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Ludovic Marin (AFP)

Lo que las elecciones nos dicen de París

Víctor Albert Blanco

9 mins - 22 de Abril de 2022, 11:31

Una vez conocidos los resultados electorales de la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas, los medios y las redes sociales se llenaron de mapas ilustrando el porcentaje de voto de los principales candidatos en los distintos territorios del país. Sin duda, uno de los más comentados fue el mapa de París, publicado inicialmente por Le Parisien. Dicha cartografía mostraba el candidato más votado en cada uno de los sectores de la capital, dibujando una clara división de la ciudad en dos mitades. En los barrios del este, resaltaba el color rojo que dejaba entrever la victoria de Jean-Luc Mélenchon, mientras que en el oeste el color amarillo informaba de la ventaja de Emmanuel Macron. Rápidamente, algunos señalaron con acierto que, contrariamente a otros territorios de Francia, Marine Le Pen no era la primera en ninguno de los sectores de la capital. Más allá de esta particularidad (que refuerza la percepción de una cierta burbuja), la cartografía electoral permite además adentrarnos en la sociología de París. 

En este sentido, los mapas electorales nos permiten observar que el espacio urbano es el reflejo del social. En otras palabras, nos muestran cómo las clases y grupos sociales se distribuyen en el espacio geográfico de manera análoga a como lo hacen en el social. Tal como indicó Pierre Bourdieu en su modelo de La Distinción, las clases sociales se caracterizan por compartir una serie de prácticas sociales y culturales, que a su vez se corresponden con determinadas afinidades políticas. El espacio urbano y residencial es, pues, una dimensión clave para entender la composición de las distintas clases. Así, la división del voto que se observa en el mapa de París encuentra su analogía en determinadas realidades sociales y económicas, como la distribución de la renta o el precio medio del metro cuadrado. Sin sorpresa, es en los barrios del este dónde se concentran mayormente las clases populares, mientras que en el oeste y en el centro lo hacen, principalmente, las más acomodadas

Basta con echar un vistazo a los niveles de renta de los distintos distritos de la capital para certificar las disparidades entre los dos extremos de la ciudad. Tal como indican los datos del Insee (Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos), en 2020 la renta mediana del distrito 16, en el oeste, fue de 40.300 euros, mientras que en el 20, en el este, fue de 22.500 Estas diferencias son indicativas de la segregación social que afecta París y su área metropolitana, pero también de cómo las clases altas se han concentrado históricamente alrededor de lo que la pareja de sociólogos Pinçon-Charlot llamó el "eje de poder" de la capital. Éste se estructuraría desde el área del Louvre y el Elíseo, en el centro de París, pasando por los Campos Elíseos y sus avenidas próximas hasta prolongarse hacia las poblaciones colindantes de Neuilly, Levallois o Boulogne, todas ellas feudos históricos de la derecha. 

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Sin embargo, este panorama general no debiera esconder las complejidades de la actual sociología parisina ni los resortes históricos que han contribuido a estructurarla a lo largo de las últimas décadas. Efectivamente, el este de París (especialmente los distritos 20, 19 y 13 y, en menor medida, el 18, el 10, el 11 y el 12) presenta enormes diferencias con el oeste, pero ha protagonizado un evidente proceso de gentrificación. Estos distritos ya no son únicamente el lugar de residencia de las clases obreras y empleadas (según la nomenclatura de la estadística oficial francesa), sino que constituyen los sectores en los que se instalan las nuevas clases medias y altas, compuestas por los profesionales intermedios (trabajadores de los servicios públicos y asimilados) y los cuadros y profesionales intelectuales superiores. Por ejemplo, en el distrito 20, uno de los que cuenta con un mayor parque de vivienda social (el 36,4% en 2020), los empleados y obreros sólo representaban en 2016 el 34% de su población activa, mientras que la suma de artesanos y comerciantes, profesiones intermedias y cuadros y profesiones intelectuales superiores llegaba al 66%.  


Este proceso de cambio socio-demográfico se explica en parte por las modificaciones en la estructura económica general, mucho más acusadas en París. En primer lugar, el declive de los obreros, que en la capital han pasado del 65% al 28% entre 1954 y 2010. Por otra parte, el aumento de las categorías intermedias y superiores se hace especialmente patente en la capital (del 34% al 71% en el mismo periodo de 60 años), donde se concentran algunas de sus fracciones más significativas: cuadros de entidades bancarias y financieras, profesionales del ámbito de la información y la comunicación, investigadores y profesores, intermitentes del mundo de la cultura…Algunas de estas nuevas clases urbanas se distinguen de las clases altas tradicionales en diferentes aspectos. En general, disponen de un elevado capital cultural (debido a la generalización de la enseñanza superior), que no siempre se traduce en un nivel equivalente de capital económico o de bienes patrimoniales. También presentan posiciones políticas más progresistas, manifestando una cierta apertura a la diversidad cultural, sexual, racial y religiosa. Aunque, tal como ha mostrado Sylvie Tissot en sus trabajos, la aceptación de dicha diversidad pasa por un control sobre la misma que permita mantenerla a unos niveles aceptables para los grupos mayoritarios.   

La división del voto este/oeste no puede, pues, reducirse únicamente a una emulación del París pobre contra el París rico, o de la ciudad obrera frente a la burguesa. La actual geografía electoral de París, como reflejo de su complejidad urbana, deriva más bien de la recomposición de las clases sociales que lo habitan. En este sentido, el elevado voto a Mélenchon en los distritos del este se explica por la presencia de ciertas fracciones de las clases populares pero, también, por la importancia de las nuevas clases medias y superiores en estos mismos sectores. Se trata, por tanto, de una suerte de coalición electoral entre categorías sociales diferentes, que convergen sin embargo en una clara preferencia hacia las opciones políticas de izquierdas que puede explicarse por diferentes factores: defensa de los servicios públicos y del Estado del bienestar, lucha contra las desigualdades y las discriminaciones, preocupación por las cuestiones ambientales, etcétera.

Efectivamente, el mapa electoral de Mélenchon coincide con la cartografía que dejaron las últimas elecciones municipales, con todos los distritos del este en manos de la mayoría que rige la ciudad (formada por socialistas, comunistas, verdes y otros partidos minoritarios) y los del oeste en manos de la derecha (en este caso,
Los Republicanos). Esta coalición electoral fue la que permitió a la izquierda ganar la Alcaldía de la ciudad en 2001, entonces con Bertrand Delanoë a la cabeza, y mantenerla en los comicios sucesivos, con Anne Hidalgo desde 2014. No hay que olvidar que, desde el restablecimiento del Ayuntamiento de París en 1979, el Consejo Municipal estuvo en manos de la derecha.



Sin embargo, la coalición en la base electoral de la izquierda puede presentar visos de fragilidad de cara al futuro. El porcentaje de obreros y empleados sigue descendiendo año tras año en la capital, un proceso que no implica necesariamente la desaparición de estas categorías sociales, sino su reubicación espacial en el conjunto de la región parisina. Por otra parte, las nuevas clases medias y superiores no son homogéneas, y una parte importante de las mismas constituye el grueso de la base electoral 'macronista'. Tal y como han mostrado las encuestas post-electorales, alrededor del 35% de los cuadros y profesiones intelectuales superiores votaron por el presidente saliente en la primera vuelta. En el espacio urbano, esto es especialmente evidente en los distritos del centro de París, así como en los territorios colindantes con los barrios del este. Por otra parte, en el mismo este se puede observar una mancha amarilla, que se corresponde con el barrio de Bercy, un sector que ya en 2014 fue identificado por los Pinçon-Charlot como la punta de lanza del aburguesamiento del distrito y sus barrios colindantes. Esta evolución puede explicarse por la propia transformación urbana, que ha convertido el sector en un barrio financiero, con la sede del Ministerio de Economía y la instalación de servicios destinados a estas categorías sociales medias y superiores.  


Además, la fragilidad de la coalición reposa también en los intereses contradictorios que pueden tener las categorías sociales que la conforman. Aunque el Ayuntamiento parisino, y la izquierda en general, abanderan un discurso y una política en favor de la 'mezcla social' en el espacio urbano, la cotidianidad puede ser más conflictiva. Los intereses contradictorios de los grupos sociales se pueden percibir en cuestiones tan significativas como la educación, la vivienda social o el comercio. Esto se traduce en un conflicto latente por el acceso a determinados servicios (¿qué nivel de diversidad están dispuestas a aceptar las clases medias y superiores en las escuelas públicas?; ¿y en las promociones de viviendas públicas?) o por el uso de ciertos espacios urbanos (¿qué practicas son más aceptadas y cuáles son, por el contrario, condenadas?).

Todo ello lleva, inevitablemente, a formular algunos interrogantes: ¿tendrán estas divergencias una traslación en los futuros resultados electorales? ¿En qué medida la izquierda, en su conjunto, será capaz de manejar y mantener esta coalición? Y, sobre todo, ¿en qué medida las fuerzas progresistas serán capaces de responder a los intereses de las diferentes categorías sociales que aún viven en París?
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