¿Volveremos a las calles? Disposición a protestar durante la pandemia

Con las prohibiciones de los gobiernos del mundo a las reuniones públicas, así como las duras medidas aprobadas durante la pandemia, muchas personas expresan su preocupación por una disminución de las protestas en la calle o anuncian un aumento de nuevas tácticas en línea impulsadas por las redes sociales. Otras advierten a los líderes autoritarios que cuando pase la Covid-19 se enfrentarán a nuevas protestas. También hay gente que cree que la ciudadanía estará demasiado asustada o cansada y se preguntan si las protestas desaparecerán por completo.

Cualquier lector podría sorprenderse de estas afirmaciones. Desde el principio del confinamiento, la gente ha salido a las ventanas y balcones de muchos países a aplaudir a los trabajadores sanitarios y (por ejemplo, en España) a hacer sonar sus cacerolas tanto contra la Monarquía como contra el Gobierno. Durante los últimos días, hemos incluso visto cómo manifestantes han incumplido el estado de alarma con reuniones públicas. Las recientes movilizaciones contra el confinamiento originadas en el rico barrio de Salamanca de Madrid y que se han expandido a otros lugares de la geografía española, así como las contra-protestas que han surgido recientemente parecen indicar que, tanto a la derecha como a la izquierda del espectro ideológico, la gente está dispuesta a manifestarse en la calle si encuentran una razón para hacerlo.

España no es una excepción. El personal sanitario mexicano se ha manifestado por la falta de material protector y la alta tasa de contagios entre las trabajadoras y trabajadores. En Israel, ha habido concentraciones por el deterioro democrático en el país, manteniendo la distancia social gracias a las marcas que los activistas pintaron en el suelo. Las calles de Varsovia se llenaron de manifestantes en coche como respuesta a las leyes del Gobierno polaco para limitar el acceso al aborto durante la pandemia. Y en Eslovenia, la gente ha protestado en bicicleta contra la militarización del país durante el estado de alarma. ¿Significa esto que la gente está dispuesta a salir a manifestarse a la calle a pesar de la Covid-19 y los confinamientos?

Nuestra investigación

A través de nuestros dos estudios, Mobilise e Ibif, hemos encuestado a la población argentina y ucraniana antes y después del confinamiento. En Argentina, el Covid-19 llegó mientras estábamos realizando el trabajo de campo de nuestro sondeo (1.500 entrevistas entre el 27 de febrero y el 29 de marzo). Cuando se decretó el confinamiento el 20 de marzo, continuamos con nuestras entrevistas por teléfono. El 87% de ellas tuvo lugar después de que se anunciase el primer caso de contagio en el país y el 8% después del confinamiento, lo que nos permitió explorar el efecto del virus y el lockdown en las intenciones de manifestarse de la población.

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En Ucrania, añadimos varias preguntas al barómetro telefónico que realizó la empresa demoscópica Kiis entre el 22 y el 24 de abril. Por lo tanto, el estudio tuvo lugar un mes después de que se decretara el confinamiento, el 12 de marzo, y dos meses después de que se anunciara el primer caso de Covid-19 en el país, el 3 de marzo.

La pregunta fue: Si la situación en su país lo requiriese ¿estaría dispuesto a protestar contra el Gobierno?

Nuestros datos indican que una parte importante de la gente lo está, y que la pandemia no ha cambiado sus intenciones. Argentina, que ha tenido varios episodios de protestas masivas desde el final de la dictadura militar en 1983, es un país en el que la disposición a protestar es tradicionalmente alta. De todos modos, incluso para los estándares argentinos, nos llamó la atención que el 55% de las personas encuestadas estaba dispuesta a hacerlo; independientemente del momento en que fueron contactadas, ya fuera antes o después del primer contagio.

Quizás aún más sorprendente es que, entre las personas entrevistadas después del comienzo del confinamiento, todavía el 45% mostró su disposición a movilizarse. Si bien el porcentaje se redujo modestamente, lo que está claro es que una gran parte de la población argentina estaba dispuesta a violar el confinamiento para protestar, a pesar de las tasas de crecimiento de las infecciones por Covid-19.

En Ucrania, donde entre el 15% y el 25% de su gente participó en las movilizaciones masivas de 2004 y 2013/2014, nos encontramos con que el 33% de la población está dispuesta a salir a la calle a protestar. Esto no significa que no tema infectarse; es más, el 55% de ese porcentaje también indicó estar “preocupada” o “muy preocupada” de contraer el virus. Tampoco significa que su preferencia sea por tácticas online, ya que un 5% menos declaró que participarían en acciones vía Internet.

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Además, no estamos hablando de gente que esté ya acostumbrada a manifestarse. A pesar de que solamente un 10% declaró haber participado en alguna movilización durante los últimos 12 meses (ya sea haber firmado una petición o haber asistido a una manifestación o participado en una huelga), un 28% de los encuestados estaría dispuesto a participar en estas acciones si la situación en Ucrania fuese a peor. Es más, un 13% declaró específicamente que asistirían a manifestaciones en la calle durante la pandemia. Por lo tanto, parece que los meses del confinamiento están haciendo mella en una parte de la población, hasta el punto de que consideren sumarse a acciones en las que no habían participado hasta ahora.

El perfil de las manifestantes

A pesar de que ha sido la ultraderecha la que ha politizado las manifestaciones contra el confinamiento en varios países como España o Estados Unidos, nuestros datos muestran que las personas dispuestas a manifestarse durante la pandemia no tienen una afiliación política determinada. En Argentina, a pesar de ‘la grieta’ (la gran polarización entre las posiciones a favor y en contra del peronismo), nuestros datos certifican que hay gente de todo el espectro político lista para salir a la calle; no tienen una mayor probabilidad de haber votado ni por el presidente Alberto Fernández ni por el ex presidente Mauricio Macri en los comicios de octubre de 2019. Esto sugiere que partidarios del Gobierno estarían también dispuestos a movilizarse en la calle.

En Ucrania sí que existen indicios de una mayor polarización y la probabilidad de que alguien esté dispuesta a protestar es un 20% mayor para aquellas personas que votaron en 2019 por el líder de la oposición, Petro Poroshenko, en comparación con las que lo hicieron por el presidente, Volodymyr Zelensky. De todos modos, cuando tomamos en consideración a los que están preocupados por contraer la enfermedad pero, aun así, protestarían (el 18% de la población ucraniana), esta diferencia ideológica desaparece. Esto significa que la preocupación por la Covid-19 pesa más que el sesgo ideológico y que el protestorado tiene más en cuenta la salud pública que las llamadas de los partidos a la movilización.

Un ‘protestorado’ paciente que observa y espera

¿Qué factores pueden hacer que la gente salga a la calle? Nuestros datos muestran algunos puntos en común entre Argentina y Ucrania.

En ambos países, aquellas personas dispuestas a protestar tienen una economía familiar más acomodada; así que parece que la clase social afecta a las ansias de protesta durante el confinamiento. Esto puede deberse a que es común que las personas con mayor educación formal y mayor renta sean más proclives a la participación política, tanto electoral como no-institucional, pero también puede indicar que las clases más populares están llevando el confinamiento, y la privación de libertades civiles que conlleva, de una forma menos contenciosa que las rentas más altas.

Otro factor que diferencia a los protestorados argentino y ucraniano del resto de la población es que este grupo apoya en mayor medida los principios democráticos. Por lo tanto, es posible que una violación de los derechos civiles pueda ser suficiente para movilizar a esta gente. Más allá de Argentina y Ucrania, las últimas protestas en diferentes países del mundo parecen confirmar estos datos. Las recientes movilizaciones en Estados Unidos contra la muerte de George Floyd, un ciudadano de raza negra, a manos de la Policía se han extendido por todo el país y por todo el mundo. La nueva propuesta de ley del Parlamento chino sobre la seguridad nacional de Hong Kong ha reactivado las protestas pro-democracia en la península.

Nuestras conclusiones indican que nadie debiera sorprenderse si continuamos viendo protestas y manifestaciones a pesar de la Covid-19, y que tampoco deberíamos asumir que solamente la gente joven, con menor probabilidad de sufrir las consecuencias del virus, es la que está dispuesta a salir a la calle. Esto también significa que los gobiernos no debieran creer que pueden hacer lo que quieran durante la crisis sanitaria. La salud pública y la economía son asuntos que, sin duda, importan a la ciudadanía, pero los derechos civiles también deben ser una prioridad durante esta pandemia. Si no son respetados, hay un protestorado preparado y expectante, atento a lo que los gobiernos están haciendo (o dejando de hacer) durante este momento de crisis.

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