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La izquierda radical, sus altibajos y cuándo triunfa

Werner Krause

4 de Noviembre de 2021, 17:24

Los resultados electorales de los últimos años han sido mixtos para los partidos de extrema izquierda [en lo sucesivo, los términos izquierda radical y extrema izquierda se utilizarán indistintamente. Describen a todos los partidos que pueden situarse a la izquierda de la corriente principal de la izquierda en sus respectivos sistemas de partidos. Las clasificaciones posteriores de las formaciones se basan en su pertenencia a agrupaciones transnacionales, como la facción GUE/NGL en el Parlamento Europeo o el Partido de la Izquierda Europea], como se puede observar en el Gráfico 1. Por un lado, algunos han sufrido tremendas derrotas electorales. Hace un mes, el Partido de la Izquierda alemán (Die Linke) sufrió el peor resultado desde su fundación hace más de 15 años. En 2019, el bloque español de extrema izquierda alrededor Unidas Podemos se encontraba en un declive electoral gradual después de su irrupción en 2015. Pero, por otro lado, la izquierda radical ha alcanzado nuevas cotas electorales en otros países. En septiembre de este año, las formaciones de extrema izquierda en Noruega lograron colectivamente el mayor nivel de apoyo público desde principios de la década de los 2000; Syriza y el Sinn Féin se han convertido en los partidos de izquierda más fuertes en los parlamentos nacionales de Grecia e Irlanda. Por último, las fuerzas de extrema izquierda luchan por la relevancia electoral en un tercer grupo de países compuesto por Austria, Suiza y el Reino Unido.

Gráfico 1.- Porcentajes de voto de los partidos de la izquierda radical en Europa Occidental (2021)

Determinantes del apoyo a los partidos de extrema izquierda

Varios factores contextuales contribuyen a explicar el apoyo electoral a los partidos de extrema izquierda. Por ejemplo, el aumento de las tasas de desempleo es un factor bien conocido que permite a éstos conseguir apoyos en las urnas. Además, es importante la configuración de los sistemas partidistas nacionales. La existencia de formaciones verdes relevantes o las estrategias programáticas de la corriente principal de la izquierda influyen decisivamente en los votantes que la extrema izquierda puede movilizar. Además, las características institucionales, como los umbrales electorales, pueden desempeñar un papel importante a la hora de limitar el apoyo a los partidos de izquierda radical (más pequeños).

Aunque estos factores ayudan a entender la fuerza electoral de la extrema izquierda, si se restringe la visión a estas condiciones externas se corre el riesgo de pasar por alto determinantes cruciales. En particular, los partidos de izquierda radical de Europa occidental son un fenómeno polifacético. Desde la caída de la Unión Soviética en 1991, su campo sufrió una profunda reorientación ideológica y programática. Mientras que sólo algunos partidos han continuado con propuestas políticas ortodoxas y marxistas-leninistas, otros se han reorientado hacia posiciones económicamente más moderadas. Además, numerosos partidos han empezado a dar mayor importancia a la llamada 'nueva política' o a cuestiones culturales, como la igualdad de género, los derechos de las minorías o la protección del medioambiente. 

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Aunque históricamente ha estado vinculado a los obreros y a los miembros de las clases bajas, este grupo de votantes ha ido reduciéndose continuadamente. Al mismo tiempo, una parte importante del electorado de izquierdas pertenece hoy en día a la clase media con mayor nivel educativo. Para estos votantes, las cuestiones culturales mencionadas más arriba constituyen importantes motores de su elección de voto. 

Uno de los principales retos del siglo XXI ha sido atraer a ambos grupos de votantes. La reciente elección parlamentaria en Alemania ilustra bien hasta qué punto la izquierda radical está dividida internamente. Aquí, Die Linke obtuvo sólo el 4,9% del voto popular y estuvo a punto de no obtener representación parlamentaria. Antes, y sobre todo después de las elecciones, destacadas figuras del partido mantuvieron fuertes disputas sobre la estrategia programática. Muchos miembros se han mostrado partidarios de un perfil de izquierda-libertario centrado en atraer a los votantes urbanos de clase media con buena formación. Para ello, el partido se centró en temas ajenos a su actividad principal, como el cambio climático, los derechos LGBT+ o la inmigración. Al mismo tiempo, otras figuras destacadas criticaron esta vía. El partido, según argumentaron, perdería el contacto con su clientela principal al descuidar sus temas más importantes, como la justicia social y los derechos laborales. Como dijo Sarah Wagenknecht, una de las líderes de este ala más tradicional del partido, "el estrato social al que llegamos se ha ido reduciendo en los últimos años. Corremos el peligro de convertirnos en un partido del entorno académico de los Fridays for Future, mayoritariamente acomodado. La gente sin formación académica o de fuera de las grandes ciudades apenas nos vota ya". 

¿Una fórmula ganadora?

Por lo tanto, una cuestión desconcertante es cómo la variación en las posiciones políticas de los partidos de extrema izquierda puede explicar sus resultados electorales. El Gráfico 2 muestra sus posiciones en las dos dimensiones más importantes del conflicto político en Europa occidental: por un lado, el conflicto económico, que incluye las posiciones respecto a la justicia social y la redistribución de la riqueza (eje horizontal); por otro, la nueva política o las cuestiones culturales (eje vertical). Se puede ver que los partidos de izquierda radical han seguido diversas estrategias programáticas; y, aunque siempre han presentado un perfil económico de izquierdas, los puntos de vista programáticos han variado entre posiciones más moderadas y más extremas. En términos culturales, los partidos muestran una variación aún mayor. Algunos han promovido una clara postura libertaria, mientras que otros han sido más centristas. Un tercer grupo defiende una posición más autoritaria.

Gráfico 2.- Posiciones de los partidos de la izquierda radical (1999-2019)

Nota: puntuaciones basadas en los datos proporcionados por la encuesta de expertos de la CHES

En un reciente artículo de investigación publicado en West European Politics, examiné los resultados electorales relacionados con estos diferentes llamamientos programáticos. Basándome en datos desde 1990 hasta 2019, los resultados pintan un panorama claro: en promedio, las posiciones económicas más centristas juegan a favor de la extrema izquierda. Este hallazgo cuadra con la intuición de que los votantes son menos propensos a recompensar los programas políticos marxistas-leninistas ortodoxos y tradicionales. El patrón de la dimensión cultural se muestra en la dirección opuesta. Las posturas más centristas o autoritarias se correlacionan con resultados electorales más débiles. Por lo tanto, las cuestiones políticas no económicas y los valores progresistas-libertarios se han convertido en un motor reconocible de las decisiones de voto de los ciudadanos a favor de la izquierda radical.

 

¿Significan estos resultados que a la extrema izquierda le conviene adoptar un perfil de izquierda-libertario, volviéndose más verde y socialmente liberal? La respuesta a esta pregunta no es necesariamente afirmativa. Un perfil programático verde-izquierdista conlleva el riesgo para la extrema izquierda de perder su identidad histórica como defensores auto-proclamados de los grupos socioeconómicamente desfavorecidos. Por lo tanto, aunque aporten beneficios electorales a corto plazo, estas reorientaciones programáticas podrían causar conflictos internos y daños electorales a largo plazo. Como ilustra el ejemplo alemán, en cuanto los partidos sufren derrotas electorales, se intensifican las críticas de las facciones más tradicionales del partido. En resumen, las disputas internas de los partidos sobre las orientaciones básicas seguirán existiendo, aunque los partidos de extrema izquierda experimenten victorias electorales (a corto plazo).

¿Hacer dos de uno?

¿En qué condiciones, pues, florecerá o sufrirá la izquierda radical en el futuro? Como suele ocurrir en la Ciencia Política, no se puede dar una respuesta definitiva a esta pregunta. Sin embargo, una característica menos discutida es la división organizativa de la familia de partidos de extrema izquierda.

Tabla 1.- Selección de elecciones con dos partidos de izquierda radical relevantes

Por término medio, el campo de la extrema izquierda ha conseguido atraer a más votantes allí donde dos partidos diferentes ganaron terreno electoral. Los ejemplos de la Tabla 1 muestran que esta configuración puede adoptar diversas formas. En Grecia o Irlanda, por ejemplo, un partido de izquierda radical ha surgido como fuerza electoral dominante. Al mismo tiempo, los partidos más pequeños siguen dirigiéndose a grupos electorales más especializados. En Portugal, y más recientemente en Noruega, dos partidos de extrema izquierda compiten por dominar esta franja. 

Estos ejemplos también indican que el éxito de un partido de izquierda radical no significa necesariamente el fracaso del otro. En 2015, el Bloque de Izquierda (BE) obtuvo un importante aumento de votos, mientras que la Coalición Democrática Unitaria (CDU), liderada por el Partido Comunista, mantuvo niveles estables de apoyo electoral. Algo similar puede decirse de las recientes elecciones noruegas de 2021. Aquí, el Partido Rojo Marxista (Rødt) consiguió duplicar sus apoyos, mientras que el Partido Socialista de Izquierda (VAS), más moderado, aumentó igualmente su porcentaje de votos, lo que le permitió obtener dos escaños más.

Obviamente, hay que tener cuidado a la hora de dar demasiada importancia a estas evidencias anecdóticas. Existen pocos conocimientos sistemáticos, sobre todo en lo que respecta a las consecuencias electorales a largo plazo de los campos ideológicos divididos organizativamente. No obstante, parece provechoso observar si los bloques con partidos organizados de forma separada gestionan mejor las disputas internas y atraen a la larga a más votantes de diferentes estratos sociales.

El futuro de la izquierda radical

Es poco probable que estos partidos desaparezcan del panorama político de Europa occidental. Sin duda, su futuro atractivo electoral dependerá de numerosos factores, como la evolución de la economía o las orientaciones estratégicas de la izquierda dominante. Sin embargo, los partidos de extrema izquierda también son dueños de su propio destino. Supongamos que consiguen crear alianzas electorales entre diferentes grupos de votantes. En ese caso, es probable que sigan siendo fuerzas políticas relevantes en toda Europa. 

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