‘Vox populi’ pro-democrática en los distritos de Hong Kong

El 24 de noviembre pasado fueron elegidos en Hong Kong 452 concejales que se encargarán de asesorar a la jefa de Gobierno, Carrie Lam, sobre el destino de los recursos públicos y cómo velar por el bienestar de los ciudadanos de cada uno de los 18 distritos de la isla durante los próximos cuatro años. El hecho de que sus miembros sean completamente elegidos por los ciudadanos ha convertido a las elecciones de concejos en uno de los espacios de participación política más importantes del territorio.

Sin mayor presencia de disturbios, la sexta jornada de estos comicios se caracterizó por un aumento sustancial en la participación: 2,9 millones de personas expresaron sus preferencias en las urnas, dando como resultado un incremento homogéneo sin precedentes, de 24 puntos porcentuales, en el número de sufragios con respecto a 2015, como se puede observar en el gráfico. La significativa reducción del abstencionismo evidencia del malestar social que se ha vivido desde que iniciaron las protestas en 2014.

Triunfo de los partidos pro-democráticos

Estos partidos se consolidaron como fuerza política representativa de las mayorías, al pasar de 116 a 392 escaños en cuatro años. Aunque en los territorios del norte (aquellos con frontera con China continental), en la isla de Lantau y en el corazón de la isla de Hong Kong mantienen su presencia los concejales de partidos políticos catalogados como pro-Beijing, su peso alcanza, en el mejor de los casos, el 40%. Un hecho importante a destacar es que los partidos pro-democráticos se consolidaron en las áreas más pobladas de la isla, en sectores como Sha Tin y Eastern.

Además, es evidente el giro en las preferencias electorales en barrios acomodados del centro y sur de Hong Kong, en distritos como Tuen Mun y Bahía Discovery y algunos de la Isla de Hong Kong, donde predominó el voto a partidos pro-democráticos, revirtiendo la tendencia histórica del poder pro-Beijing en el corazón financiero y comercial. También los nuevos territorios y Sai Kung se convirtieron en centros importantes de apalancamiento para estos partidos pro-democráticos (incluyendo los candidatos independientes que así se declararon) en la expansión de su poder local.

Una ciudadanía activa y diversidad de candidatos

Además de la participación ciudadana en las urnas, es importante observar la gran cantidad de nuevas candidaturas. Un total de 1.069 candidatos con diferentes perfiles (desde directivas del sector financiero, ingenieros, artistas, docentes de Primaria y Secundaria, profesionales del área de la salud y estudiantes) evidencia de que hay una gran pluralidad en el apoyo a los movimientos pro-democráticos.

Otra característica resaltable en estas elecciones es el cambio en los candidatos independientes. Mientras que, en las de 2015, éstos representaban algún asunto local particular (una causa animalista, la búsqueda de beneficios para la tercera edad, entre otros), para los comicios de este año han declarado, efectivamente, no tener una filiación partidista particular, pero también una posición pro-democrática en la descripción de sus perfiles.

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Algunos de los mensajes a sus electores en las tarjetas de las candidaturas mencionan el apoyo a un Hong Kong libre y la defensa de los derechos democráticos, mientras que otros con propósitos más puntuales enunciaban el compromiso con las cinco exigencias entregadas a Carrie Lam después de las protestas del mes de junio, cuando se batió el récord de alrededor de dos millones de personas. Las cinco exigencias incluían la eliminación del proyecto de ley de extradición, una comisión que investigue las alegaciones de brutalidad policial, que los manifestantes no sean catalogados como amotinados, amnistía para los arrestados y sufragio universal para el Concejo Legislativo (LegCo) y la Jefatura de Gobierno de Hong Kong.

Otros mensajes incluían fotografías ilustrativas del exceso en el uso de la fuerza pública en las protestas, pues es innegable que estas elecciones han sido también una manifestación del rechazo a las diferentes formas de represión de la ciudadanía que han tenido lugar en Hong Kong desde Occupy Central (2014), con su intensificación durante las protestas de los últimos seis meses. Según vídeos y reportes de Human Rights Watch, entre estos abusos se encuentran el uso de gases para sacar a la fuerza a manifestantes de una estación de metro en Kwai Fong; el disparo de balas de goma a la cara de una mujer en Tsim Sha Tsui, causándole graves heridas; el disparo de bolas de pimienta a grupos de manifestantes mientras se retiraban de las protestas en Tai Koo; el caso de un policía que presionaba la cara de un manifestante contra un charco de su propia sangre en Cause Bay; y, más recientemente, la denuncia de acoso sexual por parte de Sonia Ng, una estudiante universitaria de la Chinese University of Hong Kong.

¿Qué viene ahora?

A pesar de que las funciones de los concejales recién elegidos tienen un carácter meramente consultivo (mientras que la Jefatura del Ejecutivo es nombrada directamente por el Gobierno de Beijing y sus iniciativas sujetas a la aprobación del LegCo, donde sólo 30 de los 70 miembros son elegidos por los ciudadanos), el poder de los concejos de distrito radica en su contacto diario y directo con los electores. En este sentido, los desafíos de la actual Administración de Carrie Lam residirán en establecer canales de comunicación que le permitan un acercamiento a la ciudadanía, mientras que el rol de los concejales se encontrará en buscar espacios en los que las demandas del pueblo empiecen a traducirse en acciones puntuales.

Sin embargo, el camino que lleve a un diálogo fructífero estará plagado de dificultades. No hay más que ver las confrontaciones casi surrealistas en los campus de las universidades registradas el mes pasado: la entrada de la fuerza pública en la Universidad Politécnica de Hong Kong y la Chinese University of Hong Kong, de propiedad privada, en la que incluso se le lanzaron gases al ‘vice chancellor’, Rocky Tuan, cuando intentó acercarse a la Policía para entablar comunicación.

En suma, la activa participación política de las elecciones de concejos deja un mensaje claro: Hong Kong cuenta hoy con una vibrante ciudadanía, más cohesionada que nunca y dispuesta a manifestarse en las urnas apoyando a candidatos que están comprometidos con la libertad y con las cinco exigencias aún no atendidas satisfactoriamente, convirtiéndose en un símbolo de las demandas sociales.

También es evidente que, si se sometieran a la elección popular los cargos de jefe de Gobierno y de todos los miembros del Concejo Legislativo (que es, por encima de todo, la motivación estructural de las movilizaciones ciudadanas), es muy probable que Hong Kong tendría a esos niveles representantes del ala pro-democrática.

Es preciso insistir en que esta victoria en las urnas de los partidos pro-democráticos evidencia que los hongkoneses apoyan la defensa de sus libertades políticas incluso ante los niveles brutales de represión a la protesta y un panorama de desaceleración económica (en el tercer trimestre se declaró la primera recesión en una década). Los ciudadanos han formado una identidad de lo que es su territorio y están dispuestos a llevar adelante la idea de Let Hong Kong be Hong Kong.

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