Y usted, ¿cómo tuiteará durante esta campaña?

A punto de iniciarse una nueva carrera electoral, la utilización de Twitter parece ya escenario ineludible para el despliegue de la campaña: politólogos, analistas y asesores se preocupan por la generación de discurso desde las cuentas de líderes y partidos en la red social. Y aunque existe ya un análisis ingente sobre estas producciones textuales, son menos frecuentes los intentos de caracterizar líneas discursivas específicas para los seguidores de cada líder o partido. Con este fin analizamos 1.500 tuits de respuesta a mensajes de Twitter publicados en las cuentas de Ciudadanos, Albert Rivera, Izquierda Unida, Alberto Garzón, Podemos, Pablo Iglesias, Partido Popular, Mariano Rajoy, Partido Socialista Obrero Español y Pedro Sánchez. Son mensajes publicados el 13 de junio de 2016, que presentan una foto fija del día que tuvo lugar el debate televisado pre-electoral de las elecciones generales.

¿Cómo responden los seguidores a los mensajes de las distintas cuentas políticas? ¿Tuitean todos igual? Si realizamos un análisis combinado de diversas categorías y estrategias para identificar perfiles discursivos, encontramos, como primera y llamativa evidencia (estrategia temática), una ausencia generalizada de los temas políticos, predominando los asuntos anecdóticos y periféricos más propios del ‘politiqueo’ que de la política. En la muestra de tuits, los seguidores que más hablaban de política fueron los del PSOE (61,3% de sus mensajes) y los de Ciudadanos (48%); y quienes menos trataron estos asuntos fueron los seguidores de Iglesias (un 12%) y Garzón (13,3%).

Los tuits usan, además, un lenguaje (estrategia léxica) muy marcado emocionalmente, al servicio de la vehemencia hiper-militante, de manera que la función de las palabras no se queda en la denominación, sino que se impregna de sobrentendidos y sentimientos añadidos, preferiblemente negativos: insultos, burlas, sarcasmo. Nuestro análisis mostró que los seguidores que más utilizaban el léxico ofensivo eran los de Ciudadanos y Rivera, mientras que los seguidores que en conjunto usaban un léxico más neutro, no marcado valorativamente, eran los de Garzón, el PSOE y Sánchez.

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Este tipo de lenguaje se alinea perfectamente con el gusto por acciones verbales (estrategia intencional) de ataque, de acusación, que atiende más a los personalismos de la política que a los temas del interés general. Los tuiteros que más recurrían a estos usos lingüísticos de ataque fueron los seguidores de Rajoy (un 65,3% de tuits) y Ciudadanos (57,3%), y los del PSOE (27,3%), Garzón (35,3%) y Sánchez (36%) quienes menos. Sólo los seguidores de Garzón mostraron un uso significativo de intencionalidad positiva, centrada sobre todo en el elogio rendido ante su persona (recordemos que no participaba en el debate). Los únicos seguidores en cuyos mensajes predominó la función referencial del lenguaje, más atenta a las políticas que al juego político, fueron los de Sánchez y el PSOE.

El último elemento analizado (estrategia afiliativa) tiene que ver con el hecho de si los tuits de los seguidores se construyen desde el acuerdo o desde la discrepancia con el tuit desencadenante. Diferenciamos aquí dos niveles: por un lado, los contenidos del tuit concreto y, por otro lado, la posición ideológica. Comprobamos que las cuentas que recibieron más comentarios hostiles y discrepantes (y, por tanto, una afiliación partidista más débil) fueron las del PP, Rajoy y Ciudadanos, mientras que las que generaron más tuits de conformidad semántica y afiliación ideológica fueron las del IU, Garzón y el PSOE. Este dato es interesante para dejar constancia de que Twitter no es un reflejo directo de la sociedad, y que el partido más atacado en la red puede ser el más votado fuera de ella, por lo que su constante magnificación por parte de los medios y los políticos no sólo es arriesgada, sino que carece de base.

Estos rasgos, brevísimamente presentados, muestran un ciudadano tuitero poco ideologizado, con tendencia a la frivolización y la emotividad negativa, y cuyo discurso se inserta en un desplazamiento que va desde la política a la pseudopolítica. Pero un análisis honesto de esta situación debe considerar las restricciones de la dinámica interactiva digital, es decir, el hecho de que los tuits de los seguidores son reactivos: son mensajes en posición de segundos turnos y están, por tanto, condicionados por los tuits desencadenantes de líderes y/o partidos.

Cabría, pues, pensar que con un uso diferente de Twitter por parte de los líderes y sus equipos, las reacciones de los seguidores podrían ser otras; pero las cuentas de la mayoría de políticos (hay excepciones) parecen reflejar cierto prejuicio según el cual los votantes, en realidad, no quieren (o no del todo) oír hablar de política y temas complejos, de forma parecida a como se afirma que el telespectador solo quiere ver telebasura. Por otra parte, es cierto que los temas complejos no caben en un tuit o exigen la reflexión meditada de largos hilos contrarios a la dinámica digital.  Se opta, entonces, por un discurso fácil y complaciente, simple.

Tal simplicidad encaja bien con una percepción generalizada sobre el discurso político a la que (todo hay que decirlo) nuestros líderes colaboran a veces con intensidad histriónica. Se trata de una simplificación referida básicamente a la amplitud léxica y la sofisticación sintáctica y argumentativa, pero que no es exclusiva de la política ni de un partido o tendencia política concreta, sino que se da en todos los ámbitos de nuestra sociedad y no sólo en el contexto de  las redes sociales (inciso: ¿alguna televisión se va a atrever a proponer a los partidos un debate real, de equipos, que supere el encadenamiento de monólogos? Eso sí sería un reto discursivo).

La simplificación responde, en el fondo, a una especie de ‘desmantelamiento’ de las convenciones discursivas en que nos hemos formado las generaciones menos jóvenes, que la teoría puede explicar (junto a otros factores muy importantes de orden educativo/curricular) con la propuesta de Norman Fairclough sobre la democratización de los discursos: se ha producido un progresivo borrado de diferencias entre los emisores, entre los contextos, entre los registros… que redundan en uniformidad, en falta de matiz y, consecuentemente, en simplicidad.

Comprobaremos en la inminente campaña si los gestores de las cuentas de redes sociales logran generar discursos acordes al electorado que buscan, y si tal fin les lleva o no a superar la simplicidad. Es parte del reto.

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