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MARISCAL (EFE)

Izquierda, derecha y territorio: presente y futuro de las alianzas parlamentarias

Manuel Alvariño Vázquez

8 mins - 13 de Diciembre de 2022, 07:00

Los sistemas de partidos determinan las alianzas parlamentarias posibles y, por lo tanto, qué reformas salen adelante. Para los gobiernos en minoría o de coalición, aprobar leyes se convierte en un proceso de negociación a varias bandas para conseguir el apoyo de numerosos partidos. Por eso, para entender la trayectoria de reformas de cada país es imprescindible entender cuántos partidos obtienen representación y cuál es su posicionamiento en un espacio político multidimensional. Este artículo echa un vistazo a las dimensiones de la política de partidos en Europa y especialmente en España. En nuestro contexto, las alianzas parlamentarias en torno al eje territorial han sido cruciales para los gobiernos de minoría. Sin embargo, la creciente polarización en torno a este eje y la entrada de la derecha radical puede acabar con estas alianzas en el futuro.

Las dimensiones de los sistemas de partidos más allá de la izquierda y la derecha
Pese a que se suela simplificar la política de partidos en un único eje izquierda – derecha, hay partidos que pueden ser más de izquierda en unos temas y más de derechas en otros, e incluso hay temas que no llegan a encajar en esta dicotomía. En muchos países europeos, la política parlamentaria es un constante tira y afloja entre socialistas, liberales, conservadores, verdes, ultraderechistas, y demás. Hay múltiples temas en los que estas múltiples familias de partidos se posicionan y a los cuales dan prioridades distintas: redistribución, igualdad de género, clima… El hecho que existan estas múltiples dimensiones o clivajes políticos facilita precisamente los acuerdos, ya que hay más temas a través de los cuales negociar posiciones y prioridades. 

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Una manera habitual de complejizar el eje izquierda – derecha es diferenciar la dimensión económica de la ‘social-cultural’. La dimensión económica se refiere a temas que representan el conflicto de clase, como la redistribución y el control del mercado, mientras que la dimensión social-cultural incluye conflicto de valores, así como temas que afectan a la identidad y reconocimiento de minorías, como la igualdad de género. 

Mapeando la posición de los partidos en torno a estas dos dimensiones vemos que mientras que en Europa muchos partidos se salen del eje izquierda-derecha, no ocurre así en España. El gráfico muestra la posición de los partidos en torno a estos dos ejes según una encuesta de expertos. Por ejemplo, en Alemania, el partido liberal (FDP) es de derechas económicamente pero culturalmente de izquierdas. Mientras tanto, en el mismo país la ultraderecha populista (AfD) relaja su posición económica mientras que extrema su ideología en cuestiones como la inmigración o la igualdad de género. 
 
Gráfico 1. - Posición de los partidos en la dimensión económica y cultural


El hecho de que el espacio político sea multidimensional facilita las alianzas entre partidos, ya que hay más temas sobre los cuales negociar posiciones. Por eso, esta distribución de los partidos en el espacio político de algunos países ha fomentado las coaliciones entre bloques y por lo tanto democracias más ‘consensuales’. Por otra parte, el caso español contrasta por su persistente unidimensionalidad a pesar del creciente número de partidos. La excepción de Ciudadanos parece cerca de su final y el nuevo partido de derecha radical resultó ser también de derechas económicamente. 

Sin embargo, España es uno de esos contextos que requieren considerar otros conflictos políticos más allá de estas dos dimensiones. Estos otros conflictos surgen de procesos históricos particulares, y se manifiestan mediante la representación de determinados partidos, e influye en las coaliciones parlamentarias posibles y en las políticas que se aplican. Por ejemplo, la industrialización llevó a la aparición de partidos que defendían los intereses de la economía agraria en varios países. En Suecia, estos partidos agrarios se aliaron con los socialistas en torno a cuestiones de clase contra los conservadores, lo cual permitió grandes niveles de redistribución y de desarrollo del estado de bienestar. En otros lugares, como en los Países Bajos, la existencia de varias ramas del cristianismo causó la aparición de partidos protestantes y católicos. Esto hizo que la religión fuese una división importante, difuminando el conflicto de clase y dándole una influencia conservadora a políticas y leyes.

El caso español: izquierda, derecha y territorio
En el caso español, el protagonismo le corresponde al eje territorial. Como explica por ejemplo Juan Linz, a diferencia de otros países europeos como Francia, la construcción del Estado español no se aunó con una identidad nacional a través de todo el territorio. Las naciones periféricas sobrevivieron a lo largo de la historia, a pesar incluso del violento último intento de la dictadura franquista. La llegada de la democracia supuso el renacimiento de los partidos autonómicos, tanto de izquierda como de derecha, y la elección de un sistema electoral que favorecía su representación en el parlamento. 

El segundo gráfico muestra cómo el caso español se vuelve multidimensional cuando tenemos en cuenta el eje territorial. Esto suele pasar desapercibido porque a nivel estatal la cuestión de la centralización está fuertemente ligada al eje izquierda-derecha. Como muestra este estudio de Galais y Serrano, los votantes de partidos autonómicos se sientan más de izquierdas. Sin embargo, hay varios de estos partidos que se pueden considerar de derechas económica y culturalmente si atendemos tanto a su programa electoral como a su historial de reformas.

 
Gráfico 2.- Posición en dimensiones izquierda - derecha y territorial


¿Cuáles son las consecuencias de que el sistema de partidos español se estructure a través de estas dos dimensiones? Al igual que en Europa, la multidimensionalidad hace que la política no sea puramente un conflicto entre dos bloques, pero en este caso las alianzas se dan básicamente entre distintos niveles territoriales. En este segundo gráfico, los óvalos de colores apuntan de forma especulativa a las posibles alianzas parlamentarias entre partidos autonómicos de centro-derecha y estatales mayoritarios. Lamentablemente, la encuesta no incluye a todos los partidos del arco parlamentario, pero el gráfico muestra de forma orientativa que las alianzas pueden ser más ‘horizontales’, al compartir posturas en descentralización, o más ‘verticales’, al compartir posturas en el eje izquierda – derecha. 



Históricamente, los frecuentes gobiernos en minoría (10 de las 14 legislaturas), tanto del PSOE como del PP, se han apoyado en los partidos autonómicos para gobernar. Ya que la descentralización es la prioridad de estos partidos en el parlamento estatal, esto ha resultado en una creciente concesión de competencias a las autonomías. Pero estas alianzas han ido más allá de la cuestión territorial. Como muestra este estudio reciente, el apoyo de los partidos autonómicos ha sido esencial para llevar adelante reformas progresistas, relevantes desde una perspectiva de género, allí donde la derecha nacional se ha opuesto, como en el divorcio, el aborto o el matrimonio homosexual. 

El futuro de las alianzas parlamentarias tras la polarización territorial
Dos fenómenos recientes son relevantes: la radicalización de la derecha catalana y la entrada de una derecha radical estatal con posturas muy extremas de centralización. Ambos pueden apuntar a una misma dirección: la reducción del sistema de partidos a una única dimensión izquierda-periferia – derecha-centralización. Este retorno a la unidimensionalidad en el sistema de partidos puede transformar radicalmente las potenciales alianzas parlamentarias tanto entre partidos estatales y autonómicos como entre los bloques de izquierda y derecha.

Actualmente, el gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos parece ser capaz de aunar una múltiple coalición parlamentaria que incluye a una parte de la derecha autonómica. Sin embargo, el hecho de que Vox se declare a favor de acabar con las autonomías, así como la substitución de CiU por la más radical JxCat, puede impedir pactos entre la derecha autonómica y una hipotética coalición en minoría entre PP y Vox. Por otra parte, que la alternativa fuerte al PP sea Vox en lugar de Ciudadanos genera incentivos al PP para ‘competir por la derecha’. Parece que en el interior del Partido Popular todavía no se han decidido sobre si imitar la actitud radical de Vox o proyectarse como una centro-derecha moderado. Sin embargo, el voto en contra del PP a la ley del ‘solo sí es sí’, cuando previamente el PP siempre había votado a favor de leyes explícitamente de igualdad de género, puede ser un indicio de una creciente polarización entre bloques.

En conclusión, evaluar el posicionamiento de los diferentes partidos en un espacio político multidimensional es relevante para comprender qué alianzas parlamentarias son posibles para sacar adelante las leyes que van marcando la trayectoria política de los países. En el caso de España, es muy posible que ocurran cambios relevantes en este sentido.
 
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