Vuelta de tuerca a las relaciones Unión Europea/China

Septiembre es un mes de comienzos, pero éste quizá sea diferente y lo que algunos llaman nueva normalidad ya ha atrapado a las dinámicas burocráticas de la capital Europea. Este año marca el aniversario de los 45 años de cooperación entre la Unión Europea y China; unas relaciones que han cambiado radicalmente en los últimos años, y particularmente desde 2019.

Entre las bases de las relaciones entre ambas potencias desiguales se encuentra en la comunicación ‘Componentes de una nueva estrategia de la UE respecto a China’, publicada en 2016. Esta estrategia ya indicaba la necesidad de proteger los intereses de la UE y recordaba a los estados miembros el requisito de que todo acuerdo bilateral con China debería salvaguardar los intereses europeos. Sin embargo, hemos visto que muchos estados han firmado acuerdos y memorandos de entendimiento con diferentes estructuras de inversión chinas como la iniciativa de Cooperación entre China y los países de Europa Central y del Este denominada también como 17+1.

En 2018, y como respuesta a una política expansionista por parte de China con su Iniciativa de la Franja, conocida en inglés como la Belt and Road Initiative, la Unión Europea decidió lanzar la estrategia de conectividad entre Europa y Asia; una estrategia desprovista de fondos propios que trata de fortalecer asociaciones entre ambas partes con el objetivo de apoyar la conectividad sostenible.

A principios del 2019, la UE empleó un lenguaje mucho más asertivo en las conclusiones del Consejo sobre la perspectiva estratégica UE-China. Este documento desgranaba de manera clave la naturaleza compleja de unas relaciones que ya no pueden definirse como de aliado o de enemigo, sino como un rival sistémico o como un posible socio. Rival en ámbitos como el comercio o las inversiones en sectores críticos como la energía o las nuevas tecnologías, y aliado en el llamado multilateralismo eficaz o en el ámbito de la conectividad.

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La Comunicación también insistía en la necesidad de establecer una relación económica más equilibrada y recíproca. Desde 2019, la UE ha tratado de poner en marcha una panoplia de medidas que equilibren la relación y, más recientemente, que desarrolle la autonomía estratégica de la Unión Europea. De hecho, en su discurso de septiembre pasado ante el Foro Economice, el jefe del Consejo Europeo alega que la independencia estratégica de Europa debe ser “nuestro proyecto común generacional para este siglo”.

La pandemia de la Covid-19 y el debilitamiento del multilateralismo no han hecho más que acelerar la necesidad de repensar la estrategia y visión de la UE ante China en un mundo cada vez más polarizado. De ahí que, en 2020, la Unión haya lanzado varias iniciativas que pretenden reajustar la política comercial. Entre ellas, la que incluye una consulta pública y tiene como objetivo consensuar un cambio de orientación a medio plazo para esa política comercial europea, que responda a una serie de nuevos retos mundiales y tenga en cuenta las lecciones aprendidas en la crisis del coronavirus.

Sin embargo, detrás de todas estas iniciativas y guías estratégicas, las relaciones entre la UE y China siguen reajustándose, mientras la primera trata de encontrar su camino fuera del campo de influencia de EE.UU. o China.

En un estudio recientemente publicado sobre las relaciones entre la UE y China, la Corte de Auditores denuncia ciertas inconsistencias en la aplicación de la política europea hacia la potencia asiática, así como la ausencia de medios de monitoreo. Este enfoque, que determina una visión pero no define claramente los medios ni su evaluación, dificulta establecer si se están mitigando suficientemente los riesgos.

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Además, la posición de la UE se ve muchas veces mermada por la falta de alineamiento de los estados miembros, que actúan de manera bilateral con arreglo a sus intereses nacionales y sin coordinarse con la Comisión Europea. Ante esta situación, la canciller Angela Merkel, que ostenta la Presidencia de la UE en esta segunda mitad de 2020, ha tenido como prioridad revitalizar las relaciones con el gigante asiático al mismo tiempo que consensuar una posición única entre los estados miembros. Para ello, propuso la organización de una cumbre en Leipzig en la que participarían los 27 y cuyo fin era avanzar, e incluso concluir, el acuerdo general sobre inversiones. Se pretende que éste vaya mas allá de un acuerdo comercial tradicional y cubra aspectos de acceso al mercado, desarrollo sostenible, transparencia sobre subvenciones a empresas y aspectos relacionados con el level playing field o la igualdad de condiciones.

Debido parcialmente a la Covid-19 y a la falta de compromiso por parte de las autoridades chinas, más focalizadas en su difícil relación con Estados Unidos, la cumbre de Leipzig se ha pospuesto y ha sido reemplazada por una cumbre por videoconferencia en la que los estados miembros no han participado y donde ha habido pocos avances. El acuerdo general sobre inversiones sigue estancado y, sin el respaldo de una Presidencia como la alemana, puede sucumbir ante más años de negociaciones.

En este contexto de impasse tras una cumbre de mínimos, la Unión Europea necesita continuar su trabajo de consenso con los estados miembros y reforzar su posición para convertirse en un actor creíble. Además, la revisión de la política comercial en curso representa una oportunidad para coordinarla con la política exterior, de tal manera que se dote de instrumentos de defensa comercial que reduzcan la vulnerabilidad de la UE ante una China crecientemente expansionista.

Por otro lado, el futuro Marco Financiero Plurianual podría dotar de recursos financieros gracias a los cuales se originen proyectos en el ámbito de la conectividad sostenible y ayuden a la cooperación entre ambas potencias, porque la cooperación es inevitable y necesaria.

El futuro de la relación sino-europea es incierto y quizá hasta bipolar, pero la Unión Europea tiene una oportunidad de afianzar su estrategia y dotarla de los recursos y la credibilidad necesarios para convertirse en un actor relevante.

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