de forma menos estratégica– hace que tradicionalmente los partidos minoritarios hayan tenido unos resultados especialmente buenos en estas elecciones. No debería extrañarnos por tanto que los partidos de derecha euroescéptica, verdes o liberales hayan obtenido unos mejores resultados que en otras elecciones.

Muchos análisis publicados durante los últimos meses se han centrado sobre todo en el crecimiento de los partidos de extrema derecha, así como en el hecho de que por primera vez la suma de los dos grupos políticos tradicionales en el Parlamento Europeo, el centro derecha (Partido Popular Europeo) y centro izquierda (Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas), no superaría la mayoría simple en escaños. Los conservadores del Partido Popular Europeo pierden fuerza especialmente en Italia, Francia, España, Polonia y Alemania, mientras que los socialdemócratas sufren las mayores derrotas en Alemania (pierden 11 de 27 escaños que consiguieron en 2014) y Francia e Italia (aunque en este país mejoran sus expectativas al recuperar la segunda posición y quedando por encima del Movimiento Cinco Estrellas).

Aun así, las encuestas apuntaban a una mayoría en el Parlamento compuesta por partidos moderados favorable a la integración europea, ya que el descenso de socialdemócratas y populares se vería compensado por el aumento de los partidos liberales y verdes. Por otro lado, los partidos de izquierda radical o eurocríticos (Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica) pierden alrededor de 15 escaños tras los malos resultados partidos como Die Linke en Alemania, el Partido Socialista en Holanda y el declive de la suma de Podemos e Izquierda Unida, que por separado sumaban 11 escaños en 2014 y en coalición en estas elecciones han obtenido 6 escaños.

[Recibe diariamente los análisis de más actualidad en tu correo electrónico o en tu teléfono a través de nuestro canal de Telegram]

El paisaje que nos ofrecen los resultados electorales no se aleja demasiado de las expectativas de la mayoría de los análisis, aunque seguramente se prestó demasiada atención al aumento de los partidos euroescépticos de extrema derecha y se pasaron por alto otras tendencias interesantes, como la tendencia al alza de los partidos verdes en Alemania, Francia o Finlandia, o de los liberales de Alde en países tan distintos como Rumania, República Checa, Dinamarca o Luxemburgo. A continuación muestro un gráfico con algunos países de Europa, principalmente países con sistemas de partidos especialmente fragmentados donde podemos encontrar partidos fuertes entre las familias de partidos minoritarias (verdes, liberales y derecha radical).

Como se observa en el gráfico, los verdes doblan su resultado en Alemania con alrededor del 20 por ciento de los votos y confirmado el ‘sorpasso’ a los socialdemócratas que ya habían apuntado en distintas elecciones regionales en el último año. Como dato llamativo, los verdes en Alemania son de lejos el partido más votado entre los menores de 30 años con el 33 por ciento de los votos. Los verdes crecen también en Finlandia, donde ya habían obtenido su mejor resultado en las elecciones generales de abril, y son el segundo partido más votado en estas elecciones europeas. El segundo partido verde más grande después del alemán en el nuevo Parlamento será el de Francia, que sube cinco puntos respecto al 2014 y dobla su número de escaños de 6 a 12. Los verdes también parecen haber crecido de forma notable en Irlanda, donde su tradición es más limitada que en otros países, y en Holanda con alrededor del 15 y el 10 por ciento del voto respectivamente. En otros países como Austria o Dinamarca se mantienen, y caen en Suecia donde pasan de cuatro a dos diputados.

Los partidos liberales, agrupados en su mayoría en ALDE, el grupo liberal en el Parlamento Europeo, también han visto mejorados sus resultados, especialmente si incluimos dentro de este grupo al partido de Emmanuel Macron en Francia. Además del caso de Francia, los liberales crecen ligeramente en lugares como Dinamarca (Danish Social Liberal Party) y en Suecia (Centre Party), así como en países que no aparecen en el gráfico como Rumanía o República Checa. Como se aprecia en el gráfico, en el caso de Holanda los socioliberales de D66, que parecen haber virado a la derecha en los últimos años descienden casi 10 puntos. El partido del actual primer ministro Mark Rutte, que pertenece al ala más conservadora de Alde (no lo incluyo en el gráfico), habría cosechado un resultado similar al de las anteriores elecciones europeas con alrededor del 15% del voto y cuatro escaños. 

Por otro lado, los partidos euroescépticos de derecha radical se consolidan en Europa y crecen en algunos casos, aunque no parecen haber cumplido con las expectativas creadas por los pronósticos más agoreros. Por ejemplo, a pesar del buen resultado del partido de Le Pen en Francia con 22 escaños, este pierde ligeramente votos respecto a las elecciones de 2014. Tal y como pronosticaban las encuestas, la Liga de Matteo Salvini también obtiene un resultado histórico con cerca del 30% de los votos y 22 escaños, aunque las encuestas de hace un par de meses les daban un resultado todavía mejor, cercano al 35%. El AfD (Alternativa por Alemania) crece tímidamente en Alemania respecto al 2014, pero desciende un par de puntos si lo comparamos con las elecciones generales de 2017 donde alcanzaron el 12.6 por ciento de los votos. Lo mismo sucede con los Demócratas Suecos, que mejoran sustancialmente en comparación con las elecciones europeas de 2014 pero se tienen que conformar con un resultado similar (entre el 15 y el 16 por ciento) al que obtuvieron en las últimas elecciones generales en 2018. Por otra parte, uno de los partidos más radicales en Europa, el Vlaams Belang de Bélgica, ha obtenido un muy buen resultado con cerca de 12 por ciento de los votos, siendo el segundo partido más votado del país. Por otra parte, los euroescépticos de derechas descienden con claridad en Dinamarca (Danish People’s Party), del 26% al 13% de los votos en comparación con 2014. El resultado de Vox en España, con solo 3 diputados y cerca del 6 por ciento de los votos es también decepcionante para sus intereses y muestra una vez más la dificultad de la extrema derecha para cosechar éxitos electorales en España. En el caso del PiS en Polonia y Fidesz en Hungría, dos de los partidos (y países) que más preocupan en Europa por su deriva autoritaria, ambos mejoran todavía más sus resultados, con el 43 y el 52 por ciento de apoyo respectivamente. En el caso de Hungría la oposición es prácticamente inexistente mientras que en Polonia la coalición de partidos europeístas ha obtenido el 38% de los votos.

Una de las primeras consecuencias de estas elecciones europeas es la necesidad de ensanchar la gran coalición europeísta que tradicionalmente han conformado populares y socialdemócratas. En este nuevo contexto, los partidos liberales van a jugar un rol determinante, como también los harán los verdes en algunas ocasiones. Ello hará necesaria la geometría variable en el Parlamento Europea en función del tipo de asuntos a discutir. Por ejemplo, sabemos que los verdes tienen una aproximación crítica a los acuerdos de libre comercio, mientras que en otras cuestiones se pueden alinear fácilmente con el resto de los partidos centristas para avanzar en la integración. En el otro lado, estos partidos se las verán con los partidos que se oponen frontalmente a las políticas de más integración. Sin embargo, a pesar de los intentos de Salvini en las últimas semanas por formar un nuevo grupo que supere sus divisiones, es probable que estas perduren en el nuevo parlamento. Los siguientes gráficos muestran por ejemplo cómo los grupos políticos que incluyen partidos euroescépticos suelen tener un menor nivel de cohesión interna que en el caso de los grupos políticos europeístas.

Las últimas investigaciones recientes sobre los patrones de voto en el Parlamento Europeo sugieren la dimensión europea (anti-Unión Europea o pro-Unión Europea) tiene cada vez más importancia a la hora de explicar el sentido del voto de los distintos grupos políticos. Es de prever que esta dinámica sea cada vez más pronunciada en un parlamento particularmente fragmentado y con visiones muy distintas de hacia dónde debe avanzar la Unión Europea. Muchos llevan tiempo reclamando la necesidad de politizar la Unión Europea. Después de una década de crisis y con la necesidad de incluir a nuevos grupos políticos en la coalición para seguir construyendo la Unión Europea parece la legislatura ideal para seguir politizando la Unión. Y en 2024 continuar revirtiendo la tendencia negativa de participación, como ha sucedido por primera vez desde 1979 en estas elecciones donde el promedio de participación en toda la UE ha sido del 50,95 por ciento, ocho puntos más que en 2014.

Autoría

Patrocinado por:

Dejar un comentario

X

Uso de cookies

Esta página utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle información relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.