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Patrick Semansky

Elecciones de medio mandato: tres escenarios federales para Biden

Pedro Soriano Mendiara

6 mins - 5 de Septiembre de 2022, 07:00

Estados Unidos renueva cada dos años la totalidad de la Cámara de Representantes (el Congreso) y un tercio del Senado. Cuando esa elección coincide con la mitad de un mandato presidencial, como va a ocurrir este noviembre, esas elecciones reciben el nombre de "elecciones de medio mandato" (midterm elections o midterms).

Esos comicios suelen ser entre malos y catastróficos para el partido del presidente estadounidense, que a menudo pierde el control de una o ambas Cámaras legislativas. Le ocurrió a Barack Obama en 2010 y 2014, y a Donald Trump en 2018.

Menciono a los presidentes, a pesar de que no se presentan a esas elecciones, porque numerosos estudios -los de Alan Abramowitz, por ejemplo- indican una fuerte correlación -en particular en las últimas décadas, a medida que los dos partidos se han ido polarizando ideológicamente- entre los índices de aprobación del mandatario de turno y el resultado de su partido en las midterms. Por lo tanto, cuanto más elevada sea la popularidad del presidente, mayores posibilidades hay de que su Partido no salga demasiado lastimado.

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En ese sentido, tres factores han aliviado algo las perspectivas demócratas de cara a las elecciones de noviembre, que eran muy catastróficas hasta hace relativamente poco:

 
  1. La mejoría en la valoración de Joe Biden que se ha producido en las últimas semanas, a resultas de la aprobación de un importante paquete legislativo de ayudas económicas y contra el cambio climático por parte de Congreso y Senado.
  2. La creciente presencia en los medios de comunicación del expresidente Trump, derivada de la entrada y registro en su residencia de Mar-a-Lago en Florida en busca de documentos secretos supuestamente retenidos de forma ilegal por él.
  3. La impopular Sentencia Dobbs del Tribunal Supremo del pasado mes de junio, que revocó una resolución anterior del mismo órgano judicial que declaraba que el aborto era un derecho constitucional (Roe v. Wade), dejando ahora la regulación del aborto en manos de los Estados -lo que, en muchos de ellos, supone la prohibición del aborto en la gran mayoría de supuestos-.

Dicho lo anterior, la aprobación de Joe Biden, que a día de hoy no alcanza el 42%, sigue siendo un hándicap probablemente insuperable para su partido. Hay tres escenarios posibles en estos momentos, que ordeno de menor a mayor probabilidad de acontecer:

Escenario 1: las cosas siguen como estaban.
Los demócratas conservan sus mayorías en el Congreso y el Senado -incluso incrementando mínimamente las segundas-. Esto es, como digo, no sólo el escenario menos probable, sino un escenario sumamente improbable. Dicho lo cual, si se produce, afrontaremos los dos años finales del primer mandato de Biden de forma parecida a los dos primeros, esto es: aprobación de legislación muy progresista por parte del Congreso, que a continuación será aguada en el Senado por los senadores más conservadores del grupo parlamentario demócrata: Joe Manchin, de Virginia Occidental, y Kyrsten Sinema, de Arizona, y aprobada en esa versión más “centrista”.



Escenario 2: los demócratas pierden el Congreso, pero mantienen el Senado.
El proceso de rediseño de los escaños de la Cámara de Representantes, que se produce cada diez años en las legislaturas estatales y que ha ocurrido a lo largo de 2022, ha sido globalmente negativo para los demócratas (la mayoría de legislaturas estatales las controlan los republicanos), lo cual, unido a los bajos números de aprobación de Biden, hace muy probable que al menos la Cámara de Representantes cambie de manos.

En cuanto al Senado, los republicanos parecen haberse esforzado en sus procesos de primarias por nominar numerosos candidatos bien demasiado escorados a la derecha (en algún caso, directamente autoritarios) o bien sin preparación alguna, todo ello en Estados tradicionalmente moderados. Estos errores conservadores no forzados (que no es la primera vez que se producen) otorgan legítimas esperanzas a los demócratas de conservar al menos la Cámara alta.

En este caso, y salvo que los republicanos obtengan una mayoría tan exigua en el Congreso que les impida operar de manera efectiva (algo que tampoco es enteramente descartable, dados los precedentes de 2017 a 2019), podemos augurar dos años de comisiones de investigación dirigidas contra el propio Biden y los miembros de su administración, y uno o más procesos de impeachment contra el presidente, jaleados por el expresidente Trump. Lo que no cabe esperar es mucha productividad legislativa, porque la colaboración con un Gobierno demócrata suele ser el beso de la muerte para los congresistas republicanos.

Ahora bien, si el Senado se mantiene en manos demócratas, al menos los procesos de nombramiento de miembros de la Administración y jueces federales -incluidas potenciales vacantes en el Tribunal Supremo-, cuyo nombramiento le corresponde a ese cuerpo legislativo, continuarán produciéndose, y el funcionamiento del Gobierno estadounidense no se verá sustancialmente afectado por las elecciones de medio mandato.

Escenario 3: los republicanos recuperan el Congreso y el Senado.
En esta situación, los republicanos intentarán no sólo ahondar en las investigaciones e impeachments anteriormente mencionados, sino que, al controlar el Senado, también controlarán completamente la agenda legislativa y bloquearán la inmensa mayoría de nombramientos en la Administración y la judicatura federales, como ya le ocurrió a Barack Obama durante sus dos últimos años de mandato (2015-2017). 

Este escenario, aunque malo para el país, no es necesariamente malo para Joe Biden, que puede optar por actuar como hizo Bill Clinton en 1994, cuando se vio en idéntica tesitura, y se esforzó en presentarse a sí mismo como un valladar centrista frente al conservadurismo republicano. El hecho de que los republicanos sean ahora un partido mucho más extremista que entonces -directamente iliberal en su mayoría- hará esa labor más sencilla y su reelección más probable (siempre y cuando las elecciones de 2024 sean realmente libres, algo que no dependerá de los comicios federales de noviembre, sino de los estatales). Pero eso es materia para otro artículo.

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