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Friedrich Merz, la CDU y el 'Santo Grial'

Guillermo Iñiguez

21 de Diciembre de 2021, 05:42

A la tercera fue la vencida. El pasado viernes, Friedrich Merz logró su objetivo más ansiado: convertirse en el nuevo líder de la CDU, sucediendo a un Armin Laschet desahuciado tras la derrota electoral del 26 de septiembre. Ha sido una campaña corta, con los focos puestos en la formación del nuevo Gobierno y por la cual los tres candidatos (Norbert Röttgen, Helge Braun y el propio Merz) han pasado casi de puntillas. Pero su resultado –la victoria de Merz con más del 60% de los votos– no sólo tendrá consecuencias importantes para Alemania: nos muestra la profunda crisis existencial que atraviesan, desde hace casi un lustro, los democristianos alemanes.

La lectura más obvia de las primarias –y quizás, por ello, la menos interesante– es que el partido se encamina a una derechización, como avalan tanto la retórica como el pasado del nuevo líder. El renano, un veterano diputado y eurodiputado de la CDU y quien fuera directivo del fondo de inversiones Blackrock durante varios años, siempre ha representado un liberalismo económico feroz, muy alejado de la economía social de mercado predicada por Konrad Adenauer o Ludwig Erhard. Y desde que regresase a la primera fila política hace unos años, su tono ha estado ligado al ala más derechista del partido, mostrándose especialmente duro en temas migratorios, abrazando a la ortodoxia económica de la 'era Schäuble', y denunciando, al más puro estilo 'trumpista', una caza de brujas para frenar su elección al frente del partido. Está por ver qué rumbo adoptará el nuevo líder: si su prioridad será acercarse a los votantes de la AfD, como ha dejado entrever en el pasado, o si apostará por mantenerse en el centro político que la CDU ha ocupado durante dos décadas. Pero de lo que no cabe duda es que, tras los experimentos fallidos de Annegret Kramp-Karrenbauer (AKK) y de Armin Laschet, las bases de la CDU han optado por su derecha más dura.

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Su victoria tiene también una dimensión simbólica, incluso irónica. La era Merkel se cierra no con la elección de un joven merkeliano que desarrolle su legado, sino con la elección de Friedrich Merz, el archienemigo político e ideológico de la canciller desde hace más de dos décadas. Para algunos, éste era el resultado esperable de los últimos años de la canciller, cuya sombra alargada apagó cualquier debate ideológico en el seno del partido y cuya incapacidad de encarrilar su sucesión dio alas a la derecha. Para otros, la derechización de a CDU responde a su reciente derrota electoral en manos de su ala centrista. En todo caso, más que suponer su renovación del partido, la sucesión de la ex canciller ha cobrado tintes de la última escena de Rebelión en la granja, mostrando todas las contradicciones de un partido asfixiado por su propia hegemonía política. El fin del 'merkelismo', pues, ha desembocado en una CDU más 'anti-merkeliana' que nunca.

A lo largo de los próximos meses, Merz se enfrentará a sus primeras pruebas de fuego, con hasta tres Länder (Sarre, Schleswig-Holstein y Renania del Norte) celebrando elecciones antes del verano. Tendrá, coinciden algunos analistas, la suerte de que los tres candidatos en liza provengan del ala centrista del partido: si la CDU obtiene buenos resultados, el nuevo líder podrá venderlos como un éxito propio; si el resultado es malo, podrá escudarse en dicho centrismo y consolidar su giro a la derecha. Ello le dará tiempo para hacerse con las riendas de un partido complejo de manejar, con dos alas (el centro y la derecha) enfrentadas desde hace años y con realidades políticas muy distintas en cada uno de los 16 estados federados.

Pero más allá de su posible impacto electoral a corto y medio plazo, el comienzo de la era Merz plantea una cuestión más profunda sobre el presente y el futuro de la CDU. Desde que Merkel anunciase su dimisión al frente del partido en 2018, los democristianos encadenan su tercer líder; cada uno, con un estilo, tanto ideológico como de liderazgo, diferente. Y por el momento, la CDU acumula sendos fracasos: el de AKK, que nunca supo estar a la altura, y el de Laschet, quien perdió unas elecciones que tenía ganadas y cuya derrota tuvo muchos padres –entre ellos, Merkel y el propio Merz.



En otras palabras, tres años después de la salida de Merkel el partido no sólo ha fracasado a la hora de hallar la respuesta a sus problemas: ni siquiera ha sido capaz de encontrar la pregunta a la que está tratando de responder. Hasta que esto no ocurra, el partido seguirá sumido en una travesía por el desierto, en busca de su Santo Grial e incapaz de articular un modelo de país que plante cara al expuesto por el Gobierno semáforo. La elección de Merz, tras tres años de liderazgos políticos fracasados, no es más que un síntoma de la profunda crisis de identidad que vive la CDU.

¿Cómo parecerse a la Alemania de 2022? O, mejor dicho: ¿qué significa Alemania –y Europa– en el 2022? Éstas serán las cuestiones que deberá abordar la nueva CDU de Merz. Para ello, habrá de articular una filosofía política clara: un modelo de país que puedan abanderar los democristianos y que les permita, desde la oposición, contrarrestar el potente relato articulado por el nuevo Gobierno. ¿Es Alemania la sociedad abierta, transformadora y dialogante que predican Scholz y su 'coalición semáforo', con el respeto y la dignidad como leitmotivs ideológicos? ¿O es aquella más aislacionista y xenófoba –una sociedad alejada de Europa y centrada en sus propias reivindicaciones– que el flamante líder de la CDU ha abanderado en los últimos años? ¿O existe acaso una tercera vía, que permita a la CDU retener a su derecha sin perder el centro político?

Sobre este eje se puede desarrollar la política alemana –y por lo tanto, inevitablemente, la europea– en los próximos años. Y ante esta dicotomía, si la CDU busca plantear una narrativa ilusionante y que le devuelva al centro del tablero político, lo más probable que Merz no sea la respuesta.
 

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