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Paz climática entre EE.UU. y China sin la ambición requerida

Adriana Rodríguez Rivera

10 mins - 16 de Noviembre de 2021, 18:08

La COP-26 ha finalizado tras unas difíciles negociaciones que se alargaron durante la noche del viernes y marcadas, como siempre, por una fuerte brecha de ambición. Tras un primer borrador exigente respecto a temas clave, como una rápida eliminación del carbón y los combustibles fósiles y las ayudas que los países desarrollados se comprometieron a prestar a los países más pobres y vulnerables al cambio climático, se dispararon las tensiones entre éstos y los países con mayores emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). La ambición del primer borrador fue poco a poco rebajándose hasta desembocar en un Pacto Climático de Glasgow "descafeinado".

Según un estudio de Climate Action Tracker, en el escenario muy optimista de que todas las medidas anunciadas en la COP-26 se implementaran completamente y a tiempo, se podría conseguir limitar el calentamiento global a 1,8ºC por encima de los niveles pre-industriales. La Agencia Internacional de Energía (IEA) ha llegado a una conclusión similar. Estas estimaciones significan una mejora frente los 2,1ºC estimados por aquélla antes de que comenzara la Cumbre, pero continúan por encima de las recomendaciones del International Panel for Climate Change (IPCC) para evitar los peores impactos del cambio climático.
 
Gráfico 1.- Cuatro escenarios para el calentamiento global en 2100
 Nota: el gráfico muestra los temperaturas a las que se podría limitar el calentamiento global en distintos escenarios (2,7ºC con las políticas actuales; 2,4ºC con la implementación de los objetivos a 2030; 2,1ºC con el cumplimiento de todos los objetivos vinculantes, y 1,8ºC en el escenario optimista de que se aplicaran todos los objetivos anunciados). Fuente: Climate Action Tracker.
 
[Con la colaboración de Red Eléctrica de España]

En la recta final de las negociaciones, a sólo dos días de finalizar la COP-26, pareció que un inesperado acuerdo de cooperación entre Estados Unidos y China podía ser el puente que eliminara dicha brecha respecto a la ambición necesaria. La cooperación climática entre ambas superpotencias, responsables de casi el 45% de las emisiones GEI globales, era clave para liderar las negociaciones y lo seguirá siendo para implementar las medidas acordadas en Glasgow e influir en otros países. Sin embargo, la relación entre EE.UU. y China se encontraba inmersa en un tortuoso estado de rivalidad desde que Donald Trump asumió la Presidencia estadounidense: una nueva 'guerra fría' había comenzado marcada por un duro enfrentamiento comercial.

Con la elección de Joe Biden en 2020, las tensiones continuaron con disputas sobre Taiwán, Hong Kong, derechos humanos y ciber-seguridad, entre muchas otras. La ausencia de Xi Jinping en la COP-26, criticada abiertamente por el presidente estadounidense, parecía indicar que la rivalidad entre las dos superpotencias quedaría también plasmada en las negociaciones. Sin embargo, John Kerry y Xie Zhenhua, delegados de ambos países en la Cumbre, negociaban en la sombra un acuerdo para reforzar la cooperación y, en una declaración conjunta anunciada el miércoles pasado, se comprometían a actuar conjuntamente para acelerar la acción climática esta década. Destaca el compromiso de China para elaborar un plan de reducción de sus emisiones de metano, un gas con un potencial de calentamiento global 80 veces mayor que el del dióxido de carbono. ¿Sería este acuerdo el empujón necesario hacia un pacto mundial por el clima acorde con el objetivo de 1,5ºC?

La rebaja en el texto final del Acuerdo de Glasgow muestra que la paz climática entre EE.UU. y China, aunque importante para suavizar las negociaciones y el camino hacia la acción climática global, adolece de falta de ambición por parte de ambos países. Para cumplir con las recomendaciones de la Ciencia, como reducir el 50% de las emisiones GEI globales en 2030, la cooperación EE.UU.-China debe fundamentarse en unos compromisos acordes con aquélla y apoyados por ambos. Los dos se enfrentan a obstáculos para subir su apuesta, pero tienen también la oportunidad de aprovechar la transición climática para beneficiar a sus economías y mejorar su posición geopolítica. Además, Estados Unidos podría tomar el liderazgo ante su rival y, en el marco de cooperación acordado, presionar con su propio ejemplo. De lo contrario, será una misión difícil conseguir que el acuerdo se traduzca en medidas inmediatas para descarbonizar la economía global.

La dificultad de lograr un acuerdo sobre la eliminación del carbón y los combustibles fósiles durante las negociaciones de la COP-26 es un claro ejemplo de estos obstáculos que debilitan la cooperación entre Estados Unidos y China. El primer borrador del Pacto de Glasgow destacó por la mención a "eliminar gradualmente" el carbón y las subvenciones a los combustibles fósiles. Sin embargo, en la recta final se diluyó al quedarse esta eliminación gradual en "reducción" y sin ningún sistema de captura y almacenaje, mientras que en lo referente a las subvenciones se limitó a las "ineficientes". Aunque se ha acusado a India de forzar este cambio de última hora, la presión china fue evidente mientras que el papel de facilitador de la delegación estadounidense ha quedado en la sombra.
 


Según la IEA, para poder limitar el calentamiento global a 1,5ºC se requiere eliminar las centrales de carbón antes de 2030. Y eso genera problemas a las dos superpotencias. China se encuentra en un momento en su desarrollo económico en el que se arriesga a quedar atrapada en la 'trampa de la renta media', con un PIB per capita de sólo 10.500 dólares en 2020. No aumentar la calidad de vida de su población podría deslegitimar y desestabilizar el poder político del Partido Comunista. Fomentar el crecimiento económico es esencial para China, pero su industria depende excesivamente de los combustibles fósiles. En 2019, el carbón representaba el 57,7% de su consumo energético. Además, en algunas regiones la industria del carbón provee de trabajos a una parte significativa de la población; es el caso de Datong, donde esta industria representaba en 2020 el 38% de su actividad económica. A estos retos se ha sumado una reciente crisis de escasez energética, que ha llevado en los últimos meses al país a aumentar su producción del carbón.

Por su parte, Estados Unidos se enfrenta a un reto diferente: una alta polarización respecto al cambio climático, con un Partido Republicano en contra de una acción contundente con el apoyo de un alto porcentaje de sus votantes. Además, la presión de senadores demócratas en estados dependientes del carbón ha obligado a Biden a no tomar una posición clara respecto a este tema en Glasgow. La consecuencia ha sido que políticas como la de un impuesto sobre el carbono o un programa para penalizar las fugas de metano han sido tumbadas por el Gobierno estadounidense.

A pesar de los obstáculos a los que se enfrenta EE.UU., la posición del Gobierno chino puede ser más delicada. Al fin y al cabo, como país en vías de desarrollo sus retos por la descarbonización son, en su mayor parte, socioeconómicos. Los estadounidenses cuentan con una economía avanzada e industrializada y unos estándares de vida elevados, propios de un país altamente desarrollado. De ahí las críticas de Catherine Rampell en The Washington Post hacia las políticas climáticas del Partido Demócrata, al considerar que el país posee las capacidades para reforzar su acción ya que, a diferencia de países como India, eliminar el carbón no supone un peligro para su desarrollo económico o para abastecer de energía a su población

Además, Estados Unidos arrastra los mayores niveles históricos de emisiones GEI, seguido por la Unión Europea, y es ahí donde entra en juego la brecha de justicia en la lucha contra el cambio climático. Como explica Eric Rotson de Bloomberg Green, el reto de conseguir que países como China e India, con altos porcentajes de emisiones, implementen una descarbonización inmediata es sólo el primero de otros muchos. El resto de países pobres que todavía no han alcanzado el grado de industrialización chino deben mejorar su situación socioeconómica y hacerlo de manera sostenible. Si EE.UU. y otros países desarrollados con un importante historial como emisores y los recursos necesarios para descarbonizar no lideran desde el ejemplo propio, se reducen los incentivos para que otros como China incrementen su ambición. 

Gráfico 2.- Emisiones de dióxido de carbono procedentes de la producción acumuladas entre 1751 y 2019 por cada país y región
Fuente: Our World in Data.

Esto no significa que China no deba responsabilizarse de sus emisiones y lograr la descarbonización a tiempo para evitar las peores consecuencias del cambio climático. Sin embargo, EE.UU. puede ejercer el liderazgo para, de esta forma, presionar a su rival asiático en el nuevo marco de cooperación. Y aunque éste no haya llevado al ansiado Pacto de Glasgow, acorde con la Ciencia, será esencial en los meses por venir para acelerar la puesta en marcha de los acuerdos alcanzados y para garantizar que, en la COP-27, los países presenten objetivos de descarbonización en línea con la meta de 1.5ºC. 
Estados Unidos no sólo debiera tomar las riendas por justicia, sino también porque la transición climática brinda oportunidades económicas a largo plazo para fortalecer su economía, crear trabajos y desarrollar nuevas industrias. Es también el caso de China: un estudio de World Resources Institute muestra que este país podría salvar 1,9 millones de vidas y generar 1 billón de dólares para 2050 si hiciera lo necesario en energía, industria y transporte. Los dos países tienen muy presente esta oportunidad, que se ha convertido en otra terreno para la competición entre ambos. El secretario de Estado, Antony Blinken, mencionó en un discurso la necesidad de recuperar el terreno perdido en este ámbito, haciendo referencia a la dominancia de China en las industrias verdes.

Algunos expertos ven la solución a la inacción de ambos países en la competición constructiva. Con el nuevo marco de cooperación, sería más apropiado llamarlo 'coopetición'; es decir, la colaboración oportunista entre dos rivales económicos. Mediante un liderazgo en virtud de acciones climáticas ambiciosas en el ámbito doméstico e internacional, norteamericanos podrían empujar a los asiáticos a ir más allá del compromiso mostrado hasta ahora y acelerar su descarbonización. Acciones climáticas inmediatas y de acuerdo con el consenso científico por parte de los mayores emisores del planeta lograrán no sólo allanar el camino hacia 1,5ºC, sino también incentivar a otros países a seguirlo.

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