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Pool (Reuters)

¿Puede la UE proveer de seguridad a su vecindad oriental?

Miruna Butnaru-Troncotă, Georgiana-Ștefania Ambruș

9 mins - 25 de Abril de 2022, 13:46

La guerra en Ucrania, que comenzó abruptamente el 24 de febrero, no pilló completamente por sorpresa a los expertos en el este europeo. Sin embargo, el grado de las atrocidades y medios de guerra ilegales de Rusia en los territorios ucranianos ocupados ha realmente impactante para todos, ya sean especialistas o meros ciudadanos. La invasión rusa se ha percibido como un efecto dominó, ya que no se limita sólo al territorio de Ucrania, sino que tiene profundas implicaciones para los estados ex soviéticos vecinos, como Moldavia y Georgia, y para toda Europa. La rápida intervención y las drásticas medidas impuestas por los países occidentales, Estados Unidos y otros socios afines como Australia y Japón, han tenido efectos inmediatos en la economía y la estabilidad de Rusia. Pretendían obligar a Moscú a detener las operaciones militares en curso, pero el país invasor sigue avanzando en sus objetivos militares y tácticos, lo que puede conducir a una escalada del conflicto, que puede extenderse a los países vecinos.

Como reacción, en la primera semana de marzo, primero Ucrania y luego Moldavia y Georgia solicitaron su ingreso en la UE. La rápida evolución del escenario de seguridad debe obligar a la UE a considerar rápidamente sus solicitudes de adhesión y se espera que esta decisión sea una muestra del despertar geopolítico de la Unión. En este contexto, ¿se considera a la UE como un proveedor de seguridad para los tres países?

La oferta de adhesión, ¿una garantía de seguridad?
Ucrania, Georgia y Moldavia son tres de los seis países incluidos en la iniciativa de Eastern Partneship que se puso en marcha en 2009, como parte de la política de vecindad de la UE. Más allá de Ucrania, donde la posición agresiva de Rusia se había evidenciado incluso antes de la anexión de Crimea en 2014 y el apoyo a las reivindicaciones secesionistas en Donbás, ¿deberían Moldavia y Georgia temer por su propia integridad territorial? La Estrategia de Seguridad Nacional de Rusia de 2021 y el llamado Memorando de Putin dejaron claro que busca mantener el control en una zona que considera su "legítima esfera de influencia". Por tanto, a pesar de las engañosas garantías de los diplomáticos rusos, en Moldavia y Georgia existe un sentimiento de malestar y desconfianza. Por eso, en el contexto de toda la incertidumbre en torno a las futuras intenciones de Rusia, la eventualidad de una escalada del conflicto sigue siendo una gran preocupación para ambos países, que ya tienen en sus territorios entidades secesionistas como Transnistria en la República de Moldavia y Abjasia y Osetia en Georgia.

En este contexto, Ucrania, Moldavia y Georgia, se han dado cuenta de que no tienen una estrategia de reacción adecuada en caso de agresión rusa, siendo la única opción accesible la provisión de seguridad por parte de la UE. Por todo ello, los tres países han presentado solicitudes de adhesión, con la esperanza de una cooperación más dinámica con la UE a la hora de asegurar sus fronteras y su integridad territorial. Estas solicitudes se producen después de que los países expresaran su intención de querer adherirse a la Unión durante la Cumbre de la Asociación Oriental de 2021, que terminó con la formalización del Trío Asociado de Ucrania, República de Moldavia y Georgia y la consolidación de su cooperación con la UE. Los países son conscientes de que aún están lejos de lograr la adhesión, pero sus peticiones tienen un fuerte simbolismo geopolítico.
 

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A pesar de todos sus esfuerzos por acelerar sus solicitudes de adhesión, sus peticiones para que la UE los incluya en el grupo de países candidatos se encontraron con la fría respuesta tecnocrática de los funcionarios: la UE se comprometerá inequívocamente con su integración, y la ayuda prestada no debe ser militar. Las últimas cumbres de la UE, celebradas en Varsovia y Bruselas, recogieron las conclusiones de los principales estados europeos sobre la imposibilidad de abrir los procedimientos de adhesión debido a la guerra actual, en el caso de Ucrania, y a los conflictos separatistas en los casos moldavo y georgiano. Además, la UE no puede replicar las acciones de la Otan. Su papel adquiere relevancia más bien como poder normativo que respalda las decisiones soberanas de los países vecinos del este en materia de política exterior. 
 
¿Alerta roja para la República de Moldavia?
Poco después de que se reconociera la independencia de las dos repúblicas ucranianas del Donbás, el 5 de marzo de 2022 las autoridades separatistas de Tiraspol (capital de la autoproclamada República de Transnistria) anunciaron que no estaban de acuerdo con la solicitud de Moldavia de ingresar en la Unión Europea. Además, exigían el reconocimiento de la independencia de Transnistria. En este contexto, la guerra en Ucrania puede ofrecer a las élites pro-rusas de Tiraspol la oportunidad de una futura anexión, lo que motivó que Moldavia -un país que tiene la neutralidad militar inscrita en su Constitución- estuviera en alerta máxima de seguridad. 

Aunque la Administración de Chisináu, dirigida ahora por una fuerte figura pro-europea, está dispuesta a tomar medidas radicales para acelerar los procedimientos y alcanzar el tren de la adhesión a la UE, Transnistria sigue siendo el principal obstáculo para Moldavia en su camino. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, se mostró muy cauta al respecto, diciendo que apoyaba la medida pero que la última palabra la tendrán los estados miembros, de los que ya se conoce su actitud reacia a la solicitud de Moldavia en las condiciones actuales. Así pues, hay pocas esperanzas de que se produzca una admisión rápida y realista de los tres estados del Trío Asociado. Es de esperar que los tres, y especialmente Moldavia, se vean afectados negativamente por el desarrollo de la guerra en Ucrania, sobre todo porque el Kremlin percibe cada vez más como una amenaza a su seguridad (para contrarrestar su influencia en la región) el apoyo occidental a las antiguas repúblicas soviéticas.

Conclusión
De hecho, los tres países esperan que la UE sea un proveedor indirecto de seguridad para ellos, ya que suposible condición de candidatos podría protegerlos, al menos simbólicamente, contra la agresión rusa. Las negociaciones de adhesión de un país son fundamentalmente diferentes a las de la Otan, una alianza militar que fue específicamente identificada por Rusia como una amenaza para la seguridad de sus fronteras. A pesar del gesto de Von der Leyen de entregar al presidente ucraniano, Volodymyr Zelenski, un cuestionario que constituirá un punto de partida para que la UE decida sobre la adhesión del país, durante su última visita a Kiev, todavía queda un largo camino por recorrer para que el país reciba el estatus de candidato.
 
Actualmente, la UE se encuentra en una posición geopolítica desfavorable, ya que el conflicto abierto en Ucrania no le da la oportunidad de actuar con decisión en la aceptación de las solicitudes de adhesión de los candidatos. El proceso lleva tiempo y es muy complejo y burocrático. Las normas para abrir una expectativa de ampliación con nuevos países son muy estrictas y dependen de las decisiones políticas del Consejo Europeo, es decir, de los 27 estados miembros.



Por otra parte, además de la incapacidad de convertirse en un proveedor inmediato de seguridad para los países vecinos orientales, la UE necesita encontrar soluciones rápidas para proporcionarles apoyo económico y social. Las sanciones impuestas a Rusia han tenido importantes implicaciones económicas para estos países, afectando especialmente a los sectores de la energía/gas y la banca (Moldavia y Georgia han visto deteriorados los flujos bancarios procedentes de las remesas de los ciudadanos que trabajan en Rusia y las entidades comerciales con conexiones con Rusia han tenido problemas en las transacciones). Además, la parte rusa ha tomado medidas de represalia (restringiendo las exportaciones, especialmente en el sector agrícola y alimentario, a los países tradicionalmente atendidos por los productores rusos), lo que amplifica los efectos negativos sobre sus economías y el suministro de materias primas. Así pues, a pesar de la disposición de todos los dirigentes europeos a prestar apoyo de otras formas a Ucrania y a los otros dos estados vecinos del este (ayuda política y financiera, gestión de la crisis de los refugiados, intensificación del régimen de sanciones contra el invasor), mientras no haya garantías sólidas estos estados siguen siendo vulnerables a la influencia rusa, y persiste el riesgo de que se vean arrastrados a la guerra.

Teniendo en cuenta todos estos aspectos, queda claro que la presión sobre la UE aumenta al mismo tiempo por parte de tres estados -Ucrania, Moldavia y Georgia- que consideran que "el camino hacia la UE se ha puesto en marcha", y la adhesión ya no es una cuestión de si, sino de cuándo/cómo de pronto. Mucha presión viene también de Rusia y sus acciones agresivas en la región. Si la parte rusa no cede y reagrupa sus fuerzas militares hacia otros estados de Europa del Este (Moldavia/Transnistria), podemos esperar que las futuras negociaciones entre la UE y Rusia terminen en el peor de los escenarios para los estados vecinos del este, con concesiones significativas de la UE, que estarán dando a Rusia un lugar en la futura arquitectura de seguridad europea, al mantener a estos estados bajo su influencia, resolver los conflictos separatistas en términos favorables, y por la promesa informal de la UE de que estos estados no se unirán a la UE y a la Otan. En otras palabras, la UE dejará de ser un proveedor potencial de seguridad, y los estados de la vecindad oriental tendrán que encontrar otras soluciones a posibles actos futuros de agresión rusa.  Consideremos esta hipótesis como un cisne negro, pero como cualquier escenario de este tipo debe ser tomado seriamente en consideración.
 
(Aquí, la versión original en inglés)
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