Vox, el alumno aventajado de la tecnopolítica en España

La extrema derecha emerge con fuerza en España dejando atrás la llamada excepción española en Europa, que la mantenía como fuerza extraparlamentaria. El mercado político español se ha europeizado con la irrupción de Vox. La extrema derecha es hoy políticamente influyente, no tanto por su representación institucional -que también-, sino sobre todo por su capacidad de condicionar y fijar una buena parte de la agenda del debate público. El partido liderado por Santiago Abascal ha reventado las costuras de las formaciones de la derecha y ha empujado tanto al Partido Popular como a Ciudadanos a endurecer sus discursos y competir por el electorado de derechas españolista.

Algunos exponentes de la derecha española, como el expresidente José Mª Aznar, creyeron que Vox era simplemente la expresión del enfado de una parte de su electorado, y que, pasado un cierto tiempo, deberían volver a la casa común que es el Partido Popular para transitar por un nuevo proceso de refundación del espacio político de centro-derecha. Su convicción era tal, que definió a Abascal en una entrevista con Ana Rosa Quintana en octubre de 2018 como «un chico lleno de cualidades». Sin embargo, Abascal, lejos de pensar en una vuelta a casa de los padres, se revolvió con furia en su cuenta personal de Twitter acusando a sus antiguos correligionarios de ser “la derechita cobarde que ha preservado el nefasto legado de Zapatero”. Con ello, dejaba claro que su proyecto era autónomo, ambicioso y con nuevos horizontes, patronos y socios. La emergencia de Vox, no es fruto de la casualidad o de la coyuntura, sino que obedece a un largo proceso que se inició hace unos años en los que han ido incubando y testando relatos y formatos que emanan de fuentes y valores diversas que poco tienen que ver con los métodos de la extrema derecha española tradicional. Hoy Vox, despliega una estrategia basada en nuevos relatos, nuevos métodos y nuevas alianzas internacionales. Todo ello sustentado en una eficiente estrategia de activismo en redes sociales que les ha permitido conectar nuevos públicos y ocupar un espacio central en los debates públicos. Uno de los analistas que mejor ha radiografiado y publicado sobre las estrategias y métodos de la formación de extrema derecha es Antoni Gutiérrez-Rubí. Y es que vale la pena profundizar en el análisis sobre el relato, los valores, los líderes, las alianzas y la estrategia de comunicación de Vox para comprender la profundidad del fenómeno y sobre todo, prospectar los diferentes escenarios de futuro de este nuevo actor político en España. De ese ejercicio, no podemos concluir un desarrollo político claro, pero emergieron algunas reflexiones interesantes:

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Un relato glorioso e imperial. Vox despliega una narrativa que desborda la nostalgia del viejo régimen que siente la extrema derecha franquista. Sus proclamas están trufadas de apelaciones a referentes históricos y un medievalismo iconográfico que apela constantemente a la recuperación de un pasado glorioso e imperial de España. Vox pugna por sustituir al PP como partido de referencia de la derecha apelando a la vuelta al orden moral, político, económico, territorial y cultural de una España atacada por diversos partidos golpistas que se han apropiado de las instituciones. Defienden un nacionalismo español de nuevo cuño con un relato más complejo que se ha orientado hacia un populismo antipolítico de derechas.

Una ideología en construcción. Su ideología tampoco es la tradicional de la extrema derecha española. Es una ideología en construcción, que se va articulando y redefiniendo a medida que se va desarrollando el proyecto. A diferencia de otros partidos de derechas, no tiene detrás ningún laboratorio de ideas o think tank del que emanen sus discursos. Vox sustenta su relato combatiendo en diversos frentes. Por un lado, apela a temas rescatados de su desencanto con el Partido Popular, como son el rechazo a la Ley del Aborto, la Ley contra la violencia de género, la Ley del matrimonio igualitario o la Ley para la recuperación de la memoria histórica. Se presentan como los defensores de la España genuina frente a la anti-España con una islamofobia latente en sus intervenciones. Esta ideología líquida y adaptable, les permite reinventarse constantemente y conectar con públicos más amplios, y siempre con la idea de una España incluso por encima de las instituciones y de la Constitución. Si hay un rasgo característico en su ideario político y su retórica es el ultra-españolismo. Un integrismo español que da naturaleza e identidad al grupo.

Nuevas afinidades y aliados. Vox ha construido su proyecto con diversos aliados y compañeros de viaje, algunos de ellos efímeros e incluso con alianzas excéntricas. La Asamblea Inaugural en marzo de 2014 proclamaba al entonces vicepresidente del Europarlamento y ex líder del PP en Cataluña Alejo Vidal-Quadras como Presidente del Partido y a Santiago Abascal como Secretario General. Pocos meses después, se presentarían a las elecciones al Parlamento europeo con el veterano político catalán como cabeza de cartel en un primer intento por alcanzar representación institucional. Una campaña financiada con fondos de donantes y simpatizantes del Consejo Nacional de Resistencia de Irán (CNRI), grupo opositor al régimen de los Ayatolás. Esa extraña alianza, debía servir para que Vidal-Quadras y Vox fueran el lobby de la oposición iraní en las instituciones europeas. Una operación que acabaría en fracaso y con la salida de Vidal-Quadras del Partido pocos meses después. Abascal lo invitaba a abandonar el Partido al defender el acercamiento de Vox a Ciudadanos y UPyD. Tras ese traspiés, Abascal buscaría nuevos aliados y los encontraría en la ultraderecha estadounidenses -Alt-Righ-, destacada por la incorrección política y sus discursos racistas. Un movimiento liderado a nivel internacional por el ex asesor de Trump, Steve Bannon, que se presenta como la derecha del futuro con un discurso revolucionario y radical contra las inmigrantes, las feministas radicales y los activistas de fronteras abiertas. Un movimiento que apuesta por el cristianismo identitario que identifica el progresismo social como su principal enemigo haciendo una feroz crítica a la modernidad y proclamando restaurar el orden natural de las cosas.

Un grupo dirigente educado en el combate. El núcleo duro de la formación explica en buena parte su dialéctica de combate frente a los enemigos de España. Son un grupo marcado por sus historias personales y familiares. Santiago Abascal, líder de la formación, viene de una familia del País Vasco que vivió amenazada por ETA, y su padre, el dirigente del PP Santiago Abascal Escuza, fue señalado como objetivo de la banda terrorista durante décadas. Por su parte, el secretario general y número dos Javier Ortega Smith, es también el abogado de la formación en los tribunales, lo que le da tribuna mediática. Fue miembro de las unidades de Operaciones Especiales del Ejército español y es el que mantiene un lenguaje más emocional y combativo recuperando con gran éxito el brindis de los antiguos tercios de Flandes que se ha viralizado gracias a los grupos de whatsapp. Iván Espinosa de los Monteros, habitual en los debates de Intereconomía, es empresario, responsable de las relaciones internacionales e hijo de Carlos Espinosa de los Monteros, ex Alto Comisionado del Gobierno para la Marca España y expresidente de Iberia entre 1982 y 1985. Su mujer, Rocío Monasterio, la voz femenina de Vox, está igualmente marcada por el resentimiento frente al régimen castrista. Nacida en Cuba en 1974, se trasladó a España de niña junto a su familia, estudió igualmente en los EEUU y se caracteriza por ser igualmente muy combativa dialécticamente.

Explotar la tecnopolítica. Uno de los principales éxitos de Vox ha sido su exitosa estrategia de comunicación, muy viral y emocional. Apoyándose no solo en las redes sociales, sino sobre todo en los grupos de whatsapp, que constituye hoy la killer application de la comunicación política actual. Su estrategia está basada en el aprovechamiento de la cultura tecnopolítica emergente que anticipó Gutierrez-Rubí en su libro de artículos sobre la materia. Entender la tecnopolítica constituye hoy un factor de competitividad política que facilita la participación y la deliberación a gran escala, además de reconvertir a los militantes, simpatizantes o votantes en activistas de tu causa. “La tecnopolítica puede cambiar las ecuaciones. Voces que son redes, palabras que son hilos, personas que son comunidades” proclamaba Gutierrez-Rubí, y Vox lo explota de una manera eficiente y eficaz.

La emergencia de Vox, se sustenta en cinco factores fundamentalmente. Propone una nueva agenda condicionando el debate público, moviendo los marcos -frames- de la comunicación para imponer un debate sobre lo inaceptable que se va normalizando poco a poco. Lo hace a través de las redes sociales, con contenidos muy poderosos y visuales y un uso preciso de las palabras que utilizan sus seguidores o simpatizantes, que previamente han estudiado al detalle con herramientas de escucha activa en las redes. Su retórica de resistencia, muy expresiva, se presenta en una cuidada escenificación simbólica que despliegan normalmente en locales y formatos pequeños para dar la impresión de exclusividad, así como para compartir imágenes de gran éxito de convocatoria en redes sociales. Inicialmente reticentes a estar presentes en medios de comunicación tradicionales, utilizan canales y medios alternativos en entornos digitales alimentando teorías conspiratorias y poniendo en duda las versiones oficiales. Estas teorías, se amplifican y viralizan a través de grupos de whatsapp y redes sociales que constituyen una verdadera cámara de eco o burbujas de comunicación de sus posiciones y mensajes. Un hiperactivismo digital que consigue un altísimo nivel de engagement entre sus públicos de interés y llega fácilmente a los votantes frontera.

La evolución de Vox en el mercado político español es una incógnita. Podríamos concluir que está todavía en un proceso de construcción, tanto de su ideología como de su relato y quizás lo estará durante largo tiempo. El interrogante para los analistas políticos radica en cuál será su desarrollo: ¿Consolidará un espacio de tradición católica y autoritaria a la derecha del PP o conseguirá desplazar al PP como el partido hegemónico de la derecha con un nacionalismo español de nuevo cuño? O, por el contrario, ¿evolucionará hacia posiciones basadas en un discurso neofascista similares a otros países europeos? Como mejor muestra de ese relato, ideología y alianzas líquidas y en construcción, los tres eurodiputados de Vox en el Parlamento europeo comparten grupo y escaños con el Grupo de Conservadores y Reformistas Europeos (ECR). Un Grupo Parlamentario que lideran los ultracatólicos polacos de Ley y Justicia pero que acoge también a los nacionalistas de la Nueva Alianza Flamenca (N-VA), aliados de una de sus bestias negras, el huido Carles Puigdemont. Con estas alianzas, evitan por el momento la foto junto a los neofascistas de Salvini y Le Pen. El futuro dirá qué rumbo trazarán aprovechando los vientos dominantes del estado de ánimo de la sociedad española mientras los partidos tradicionales siguen con métodos y formas del pasado.

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