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Olexandr Klymenko

En la lengua del enemigo

Nina Frieß

7 mins - 23 de Julio de 2022, 07:00

El 23 de febrero de 2022, un día antes de que comenzara la guerra, apareció una carta abierta en el semanal literario ruso Literaturnaja Gazeta. La carta procedía de escritores rusos, que expresaban su pleno apoyo a una operación militar especial en la región del Donbás y el este de Ucrania. En un lenguaje histéricamente emotivo, preguntaban: "¿Quiénes son las víctimas aquí? ¿Nuestras tropas [rusas] que no han matado deliberadamente a ningún civil? ¿O los que siguen librando una guerra lingüística contra la lengua rusa, así como una guerra informativa contra la conciencia colectiva rusa?".

Para los autores de esta carta, la respuesta era fácil: "Occidente", que se ha unido a los "nazis" ucranianos contra Rusia, es responsable de todo. A principios de marzo, hasta 500 escritores rusos habían firmado el documento, según sus propios artífices. Aunque entre los firmantes no hay autores supuestamente de renombre, pronto queda claro que los creativos culturales rusos están cooptados por el Kremlin. Al pretender defender la lengua y la cultura rusas dentro y fuera del país, están justificando la incipiente guerra contra Ucrania.

La reclamación del Kremlin sobre la lengua rusa
Esta retórica no es nueva ya que, una y otra vez, Rusia ha intensificado la acción militar con el pretexto de defender a los rusos y a los ruso-parlantes, ya fuera en Georgia en 2008 o en Ucrania desde 2014. Es importante señalar que, al hacerlo, este país está en cierta medida reclamando la propiedad de la lengua rusa. En ningún otro lugar queda esto tan perfectamente claro como en la fundación cultural estatal Russkiy mir (Mundo ruso), fundada nada más y nada menos que por Vladimir Putin.

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Hasta 2021, los objetivos de la fundación podían verse en la versión alemana de su web, pero ya no están disponibles. En ellos se lee: "Los objetivos principales de la fundación son popularizar la lengua rusa, que es propiedad nacional de Rusia y el componente más importante de la cultura rusa y mundial, y apoyar los programas en lengua rusa dentro de la Federación Rusa y en el extranjero".


El mundo ruso es definido de manera amplia, como lo ejemplifica una de las citas de la web: "'Russkiy mir' incluye no sólo a los rusos, no sólo a los habitantes de Rusia, no sólo a nuestros compatriotas en países extranjeros cercanos y lejanos, emigrantes, expatriados y sus descendientes. También se extiende a los ciudadanos extranjeros que hablan, aprenden y enseñan ruso y a todas las personas con un interés sincero en Rusia y su futuro". Esta afirmación generalizada de que el Kremlin representa los intereses de todas estas personas fue formulada por la fundación y ha estado arraigada en la política de Moscú durante años. Para muchos ruso-parlantes, esto supone una amenaza. Al fin y al cabo, no todos los que hablan ruso, ya sea dentro o fuera de Rusia, quieren que se les asocie con el Kremlin.

Apropiarse de su lengua
En particular, esta afirmación se refiere a aquellos cuya herramienta más poderosa es la lengua, es decir, los escritores; así que no es de extrañar que sean los autores de habla rusa los que, desde al menos el año 2014, han liderado el debate sobre cómo se debe pensar en la lengua rusa, su uso como lengua literaria y la propia Rusia.

Estos temas son objeto de un intenso debate en Ucrania, que alberga un gran número de ruso-parlantes. Después de 2014, muchos autores de habla rusa, entre ellos los poetas Iya Kiva y Boris Khersonsky, decidieron escribir con más frecuencia o incluso de forma exclusiva en ucraniano, una tendencia que, comprensiblemente, ha cobrado fuerza desde que comenzó la guerra. Por ejemplo, el Ministerio de Cultura ucraniano creó en marzo la plataforma 'Poesía de los Libres' como lugar de reunión de poemas sobre la guerra para la posteridad. La mayoría de los más de 20.000 textos, que cualquiera puede subir, están escritos en ucraniano.



Por supuesto, no todos los ruso-parlantes están dispuestos a ceder su lengua al Kremlin. Ya en 2017, el poeta ucraniano Alexander Kabanov publicó una antología bajo el título En la lengua del enemigo: poemas sobre la guerra y la paz en la que reflexionaba, en ruso, sobre la guerra en el este de Ucrania. La tesis principal de la antología es que el lenguaje no pertenece a los políticos, sino a las personas. Kabanov lo dejó claro en una entrevista el 16 de mayo de 2022: "Rusia no tiene el monopolio de la lengua rusa. Entregar nuestro ruso ucraniano a Putin sería lo mismo que entregar el alemán a Hitler. Personalmente, no pienso ceder mi lengua a nadie".

La lengua rusa no puede pertenecer a un solo país
Esta tendencia también se observa en otros países, como Kazajistán. Como país más grande de Asia central, Kazajistán tiene un gran número de ruso-parlantes incluso 30 años después de declarar su independencia. No sólo los rusos étnicos, sino también muchos kazajos y miembros de minorías étnicas utilizan el ruso como lengua franca. Existe una escena literaria y cultural rusófona viva que, durante años, ha investigado cómo preservar la lengua rusa, pero esta escena se encuentra ahora entre la espada y la pared.

Mientras que el Kremlin quiere declarar a los kazajos ruso-parlantes como propios, los nacionalistas kazajos quieren limitar la influencia de esta lengua. En su ensayo de 2019 La lengua rusa - Esto es Kazajistán, Yuriy Serebriansky, uno de los principales representantes de la joven literatura rusa de Kazajistán, consideraba si el acalorado debate en torno al uso de la lengua rusa en el país podría desescalar si ésta se considerara como algo que pertenece a los ciudadanos ruso-parlantes de Kazajistán, y no sólo a Rusia. 

Cuando comenzó la guerra, la joven escena literaria rusófona de Kazajistán se solidarizó casi unánimemente con Ucrania, lo que se demostró no sólo con la participación en manifestaciones y declaraciones en las redes sociales, sino también con la literatura. La revista literaria kazaja Daktil dedicó su edición de marzo "al pueblo ucraniano y a todos los que están pasando por la adversidad". Y continúa: "Estamos a favor de la paz mundial. Di no a la guerra". Esta última puede parecer una frase manida, pero en una época en la que cualquier mención a la guerra está oficialmente prohibida, al menos en Rusia, se trata de una declaración política. También demuestra que los kazajos de habla rusa no están dispuestos a someterse a las exigencias lingüísticas del Kremlin.

Roar, abreviatura de Russian Oppositional Arts Review, es un proyecto cultural internacional que recoge y comparte opiniones rusófonas sobre la guerra. Lanzado por la escritora israelí Linor Goralik, nacida en Dnipro, en el este de Ucrania, Roar es una plataforma en línea para artistas rusos y de habla rusa que se consideran a sí mismos, y a su arte, en contra de ese segmento de la cultura rusa que sirve al "actual régimen político criminal de Rusia".

Roar les da la oportunidad de hacer oír su voz en contra de la guerra y de demostrar que ellos (como rusos y ruso-parlantes) no quieren ser asociados con Putin. Creado por un colectivo mundial de voluntarios descentralizado, Roar encarna el argumento de que ni la lengua ni la cultura rusas pueden pertenecer a un solo país. Y, como muchos otros proyectos, demuestra que existe y seguirá existiendo una cultura rusa y ruso-parlante alejada de la propaganda belicista y de adoración al Kremlin.
 
(Este análisis se publicó originalmente, en inglés, en IPS)
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