Vientos de cambio en la Unión Bancaria Europea

En un artículo escrito para el Financial Times, el ministro de Finanzas alemán, Olaf Scholz, sorprendió a propios y extraños al abogar por la necesidad de profundizar y completar la Unión Bancaria Europea (EBU, por sus siglas en inglés). Concretamente, ha propuesto la creación de un fondo europeo de garantía de depósitos, medida rechazada en innumerables ocasiones tanto por el país germano como por Holanda con el pretexto de que exacerbaría los problemas inherentes de riesgo moral. En otras palabras, siempre se ha esgrimido que los contribuyentes alemanes y holandeses no se debieran ver perjudicados por las turbulencias del sector bancario de otros países.

Sin embargo, parece que algo está cambiando. La arquitectura de la EBU se comenzó a diseñar en 2012 como respuesta a la crisis en la que estaban inmersos los países de la eurozona. Fundamentalmente, la Unión Bancaria debería estar compuesta por tres pilares o ejes básicos. El primero es el Mecanismo Único de Supervisión (SSM), que ha servido para incrementar la eficiencia de la supervisión bancaria y mejorar la cooperación entre estados. Bajo el SSM, el Banco Central Europeo (BCE) supervisa directamente un gran número de instituciones bancarias y crediticias que cuentan con más del 80% de los activos totales en la zona euro.

Empero, este mecanismo no ha estado exento de críticas y su funcionamiento dista mucho de ser perfecto. Algunos investigadores han expuesto que hay demasiada discrecionalidad a la hora de interpretar y aplicar las normas de supervisión tanto por parte del BCE como por parte de los estados miembros de la eurozona.

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El segundo pilar, el Mecanismo de Único de Resolución (SRM), establece un criterio uniforme con el fin de que los contribuyentes sean mínimamente perjudicados. En caso de tener que actuar, el SRM deberá hacer uso del fondo único de resolución, financiado a través de las contribuciones del sector bancario. La investigadora del Instituto Europeo de Florencia Mikaella Yiatrou argumenta que el fondo no sólo podría no proporcionar una financiación adecuada para cada una de las resoluciones bancarias, sino que no elimina completamente el riesgo de que sean los estados los que deban proveer la financiación a las instituciones en problemas.

Finalmente, el tercer pilar es el Fondo Europeo de Garantía de Depósitos (Edis), que no se ha implementado, si bien se armonizaron los sistemas nacionales para garantizar que todos los depósitos estén protegidos en la UE hasta un máximo de 100.000 euros por persona y banco. La idea de Scholz pretende construir este pilar, volviendo a traer al debate público una reforma casi olvidada pero completamente necesaria. De hecho, en 2017, la Comisión Europea publicó una comunicación en la que pedía al Parlamento Europeo y al Consejo Europeo que completaran la Unión Bancaria.

El establecimiento del fondo europeo de garantía de depósitos mejorará la credibilidad del seguro de depósitos, contribuirá a la estabilidad financiera (resolviendo el problema de asimetría que implica tener seguros de depósitos nacionales), mitigará el riesgo de pánicos bancarios a gran escala y permitirá un aumento de la seguridad jurídica.

La evidencia empírica también respalda la creación de un fondo de garantía común. Un estudio del BCE expone que su puesta en marcha de un fondo que cubra solamente el 0,8% de los depósitos totales podría ser suficiente para resistir situaciones de crisis severas, como la experimentada entre 2007 y 2009.

Aunque la propuesta de Scholz muestra la Unión Bancaria que desea establecer el actual Bundesfinanzministerium (Ministerio de Finanzas alemán), no implica que se acepte directamente la creación del Edis. La medida, por ende, no está exenta de contrapartidas. Por un lado, Scholz pretende que las entidades bancarias continúen reduciendo los activos tóxicos de su balance, incluyendo los préstamos impagados (non-performing loans) y las inversiones en bonos del Estado que poseen. Además, considera necesaria la equiparación de la ley de resolución de entidades europeas a la de Estados Unidos.

Por otro lado, el ministro de Finanzas alemán también solicita la creación de filtros que eviten el uso último del Edis y la armonización de la tasa impositiva que los países de la UE repercuten a los bancos, algo de difícil implementación. Asimismo, no es menos importante remarcar que Scholz pertenece al partido socialista alemán, cuya visión de la Unión Bancaria puede distar de la de su socio de gobierno, la CDU, y no llegar a buen puerto.

En un contexto en el que el cambio tecnológico ha provocado el surgimiento de nuevos competidores (compañías fintech) para el sector bancario, completar la EBU es fundamental para asegurar el buen funcionamiento de la Unión Económica y Monetaria Europea y profundizar en la integración financiera de los estados miembros, cuya fragilidad se ha demostrado alarmante tras la crisis, como argumenta la ex presidenta del Consejo de Supervisión del Banco Central Europeo Danièle Nouy. A su vez, el investigador del Instituto de Análisis Económico Hugo Rodríguez Mendizábal considera que la finalización de la EBU puede ser la solución óptima a la hora de repartir riesgos en los sectores bancarios de los países de la eurozona.

Al fondo europeo de garantía de depósitos se debe sumar la reducción de la fragmentación regulatoria, el desarrollo de una Unión Europea de Mercados de Capitales y la creación de un activo europeo con riesgo nulo, aunque estas medidas serán incluso de más difícil implementación. No obstante, la propuesta de Scholz allana el camino para la consecución de una UEM mucho más sólida y más integrada que pueda resistir tormentas en forma de crisis financieras, y sirve para seguir en la estela de reformas que la zona euro necesita.

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