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PACO PUENTES

Granada y la Super-Ampliación: preguntas sin respuesta

Vicente Palacio

6 mins - 9 de Octubre de 2023, 07:00

La Cumbre europea informal de Granada ha logrado algo importante: que los jefes de Estado y de Gobierno se pongan de acuerdo en la necesidad de abrir un debate sobre la hoja de ruta para una super-ampliación al Este y Balcanes hasta una Unión de 36 o mas miembros. En este punto - a diferencia del cuarto Reglamento del Pacto migratorio - la Declaración final es consistente y deja al país anfitrión, España, en muy buen lugar. El texto está bien medido, bien redactado y exhibe un tono ambicioso a la vez que realista (dejando caer el fetiche temporal 2030, o avanzando las implicaciones para la financiación). Abre debates interesantes: institucionales, financieros, de concepto: qué es Europa. Granada ha escenificado una nueva etapa de la Unión. Lo formal importa mucho, y la Cumbre ha sido un éxito de organización y protocolo para un Presidente en funciones, Pedro Sánchez, quien parece disfrutar manejando equilibrios imposibles en lo doméstico y lo europeo. 

Hasta ahí, como dibujo general, lo bueno. A partir de aquí, lo que tenemos por delante en cuanto a la super-ampliación, son preguntas sin respuesta aún. No es fatiga; pero sí mucho vértigo. Y muchos claroscuros. 

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Primero, tanto el diagnóstico de la situación actual como las buenas intenciones de la Declaración no se ajustan del todo con los hechos. No está claro cómo la UE va a salir del embrollo actual. Europa continuará lidiando durante los próximos años con su vulnerabilidad y dependencia en tecnología digital y verde, defensa, o materias críticas. Y no solo es la dependencia de una China retratada como free rider y proteccionista -  véase la Presidenta de la Comisión Von der Lyen en su Discurso sobre el estado de la Unión en septiembre pasado, o también al Alto Representante Josep Borrell en sus escritos y comparecencias en el Parlamento Europeo. En realidad, China no es la principal culpable de nuestro retraso; más bien somos los europeos mismos. Y además, nuestra dependencia de EEUU sigue siendo igualmente fuerte en todas esa áreas, y no exenta de riesgo geopolítico: cómo adoptar posiciones autónomas, realmente diferenciadas. 

Segundo, los veintisiete de Granada saben que el nacional-populismo crece o se mantiene en toda Europa, en Francia, Alemania, los nórdicos, y - lo que es más relevante para la ampliación - también en el Este: Polonia, Hungría, Eslovaquia. Y que en paralelo, el centro-derecha se difumina en políticas sociales,  migraciones, o alianzas partidistas. En Granada hizo cierta sensación de que en este club a veintisiete somos ya muchos y muy diferentes. 

Tercero: el fiasco sobre el asunto migratorio - reventado por Orban y Morawiecki, no es algo desconectado de la ampliación. Es un síntoma de que vendrán nuevos desacuerdos de fondo, en esa y otras áreas: respecto a Ucrania, los cereales , y las ayudas a las decenas de miles de ciudadanos de los países candidatos - balcánicos y orientales - a los que la corrupción endémica, por un lado, y la ola tecnológica por otro, puede llevarse por delante. 

Tampoco se puede cerrar los ojos a una terca realidad: hay distintas formas de entender al mujik ruso, el cual va a seguir estando al otro lado de la trinchera, lo queramos o no. Existen además minorías rusas en muchos de los candidatos, a las que no se podrá tratar meramente como caballos de Troya. 

Finalmente, en el nuevo consenso de Granada hay fórmulas muy potentes, pero difíciles de aterrizar. En concreto, el axioma sobre la ampliación - “una inversión geoestratégica en la paz, la seguridad, la estabilidad y la prosperidad” - despierta algunas dudas. Porque, como apuntan todos los informes  - el franco-alemán y de otros think-tanks europeos - es obvio que el sentido y el éxito de esa inversión depende de al menos cuatro cosas; cómo se haga (instituciones y reformas); cómo se invierta (recursos); en qué se invierta (políticas) y dónde se invierta (areas geográficas).  Es el trabajo técnico que tiene por delante la Comisión de aquí a las elecciones al Parlamento Europeo, y más allá. Por otro lado, el proceso es bi-direccional: exige cambios de mentalidad, de políticas y de reformas tanto en la UE como en los países candidatos. Tiempo y más tiempo. 



Es obvio que la ampliación no puede plantearse en termino de todo o nada, de aquí y ahora. Podría ser bueno rescatar otras opciones complementarias, como por ejemplo el fortalecimiento de una política de Vecindad consistente. Con buen criterio, Granada ha apuntado a un enfoque gradualista - que en la práctica admite varios resultados posibles en la arquitectura de la Unión - núcleo duro, círculos, asociados, comunidad política. 

Pero Granada no alcanza a despejar otra cuestión importante: la seguridad y defensa de los candidatos. ¿Acaso la membresía europea de Ucrania, Moldova, Georgia o Balcanes les garantizaría una respuesta de colectiva europea en caso de amenaza o agresión rusa u otra? Los Tratados actuales no lo contemplan, y en la arena política europea eso aún no está ni se lo espera. A día de hoy, parece que garante de esa seguridad sería la OTAN: el “amigo americano”. Entonces, si lo que que hay detrás de esta apuesta es EEUU ¿de qué tipo de “inversión geoestratégica” estamos hablando? El problema de los europeos es que ni siquiera lo tenemos claro. Y las presidenciales norteamericanas de noviembre del 24 - que podrían dar un nuevo vuelco a todo - están ahí al lado. En este sentido, no estaría de más centrarnos en paralelo en cómo y cuándo acabar la guerra (lo cual condicionará mucho de lo demás, empezando por el estatus territorial e identitario de Ucrania) para poder tener un panorama de acción más claro. No sería prudente vender la piel del Oso (ruso) antes de cazarlo.

En fin, un poco de perspectiva histórica podría ayudar. Basta con mirar un poco al pasado de aquellos Imperios  - y la UE es al fin y al cabo imperio de la ley, reglas comunes: Carlomagno - que se atragantaron por empacho. En Granada, el gobierno español estuvo a la altura, lanzando señales positivas y solidarias a nuestro entorno. Ahora toca tomar tierra, explorar opciones suficientemente flexibles como para incorporar cambios e imprevistos que van a suceder en las próximas décadas.

Al final, lo verdaderamente irrenunciable como proyecto, es convertir la super-ampliación en una oportunidad para reforzar la UE en una dirección federal. Y eso puede tardar décadas. O no. Eso significa abrir la puerta al futuro, pero con cabeza.

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